Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

miércoles, 20 de diciembre de 2023

116. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 6

 

Corona de Cristo (Euphorbia milii)

No menor en importancia que las dos anteriores fue la sífilis, que alcanzó una gran importancia en el siglo XVI y ha sido frecuente hasta mediados del siglo XX. Como ustedes saben es una enfermedad de transmisión sexual, que ha afectado a millones de personas, ricos y pobres — incluidos algunos papas—, provocando miles de muertos.

 Como era una enfermedad aparentemente nueva, nadie quería cargar con el muerto de ser el causante de su origen. Así que recibió los nombres de morbo hispano, morbo itálico, morbo gálico o morbo germánico, entre otros.

Como con todos los males incurables, los curanderos se hicieron de oro con el tratamiento de estos pacientes. 

Además de los recursos habituales, es decir, las sangrías, los baños de vapor y los purgantes, los médicos utilizaron con profusión el mercurio, que se administraba de diversas formas. El mercurio tiene una alta toxicidad y sus efectos eran muy espectaculares: tras su ingestión el enfermo rompía a sudar y salivaba en grandes cantidades, llegando a producir hasta un litro de saliva.

Calculen ustedes que ahora se desaconseja la toma de atún y pez de espada por los niños y embarazadas por su contenido en mercurio, y la cantidad máxima detectada en estos peces es 100 veces inferior a la dosis que se solía administrar a los enfermos de sífilis.

Entre los sifilíticos ilustres recientes les citaré, entre otros, al compositor Donizetti, al pintor Van Gogh y el mafioso Al Capone. El mercurio para la sífilis se estuvo utilizando hasta mediados del siglo XX, en que Fleming descubre la penicilina.

Ya más cerca de nuestro tiempo, en el siglo XVII se hizo muy frecuente una enfermedad que provocaba unas fiebres cada tres o cuatro días, las llamadas fiebres tercianas, cuartanas o fiebres intermitentes, que con frecuencia acababan en la muerte. Hablamos del paludismo o malaria.

Imagino que ustedes ya saben cómo se trataba esta enfermedad… ¿No lo saben? … Pues como siempre, con sangrías y purgantes.

En 1638 Felipe IV envió como virrey del Perú al cuarto conde de Chinchón, que hizo el viaje acompañado de su esposa. Al poco de llegar, la condesa contrajo la malaria. El preocupado conde consultó a los más reputados médicos, que no hallaban solución. En esto, el confesor de la duquesa le informó que los indios trataban a sus enfermos de malaria con unos polvos obtenidos de la corteza de un árbol llamado quina. 

El conde consiguió los dichos polvos y, por si acaso, los probó antes en unos enfermos de tercianas que había en el hospital. Los enfermos mejoraron y entonces se utilizaron en la condesa, que también mejoró. A su regreso a España el virrey se trajo el producto y su uso se difundió por toda Europa, donde fueron ampliamente prescritos como “los polvos de la condesa”.

El producto se usó también con el papa Inocencio X, enfermo de paludismo a la sazón, que al curar emitió una cédula dando instrucciones para su uso y cediendo el monopolio de su venta a los jesuitas, pasando a llamarse desde entonces “corteza o polvos de los jesuitas”. 

Hasta el denostado tabaco no siempre fue rechazado por la Medicina. Desde su llegada de América, el tabaco se difundió por toda Europa y los médicos lo utilizaron para tratar diversas enfermedades, tales como el asma, mordeduras de animales, infecciones urinarias o trastornos intestinales. Por ello, al tabaco se le denominó “hierba santa”. 

Sin embargo, esto no debió gustar a la Iglesia, ya que en 1621 el papa Urbano VIII dictó una bula excomulgando a todos aquellos que usasen una substancia, y cito textualmente, “tan degradante para el alma como para el cuerpo”.


lunes, 11 de diciembre de 2023

115. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 5

 


Anémona arbustiva (Carpenteria califórnica)

Tras este breve repaso al ejercicio de la medicina en distintas culturas y épocas, permítanme que haga una mención más precisa de algunas de las enfermedades que más impactaron a Occidente en los últimos quinientos años, así como de algunos tratamientos realmente singulares que utilizaron los médicos en estos cinco siglos.

Una de las enfermedades más terribles a las que se ha tenido que enfrentar la humanidad ha sido la peste. Aunque a lo largo de los siglos ha habido varias epidemias, yo quería referirles hoy la de 1348, que acabó con la vida del 40% de la población europea, más de 25 millones de muertos.

La enfermedad atacaba a pobres y ricos, y no había forma de evitarla. Su presencia, como era habitual, se interpretó como un castigo divino a los pecados de los hombres y provocó un estado de pánico generalizado.

Como ha venido ocurriendo a lo largo de la Historia, ante una realidad tan terrible, cuyo origen no se entendía, la sociedad le echó la culpa a los de siempre: judíos, extranjeros, árabes, leprosos e incluso homosexuales. Miles de miembros de estos colectivos fueron quemados vivos en un intento vano de evitar la enfermedad.

Se organizaron procesiones por toda Europa de individuos que iban golpeándose con látigos hasta hacerse sangrar, invocando el perdón divino. Eran las procesiones de flagelantes, que alcanzaron tal número y crueldad que tuvieron que ser prohibidas por la propia Iglesia.

Ante esta tragedia los médicos aconsejaron una serie de medidas que a ellos les parecían adecuadas para el tratamiento de la enfermedad. Proponían bañarse en orina humana, colocar al enfermo cerca de vapores hediondos tales como animales muertos o beber el líquido que salía de los bubones. Pero no todo fueron rarezas: también sugirieron el aislamiento de los afectados, estableciendo la cuarentena, quemar todos los enseres de los apestados y encalar las habitaciones y casas donde hubiera muerto alguien de peste.

Para protegerse de la enfermedad los médicos recurrieron a vestirse con una amplia capa que cubría hasta las manos, guantes, botas altas, un sombrero de ala ancha y una curiosa careta que protegía su rostro y tenía un pico largo, como un ave, donde se ponían hierbas aromáticas para soportar los malos olores. A pesar de ello muchos médicos murieron contagiados.

Otra de las enfermedades míticas, conocida desde la antigüedad, ha sido la lepra. La ausencia de cura, la cronicidad del proceso y las visibles lesiones cutáneas que producía hizo que fuera muy temida, por lo que los que la padecían sufrían marginación y una clara muerte social. 

En la alta Edad Media el diagnostico lo hacían los médicos y los sacerdotes. Cuando se diagnosticaba a un enfermo de lepra se le llevaba a la iglesia en procesión, se le acostaba ante el altar, se entonaban cantos funerarios, y se le vestía con el traje de San Lázaro. Si el enfermo estaba casado se disolvía su matrimonio y sus bienes pasaban a manos de sus parientes o de la Iglesia. El enfermo era expulsado de la sociedad y debía vivir en las afueras y anunciar su presencia con su ropaje y un cascabel o una carraca, para que los que no tenían la enfermedad se pudieran apartar.

El tratamiento de estos enfermos era tan ineficaz como todos los demás: se les hacían sangrías, y se aconsejaba darles caldo de víbora y carne de serpiente. 

A partir del siglo XII se crearon los primeros hospitales, las llamadas leproserías. En España a las leproserías se les llamaba también gaferías. No sabemos si por este motivo se les llama gafes a los que dan mala suerte.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

114. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 4

 


Orquídea luna (Phalaenopsis amabilis)

   Saltando ya a otro continente, a Asia, vemos que para los hindúes las enfermedades también eran producidas por espíritus malignos. Sus médicos también realizaban sangrías e hipnotizaban a los pacientes para operarles. Asimismo, en el siglo quinto antes de Cristo, ya realizaban operaciones de cataratas y practicaban cesáreas postmorten.
     Sus cirujanos eran unos buenos especialistas en rinoplastia, realizada con un colgajo de la frente, porque en la India se hacían muchas amputaciones nasales a los adúlteros y ladrones, aunque sería más bien a las adulteras, ya que el adulterio masculino siempre fue bien tolerado.

Por su parte la Medicina china pensaba que el hombre estaba compuesto por dos principios opuestos, el ying y el yang. Estos dos principios se distribuían por el cuerpo por doce canales energéticos. Cuando alguno de los canales se obstruía ocurría la enfermedad. 

Desde el principio había clases sociales, que eran diferentes incluso en su anatomía. Así los hombres nobles tenían siete cavidades cardiacas, los hombres de talento cinco, los hombres normales tenían dos y los idiotas solo una. 

Los chinos practicaban poca cirugía, salvo la castración masculina, que se practicaba con frecuencia. Parece que la corte del emperador demandaba muchos eunucos y era necesario abastecerla. Nos refieren que para esta cirugía utilizaban como anestésico el opio y el vino.

Para los musulmanes la enfermedad también era una pérdida del equilibrio interior y pensaban que lo mejor era prevenirla. Por ello desarrollaron las tareas de higiene personal, especialmente el lavado del cuerpo y de la ropa.

Como cosa curiosa les referiré que fueron los primeros que establecieron la que debía ser la jornada de los médicos: por la mañana éstos pasaban visita a los pacientes y prescribían los medicamentos y por la tarde enseñaban a los estudiantes con enfermos, en un sistema teórico-práctico. En el pase de sala los médicos jefes eran seguidos por los subordinados y los estudiantes, en una imagen que ha durado hasta nuestros días. 

De los médicos famosos musulmanes no les voy a hablar, por ser suficientemente conocidos. Solo quisiera recordarles que el médico Rhazes fue el primero que utilizó tripas de animales para suturar heridas, el conocido catgut, cuyo uso ha durado hasta el siglo XX.

Hasta el año 1.000 de nuestra era los médicos aprendían el oficio al lado de médicos mayores y más experimentados. En el siglo XI ya se empieza a enseñar la medicina en las incipientes universidades, siendo una de las primeras la Escuela Médica de Salerno, en el sur de Italia. Uno de los médicos más famosos de esta escuela, llamado Asquimateo, elaboró las primeras reglas deontológicas de la profesión, adaptadas a la época. 

Entre dichas normas deontológicas se aconsejaba a los médicos no fijarse demasiado en la esposa, las hijas o las sirvientas del enfermo, puesto que esto repugnaba al señor y no favorecía la buena disposición del paciente. Por otro lado, y esto no ha cambiado hasta hace poco, aconsejaba hablar en privado al enfermo de su curación, pero a los familiares de la gravedad del proceso. Así, decía Asquimateo, el médico siempre quedará bien: si cura, delante del enfermo y si muere, ante los familiares.


(Continuará)


viernes, 10 de noviembre de 2023

113. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 3


 Amapola (Papaver umbonatum)

Los griegos también pensaban que la enfermedad era cosa de los dioses, pero como luego veremos, ya algunos de sus médicos empiezan a estudiar a los pacientes y plantean las primeras hipótesis basadas en la observación, lo que hoy denominamos empirismo.

El dios más importante, de los relacionados con la medicina, fue Asclepio, el que luego sería llamado Esculapio por los romanos. Era un dios muy venerado y a él estaban dedicados más de 300 templos por toda Grecia donde los médicos-sacerdotes realizaban labores de formación, de culto y de curación de los enfermos.

Pero el médico más famoso de Grecia, considerado el Padre de la Medicina, fue Hipócrates, que crea una nueva medicina en la que la enfermedad ya no depende solo de los dioses. Según la escuela hipocrática la salud está basaba en el equilibrio de cuatro humores: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema, que a su vez estaban constituidos por los cuatro elementos de la naturaleza: aire, tierra, agua y fuego. Según esta escuela era la naturaleza la que curaba y el médico era solo un intermediario. 

Hipócrates hizo unas recomendaciones generales a los médicos, de las que les cuento algunas que me han parecido más curiosas: decía que el medico debía ser bello y bueno, es decir, debía cuidar su imagen, visitar a sus enfermos aseado, bien vestido y perfumado, debía hablar con corrección, serenidad y moderación. Conocedor de las limitaciones de la medicina recomendaba a los médicos que no tratasen las enfermedades que él llamaba “de necesidad forzosa”, o sea las incurables, ya que estas no se iban a curar y harían quedar mal al médico. 

Tras las conquistas romanas, a Roma fueron llegando muchos médicos griegos y de otras partes, la mayoría en calidad de esclavos. Su buena fama se fue extendiendo y empezaron a gozar de los favores de los poderosos. Uno de los más famosos fue Galeno, médico griego que ejerció su oficio en Roma sobre el año 200 de nuestra era. Sus opiniones y puntos de vista dominaron la medicina europea durante más 1.000 años. Galeno fue el primero que dijo que la sangre circulaba por las arterias y venas, ya que antes se pensaba que las arterias llevaban aire y las venas sangre.

En esta época, por consejo de los médicos, se estableció como edad mínima para contraer matrimonio los 12 años. Aconsejaban a las parejas que para concebir adoptasen la «postura de las fieras». Como dieta para facilitar la concepción se aconsejaban las perdices, las manitas y orejas de cerdo, los huevos escalfados y los patos salvajes. No sé si se quedaban embarazadas, pero es evidente que las pocas romanas que pudieran adquirir esos manjares comían estupendamente.

Se creía que el feto salía del vientre materno obligado por el hambre, y ya se sabía que el parto podálico era imposible, por lo que se aconsejaba girar al feto. 

Tras el nacimiento se colocaba al recién nacido a los pies del padre para que lo reconociera como hijo legítimo. En caso contrario el niño era expuesto en la calle para que lo recogiera quien quisiera, si es que sobrevivía.


(Continuará)

viernes, 20 de octubre de 2023

112. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 2

 


Nopal estricto (Opuntia stricta)


A los sumerios le siguieron los acadios y después los babilonios. Estos babilonios nos dejaron una amplia herencia: inventaron la rueda, la polea, la palanca, el arado, la carroza y el cálculo sexagesimal. Además, son los responsables de que el año tenga 12 meses, la semana siete días y la hora sesenta minutos. 

Pero no todo era bueno, al menos para los médicos. Sobre 1.700 años antes de Cristo hubo un rey en Babilonia cuyo nombre seguro que les suena. Se llamaba Hammurabi. Este hombre ha pasado a la historia por haber mandado escribir las leyes que entonces regían su país, el famoso Código de Hammurabi.

En él, aunque incompleto, se contienen algunas normas sobre como curar y, cosa positiva, ya se habla de honorarios médicos, pero lamentablemente también se habla de castigos a los médicos. Del código solo quiero destacarles el articulo 218, para que vean cómo se las gastaban estos babilonios.

Decía el referido artículo lo siguiente: “Si un médico ha tratado a un noble de una herida grave con el punzón de bronce y le ha causado la muerte, o si ha abierto la nube de un ojo de un noble con el punzón de bronce y le ha reventado el ojo, se le cortarán las manos”.

Simultáneamente a la sumeria, en Egipto se estaba desarrollando una cultura distinta, que se inicia en 3.100 antes de Cristo con la primera dinastía de los faraones. Dado que también desarrollaron una escritura que, aunque muy compleja, se consiguió descifrar, tenemos conocimiento también de una medicina muy desarrollada para la época. 

Para los egipcios el corazón era el centro del pensamiento y, por tanto, el órgano más importante del cuerpo. De él partían un complicado conjunto de canales que se distribuían por el cuerpo. Si uno de estos canales se obstruía aparecía la enfermedad. Por ello instauraron por primera vez en la historia la práctica de sangrías para curar, método que se ha estado utilizando de forma indiscriminada durante más de 4.000 años, hasta principios del siglo XX.

Algunos de ustedes pensaran que lo de la jerarquización de los médicos es cosa del seguro, en el siglo XX, pero no crean. Ya en Egipto los médicos estaban jerarquizados. Había el médico simple, el medico jefe, el médico superintendente y hasta el médico inspector. Luego había los privilegiados, que eran los médicos de palacio, y una especie de ministros de sanidad, que eran dos, el Médico Mayor del Alto Egipto y el Medico Mayor del Bajo Egipto. 

Había tres clases de sanadores: los médicos, los cirujanos, y los magos o conjuradores. Como detalles curiosos les diré que ya entonces había mujeres médicas y que tenían reconocidas 82 especialidades médicas. 

Ya los egipcios diseñaron métodos para la determinación prenatal del sexo, que parece que fueron muy precisos ya que obtenían… un 50% de aciertos. También diseñaron el método anticonceptivo más antiguo que se conoce: la administración vía vaginal de excrementos de cocodrilo mezclados con carbonado sódico.


(Continuará)

lunes, 9 de octubre de 2023

111. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 1

 



Hibisco (Hibiscus rosa-sinensis)

Si hemos de ser sinceros, hasta hace unos 200 años los médicos tenían un escaso, por no decir nulo, conocimiento de la patología y, consecuentemente, sus tratamientos carecían de base. De hecho, con frecuencia, la actuación del médico era más dañina que beneficiosa, como iremos viendo a lo largo de mi exposición.

Tengan ustedes en cuenta que el conocimiento estuvo hasta hace muy poco totalmente condicionado por las creencias religiosas. Piensen en que hasta bien entrado el siglo XVIII estábamos convencidos de que el origen del mundo fue solo 4.000 años antes de Cristo, y en el trabajo que le costó a Darwin en pleno siglo XIX que se aceptara su libro “El origen de las especies”.

Por otro lado, los médicos siempre fueron reticentes a los cambios y, con frecuencia, criticaron los avances de alguno de sus colegas. Pensemos en la anestesia general que, aunque se utilizó por primera vez en 1795, no fue hasta 1850 cuando empezó a usarse en algunos de los grandes hospitales. 

Sin embargo, mi intervención no pretende criticar a los médicos que nos han precedido. Simplemente aspiro a contarles algunas de las cosas curiosas que aconsejaban los médicos en el pasado, para informarles y, en la medida de lo posible, distraerles.

No sabemos cuándo empezó a haber médicos en nuestro planeta. Los seres humanos llevan en la tierra unos dos millones y medio de años y, sin duda, desde el principio de la existencia de los primitivos seres humanos, habría algunos de ellos que serían más hábiles que los demás arrancando espinas o entablillando huesos. A estos sanadores quizás los podríamos considerar como los primitivos médicos.

La Historia comienza con la escritura. Y la escritura se empieza a utilizar en Sumeria, en Mesopotamia, en el actual Iraq, hace poco más de seis mil años. Los habitantes de la zona empezaron a escribir en tablillas de barro fresco las cuentas de sus negocios y luego fueron ampliando lo que se escribía. Afortunadamente nos han llegado decenas de miles de esas tablillas. 

La gran paciencia de algunos investigadores hizo que, hace 100 años, se supiera lo que ponía en las tablillas y se comprobó que más de ochocientas de ellas se referían a temas médicos. Estos son, pues, los primeros datos fidedignos de la actividad médica, y nos han permitido saber que para los sumerios la enfermedad era un castigo divino por un pecado cometido, por el enfermo o por alguno de sus familiares, lo cual complicaba la cosa, ya que a ver quién controlaba lo que hacían los parientes para no disgustar a los dioses.

Desde el principio de la historia y hasta el siglo XV, la salud tuvo un exclusivo componente mágico y religioso, mediante el cual las enfermedades serían provocadas por los dioses, como expresión de su disgusto por no habernos portado bien. Y dado que en el mundo había muchos dioses, había muchas posibilidades de molestar a alguno, por lo que nunca faltaban razones para enfermar. 

En Sumeria los médicos eran a la vez sacerdotes. Como para ellos el hígado era el asiento del alma, la hepatoscopia, es decir el estudio del hígado de un cordero sacrificado para tal fin, permitía que el médico hiciera un diagnóstico y, sobre todo, un pronóstico de la enfermedad que afectaba al paciente. Dado el precio del cordero, imagino que los pacientes más pobres se quedarían sin diagnóstico y sin pronóstico.


(Continuará)


viernes, 23 de junio de 2023

110. Internet y Eternidad

 


Albejana basta o Gallinica (Lathyrus latifolius)

Las pasadas —y la presente— campañas electorales son una ocasión más para utilizar el pasado como argumento contra el adversario. Se rescatan de internet fotos, escritos, mensajes, etc. con los que desacreditar a los candidatos de las otras opciones.

Los protagonistas que sufren la reaparición de imágenes con compañías no deseadas en el momento actual, o de frases o expresiones que ahora no es conveniente que se hagan publicas, sin duda no quisieran que esto fuera así, pero internet no olvida.

A diario centenares, miles de millones de fotos, mensajes, twits, etc. engrosan la enorme barriga de internet, procedentes de todo tipo de personas, jovenes y adultos, que no sabemos si son plenamente conscientes de las eventuales repercusiones que pueden tener en su futuro esas aportaciones que hoy alegremente entregan a la voracidad de las redes.

Consciente de este problema, la Union Europea ya estableció hace unos años el llamado «derecho al olvido», mediante el cual los ciudadanos podían solicitar a los buscadores que no proporcionaran determinadas informaciones o datos cuando se solicitaran en referencia a una persona concreta. 

Esta medida, que fue bienvenida, ha resultado claramente insuficiente, como no podía ser de otro modo. Se ha conseguido que, solo cuando una persona concreta se sienta perjudicada, pueda solicitar a los buscadores que algunas noticias que le afectan negativamente sean evitadas en las búsquedas que cualquier persona puede realizar. Pero todos aquellos datos proporcionados voluntariamente por los ciudadanos están —y seguirán estando— a disposición de quien quiera y sepa buscarlos.

Centenares de miles —si no millones— de potentes ordenadores, distribuidos por todo el mundo y guardados en edificios diseñados y construidos para su seguridad y permanencia, almacenan en sus memorias una buena parte de los últimos 30 años de la vida de miles de millones de ciudadanos. 

Incluso los muertos siguen existiendo en internet. Salvo que sus familiares hayan borrado —tarea harto difícil, por no decir imposible— toda la información disponible de sus deudos difuntos, la brillante conferencia del profesor ya fallecido, el pasodoble que se marcó el difunto Antonio en la boda de su hijo o las nalgas desnudas que envió el ya desaparecido Luis a sus amigos una noche de farra —por poner algunos ejemplos simples—, todo ello seguirá existiendo en internet por los siglos de los siglos.

¿Será Internet la Eternidad de la que nos hablaban nuestros mayores?

jueves, 25 de mayo de 2023

109. Mitigación ¿y adaptación?

 


Rododendro (Rhododendrom ponticum)

A estas alturas pocos niegan ya la existencia de un cambio climático. Los hechos son tan evidentes que los negacionistas aluden ahora más a la escasa-nula responsabilidad de los humanos en el hecho, afirmando que el proceso está ocurriendo como expresión de la evolución natural del planeta, más que por la acción de los hombres sobre la tierra.

Algunos científicos parecen colocarse en una posición ecléctica. No niegan que el clima está cambiando per se, pero todos afirman que la acción humana esta acelerando e intensificando el proceso. Por tanto son importantes las iniciativas encaminadas a disminuir, y a ser posible anular, nuestra aportación al cambio.

Ya en 2015 John P. Holdren, consejero del Presidente Barack Obama en cuestiones de ciencia y tecnología, planteó que ante el cambio climático solo existen tres opciones: mitigación, adaptación y sufrimiento. Y, evidentemente, la última deberíamos evitarla a toda costa.

El magnate Bill Gates, a través de su fondo de capital riesgo, lleva años desarrollando un programa que financia las iniciativas de las empresas encaminadas a reducir la contaminación en aquellas actividades que son grandes generadoras de contaminantes: la electricidad, el transporte, la fabricación, la construcción y la agricultura. Su finalidad es ayudar a las empresas a mitigar —reducir o, al menos, no aumentar—los cambios negativos en el clima que se están produciendo como consecuencia de su actividad.

Este programa, junto a otros, pretende actuar sobre la primera opción, la mitigación climática. Pero se levantan voces que hablan de que hay que hacer algo sobre la segunda opción, la adaptación climática. Y por adaptación entendemos el desarrollo de distintos modos de reforzar las protecciones contra los peligros del cambio climático, en vez de prevenirlo.

En este sentido se ha pronunciado el químico Eric Toone, profesor de la Universidad de Harvard, que ha afirmado que está cada vez más claro que la adaptación debería tener un papel importante  en los programas de financiación, ya que las emisiones globales continúan aumentando y el planeta se sigue calentando: «la mitigación no nos va a llevar lo suficientemente rápido al punto donde queremos estar, y el sufrimiento es inaceptable», ha declarado recientemente.

Consecuente con ello, el mencionado programa patrocinado por Bill Gates ha incluido, para el año actual, la adaptación climática en sus categorías de inversión, creando un fondo económico específico para este fin. Con ello se pretende encontrar soluciones para que el mundo se pueda adaptar mejor a las consecuencias del cambio climático.

¿Significa esto que se ha tirado la toalla en este tema, o que se es más realista? Veremos.

domingo, 14 de mayo de 2023

108. La curiosidad es necesaria

 


Jara purpúrea (Cistus purpurea)


Si atendemos al diccionario, curiosa es la persona que está inclinada a aprender lo que no conoce. Así pues la curiosidad sería la inclinación a aprender cosas que desconocemos.

Sentir curiosidad por algo puede ser un estado transitorio. Una vez satisfecha la curiosidad por ese aspecto concreto desaparece el deseo de conocer. Pero no es de esta curiosidad de la que queremos hablar hoy, sino de la curiosidad como rasgo de la personalidad, la que mantiene una permanente búsqueda de información.

 En este sentido es evidente que hay personas más predispuestas a conocer cosas, a plantearse retos y a abrirse a nuevas experiencias. También los hay que no tienen la menor curiosidad, que no sienten la necesidad de implicarse en las cosas que tenemos en nuestro entorno.

La curiosidad ha sido ampliamente estudiada por los psicólogos. Según estos los  beneficios de la curiosidad son numerosos. Parece que existe una relación entre la exploración de actividades nuevas y un aumento de emociones positivas y de sensaciones placenteras, afirmando algunos que facilita la lucha contra la ansiedad y la incertidumbre.

Esta cualidad como característica de la personalidad se vincula más al aprendizaje. La curiosidad por algo nos hace prestarle más atención y esto facilita que aprendamos cosas. Cuando tenemos interés por algo procesamos mejor la información que recibimos y podemos recordar lo aprendido con más facilidad. 

Esta curiosidad está relacionada con el deseo de saber y de aprender y con la capacidad de resolver conflictos conceptuales. La curiosidad nos lleva a hacernos preguntas que nos incitan a marcarnos nuevos objetivos y nos ayuda a conocernos mejor. Y está demostrado que los curiosos cultivan más el pensamiento crítico, lo que los hace más flexibles y tolerantes.

Katalin Karikó, la creadora de la vacuna de ARNm contra la covid, dijo al recibir el Premio Princesa de Asturias: “Mantened la curiosidad, haceos preguntas y mantened el rumbo sin importar cuán sinuoso pueda ser el camino por delante”.

Parece pues que la ausencia de curiosidad pondría en peligro el desarrollo intelectual y el progreso social. No hay competencia humana que pueda lograrse si falta un interés mantenido.


viernes, 21 de abril de 2023

107. Habilidades para ya

 


Flor de Azahar (Citrus cinensis)


Tradicionalmente se ha valorado como cualidad más importantes para realizar un trabajo el conocimiento en profundidad de los contenidos del mismo. Pero parece que esto está cambiando, como tantas otras cosas. Las empresas ahora buscan también cualidades —habilidades— que podríamos llamar «transversales», como la inteligencia emocional, el pensamiento crítico, la creatividad o la capacidad de liderazgo, por mencionar algunas.

El año pasado el Foro Económico Mundial (FEM) elaboró una relación de las diez habilidades que, en opinión del organismo, serán más demandadas por los empresarios a la hora de contratar a un empleado en los próximos años. Y aunque coinciden con la mayoría de los analistas en que el futuro del trabajo es tecnológico y digital, señalan que además de los conocimientos y experiencia para desarrollar estos trabajos, las cualidades que hemos llamado «transversales» serán cada vez mas demandadas.

Sin ánimo de ser exhaustivos, además de las cualidades técnicas —uso, monitorización, control, diseño y programación de la tecnología— el FME mencionaba habilidades tales como pensamiento analítico e innovación, creatividad, originalidad e iniciativa, resiliencia, tolerancia al stress y flexibilidad, cualidades todas ellas que hacen referencia a lo que podríamos llamar «factor humano».

La progresiva automatización de los puestos de trabajo, junto a la más reciente incorporación de la inteligencia artificial, hace estimar al organismo que en los próximos años desaparecerán millones de puestos de trabajo actuales y serán cada vez mas importantes para los trabajadores  las habilidades que sean intrínsecamente humanas y, por tanto, difícilmente realizables por una máquina.

Parece claro, pues, que a la luz de este informe, muchos trabajadores necesitarán capacitarse de nuevo para adquirir habilidades que no han figurado habitualmente en los currículos universitarios ni de la formación profesional. Y aunque muchas de ellas podrán ser enseñadas y adquiridas, otras tantas tienen que ver con las características de la persona y, aunque se pueden entrenar, no parecen fácilmente adquiribles.

Si estos expertos están acertados, y todo indica que lo están, se hace necesario un recorrido formativo más amplio que el existente en la actualidad, que incluya no solo los aspectos tecnológicos, como ocurre en la actualidad en la mayoría de ellos. Y esto no para mañana, sino para ya.

Se hace especialmente necesario aprender a aprender. No en vano una de las habilidades mencionadas por el FEM es el aprendizaje activo y las estrategias de aprendizaje

viernes, 31 de marzo de 2023

106. La curva de Laffer

 


Albejana basta o Gallinica (Lathyrus latifolius)

Hace 43 años que el economista norteamericano Arthur Laffer aconsejó al candidato a presidente de los EE UU Ronald Reagan que, en su campaña, propusiera bajar los impuestos, asegurando que con ello liberaría la iniciativa de los individuos y el dinero se movilizaría más, y por lo tanto se crearía más riqueza.

La propuesta se basaba en una curva ideada por el economista, que mostraba la relación entre un impuesto concreto y la cantidad total que se recaudaba por Hacienda como resultado de dicho impuesto. Para entendernos, y tomando como ejemplo el Impuesto de la Renta de las Personas Física (IRPF), la curva vendría a demostrar que, si nadie pagara impuestos (tipo 0% del IRPF) el Estado no recaudaría nada. Según fuera creciendo el tipo impositivo (de 0% a 100%) aumentaría la recaudación, pero si lo llevamos al extremo (tipo 100% del IRPF), en el que todos tendrían que entregar el total de lo que cobraran, entonces nadie trabajaría, por lo que el Estado tampoco recaudaría nada. 

El autor afirmaba que, según su curva, existiría un tipo impositivo ideal, por debajo y por encima del cual disminuyen los ingresos fiscales del Estado. Viendo la forma de la curva —en U invertida— encontraríamos que en el tramo ascendente aumentarían los impuestos y la recaudación fiscal global pero, llegado al punto más alto de la curva, el aumento de los impuestos provocaría una disminución de los ingresos globales del Estado.

Este planteamiento, correcto desde el punto de vista teórico, presenta una enorme dificultad, que es conocer cual es ese tipo máximo, ya que como el propio economista ha explicado, depende de muchos factores y varía de un país a otro. Y aunque conocer este dato permitiría a los gobiernos e instituciones saber si deben bajar o subir un impuesto, la experiencia demuestra que es enormemente difícil conocerlo.

La aportación de Laffer ha sido incorporada por determinadas opciones políticas, convirtiéndolo en dogma de sus propuestas y acción política. Bajar impuestos es el mantra que predican, sin que en ningún momento de concrete cual es el tipo impositivo máximo ideal para conseguir lo que Laffer refería.

Por si alguno está interesado, les contaré lo que pasó tras la elección de Reagan. El  presidente aplicó la doctrina del economista, convencido de que una disminución de los impuestos reactivaría la economía de EEUU. Un año después de la toma de posesión, en 1981, se aprobó la llamada Ley de Recuperación Económica, basada en la curva de Laffer, que incluía, entre otras medidas, la disminución de un 23% del impuesto equivalente al IRPF en ese país y una disminución del impuesto de sociedades. Con estas medidas la recaudación fiscal global no solo no aumentó, sino que se redujo, y el déficit público  subió del 2% de 1980 al 6% de 1983.

Al no saber en que punto de la curva se encontraba su país, Reagan se equivocó. Creyó que estaba en la parte derecha de la curva, cuando en realidad estaba en la parte izquierda. 

Los dogmas en economía tienen estos problemas.

martes, 21 de marzo de 2023

105. Las pseudociencias y el orgón


 Adhatoda de Ceylán (Justicia adhatoda)

Ya hemos hablado en otras ocasiones de las pseudociencias. A pesar de que ya en distintos países —entre los cuales está España— se han dictado disposiciones para declarar ajenas a la verdad —a la Ciencia— a numerosas creencias y técnicas, un número no despreciable de personas las siguen utilizando, convencidos de su bondad y eficacia. Estas personas se sienten bien rellenando las lagunas que aún tiene la Ciencia con creencias y prácticas —pseudociencias— que no son fruto de la investigación científica. Para ello cuentan, en algunos casos, con profesionales de la medicina que están convencidos y son referentes de los crédulos necesitados de creer.

Aunque las pseudociencias han alcanzado un gran auge en las ultimas décadas, siempre estuvieron presentes. Nos podríamos remontar a la Edad Media, donde sesudos varones se empeñaban en encontrar la piedra filosofal, que convertía en oro todos los metales que tocaba, o el elixir de la eterna juventud, aun perseguido por algunos en nuestros días.

Uno de los muchos casos representativos de estas pseudociencias fue Wilhelm Reich (1897-1957) y su teoría del orgón. Este médico y psiquiatra austriaco fue discípulo de Freud y alcanzó un gran renombre en su tiempo, tanto como psiquiatra como pensador.

Después de una larga actividad profesional, ajustada a la ciencia conocida entonces, desarrolló la teoría del orgón, vocablo que combina las palabras «organismo» y «orgasmo». Según Reich, el orgón era la energía vital de todo organismo, la fuerza motora del reflejo del orgasmo. Y, para concretar más y reforzar su veracidad, este orgón era de color azul, medible y omnipresente. La teoría llevaba aparejada la existencia de un aparato —una especia de armario diseñado por el propio Reich— que concentraba y transmitía a los individuos la referida energía. 

El prestigio profesional del doctor Reich —médico psiquiatra— hizo que la fama y el número de seguidores de su teoría alcanzara tal difusión que, según parece, el propio Albert Einstein accedió en 1941 a realizar experimentos con este concentrador de orgón. Como no podía ser menos en un científico, después de estudiarlo a fondo Einstein concluyó que el aparato diseñado no cumplía ninguna otra función más que distraer a los pacientes.

Sobre 1947, la agencia norteamericana encargada de autorizar los medicamentos y tratamientos médicos en los Estados Unidos —FDA, Food and Drug Administration— inició una investigación sobre el aparato de Reich. Tras incautar mas de 300 concentradores de energía orgónica y estudiarlos a fondo, comprobaron que en éstos no existía ninguna energía y, por lo tanto, la venta de los mismos era simplemente una estafa. El creador de la teoría orgónica fue encarcelado y murió en prisión en 1957, según parece de un ataque al corazón.

Hace más de un siglo que apareció la teoría del orgón. En todos estos años han seguido apareciendo nuevas teorías al margen de la ciencia. Y algunos ciudadanos se aferran a ellas, como si no hubiera existido una historia previa que nos hubiera demostrado la falacia de las supuestas nuevas ciencias, al margen de la Ciencia.

sábado, 4 de marzo de 2023

104. ¿Crear vida?


                                                            Oreja de abad (Aeonium undulatum)

Hace algo más de dos años publicamos un artículo sobre la técnica llamada CRISPR-Cas-9, y decíamos de ella que es una herramienta biológica que permite modificar el genoma de cualquier ser vivo con una alta precisión y de forma relativamente sencilla y económica. Su descubrimiento motivó el premio Nobel de química en el año 2020.

El genoma es el conjunto de genes de un ser vivo y contiene toda la información que caracteriza a ese ser vivo. Los genes están formados por cadenas de proteínas llamadas aminoácidos. En la constitución del genoma se usan solo 20 aminoácidos, que se combinan de múltiples formas para dar lugar a los diferentes seres vivos, desde el ser humano a los virus y bacterias. Todos los seres vivos de la naturaleza utilizan solo estos 20 aminoácidos naturales.

De entre los millones de genes existentes hay unos —los codones— que se encargan de dar las instrucciones a las células para producir los 20 aminoácidos naturales. El genoma del ser humano está constituido por 3.055 millones de estos aminoácidos enlazados unos con otros, formando cadenas.

La modificación del genoma de algunas bacterias ya se había conseguido, pero el proceso era muy complejo y costoso, ademas de muy limitado. La nueva técnica que referímos mas arriba —CRISP-Cas-9— esta permitiendo ya modificar o sustituir genes defectuosos que provocan algunas de las enfermedades que afectan al ser humano, consiguiendo la curación definitiva de algunas de ellas.

El profesor Jason Chin, del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad de Cambridge, ha introducido una novedad revolucionaria. Utilizando esta técnica ha podido modificar aquellos genes encargados de la producción de los aminoácidos naturales —los codones—, con lo que estos genes pueden crear nuevos aminoácidos, aminoácidos artificiales. Con estos se ha podido «fabricar» genomas que han dado lugar a la creación de nuevos seres vivos —bacterias, gusanos, moscas— hasta ahora inexistentes en la naturaleza. Es decir crear vida sintética.

La potencialidad de esta novedad es inmensa. La modificación genética de determinas bacterias —E. Coli es una de ellas— ya había permitido fabricar a partir de ellas fármacos tales como la insulina o los anticoagulantes. Con esta nueva técnica se podrán ampliar exponencialmente las posibilidades de producción de sustancias inexistentes en la naturaleza.

En resumen, ya se ha podido crear vida sintética, crear seres vivos no existente anteriormente en la naturaleza. ¿Estamos a las puertas de poder crear vida a partir de sustancias químicas —aminoácidos— inertes? 

El futuro en este campo parece terriblemente apasionante.