Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

martes, 30 de marzo de 2021

76. Infoxicación


 Buganvilla (Bougainvillea glabra)

Si buscamos en el diccionario la palabra infoxicación no la encontraremos, pero seguro que ya saben de donde surge: de información e intoxicación.

Diariamente, y por todos los medios conocidos, nos llegan cientos —o miles— de informaciones, procedentes de numerosas fuentes. Producidas por el vecino del quinto o, supuestamente, por un premio Nobel, recibimos opiniones, sean expresión o no del conocimiento, basados en la realidad o no, y dotadas aparentemente con el mismo nivel de fiabilidad.

Sin embargo, como ya comentamos en un anterior articulo, no todas las opiniones son respetables. Las hay basadas en la realidad, en el conocimiento cierto de las cosas, en la ciencia, y las hay que tienen como única base la opinión de una persona que —con frecuencia— carece de ninguna base para decir lo que dice.

Dentro de los emisores de opiniones por las redes hay una especie que esta alcanzando un importante papel ante los crédulos ciudadanos. Son los denominados «influencers» personas que, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, hablan sobre los temas mas dispares, siendo seguidos por centenares de miles de seguidores. Quieren emular a los comunicadores científicos, cuya solida formación los hace más fiables, pero que lamentablemente no gozan de tanta difusión en los medios.

Los bulos y mentiras que circulan han alcanzado tal nivel, que han tenido que surgir organismos y personas, cuya función es estudiar la base de las noticias que circulan y discernir si son verdad o mentira. Sirvan de ejemplo el portal «maldita.es» o la denominada «Gata de Schrödinger» que luchan por discernir lo verdadero de lo falso de lo que circula por las redes sociales. Incluso algunos programas de radio tienen secciones dedicadas a separar el grano de la paja, para así informar a sus escuchantes.

Contra esta plaga la única manera de luchar es aprender a discernir, desarrollar el pensamiento crítico. Y esta importante tarea debe comenzar en los colegios, dotando a los estudiantes de una cultura científica mínima, de una actitud critica que les impulse a contrastar la información y a detectar los mitos y timos seudocientíficos.

En un mundo de sobreinformación, la información verdadera tiene a quedar sepultada por ingentes cantidades de información falsa. Las redes están llenas de ruido, de interferencias que pervierten la comunicación. Y los humanos somos victimas del sesgo de confirmación, es decir, tenemos tendencia a creernos aquello que confirma nuestras ideas.

Contrarrestar la infoxicación que nos invade es difícil, pero no imposible. Si no podemos comprobar todo lo que nos llega, al menos si podemos evitar contribuir a su difusión. Reenviar o no una supuesta información sí depende de nosotros y es fácil. Basta con no darle al botón de reenviar.

martes, 9 de marzo de 2021

75. Adios a la propiedad

 


Arvejon (Lathyrus clymenum)


En los últimos años estamos observando que los hábitos de consumo de la sociedad están cambiando. Incluso en España, país en que la cultura imperante era la basada en la propiedad, las nuevas formas están penetrando a un ritmo acelerado.


En todos los sectores de edad, pero especialmente entre los mas jóvenes, se está imponiendo el tenerlo todo y no poseer nada. Las cosas ahora ya no se compran ni se guardan en casa: se alquilan. Es como si la acumulación de propiedades —para un sector creciente de la población— ya no sea un símbolo de éxito.


Esta afirmación, que puede parecer exagerada, es una realidad que se va imponiendo progresivamente. La irrupción de las plataformas digitales está cambiando el modo de acceder a multitud de bienes y servicios, y una cantidad progresivamente creciente de personas en todo el mundo practican el alquiler, suscripción o pago por acceso para poder utilizarlos.


No sabemos si esto está ocurriendo por un menor interés en la propiedad, por una mayor conciencia medio ambiental — apuesta por la economía circular, el reciclaje y la reutilización — o es debido a la necesidad, dadas las precarias condiciones económicas que una gran parte de la población padece.


En la actualidad se alquilan sobre todo viviendas y coches. Pero el fenómeno se ha extendido a más productos y servicios: ropa, oficinas, licencias de software, música, libros, herramientas de bricolaje, muebles y electrodomésticos, motos, patinetes, piscinas, terrazas, trasteros o joyas. Todo lo que podamos imaginar se puede alquilar o usar mediante una suscripción; y si aún no están disponibles, lo estarán muy pronto.


Aunque, como ya hemos dicho, la mayoría de los usuarios de esta nueva economía son los jóvenes, poco a poco la van utilizando personas de más edad. Una demostración de ello es que —en nuestro país— en los últimos tres años estas transacciones han crecido un 466%, pasando de suponer el 0,3% del PIB en 2017 al 1,4% en 2020.


Esta tendencia de convertir productos en servicios parece irreversible. Pero este cambio afecta de modo importante al modelo económico en el que nos movemos. El paso del comprar, usar y tirar, al usar mediante un alquiler tiene —según los expertos— un carácter deflacionista y puede precarizar —aún más— el mercado laboral. Y en este contexto, las empresas tradicionales tienen que hacer un enorme esfuerzo para adaptarse rápidamente a estas nuevas formas de consumo, lo que no siempre va a ser posible.


En esta nueva situación, los gobiernos deben apresurarse a regular en profundidad esta nueva economía para preservar los derechos de los ciudadanos, cuyo bienestar es la responsabilidad última de la política.