Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

lunes, 19 de diciembre de 2022

100. Baja autoestima de los españoles


Mastuerzo sudamericano (Tropaeolum majus) 

No es infrecuente oír, cuando algo no funciona bien en nuestro país, que España es «tercermundista», «un desastre», o epítetos aún peores. Esta baja estima de los españoles hacia su país ha sido verificada por diversos estudios, en los que la mayoría de los encuestados hacen afirmaciones que demuestran que le tienen poco afecto a España  y, por consiguiente, que se valoran poco a si mismos, dado que los encuestados forman parte del país que critican.

Uno de los últimos estudios del que hemos tenido conocimiento es el realizado por  el Reputation Institute —https://www.csrhub.com/datasource/reputation-institute/—. En él se compara la percepción que sobre España tienen los propios españoles, y la que tienen los ciudadanos de otros países europeos sobre España. Sin ánimo de ser exhaustivos solo reseñaremos que, según el barómetro de este organismo, casi dos tercios de los españoles —el 64%— definen al país como "corrupto" frente al 27% que le atribuyen los europeos; el 52% de los encuestados ven a España débil, mientras que en el resto de la Unión Europea esa cifra cae al 25%; el 62% de los entrevistados la consideran pobre, mientras que esta consideración solo se da en el 43% de los europeos. Y como dato especialmente curioso, el 41% de los españoles cree vivir en un país más ocioso que trabajador, mientras que en Europa solo lo piensa el 25%.

No quisiéramos cansar al lector, pero creemos relevante reseñar que, en 2021, en el ranking de KNOEMA España ocupaba el número 14 entre los países más reputados del mundo; en el mismo año, según el CSRHUB, España alcanzaba un 99% de confiabilidad en las Métricas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y Medio Ambiente, Social, Gobierno (ESG); que en el ranking de U.S. News Best Countries de 2022 España ocupa el numero 17, y que en la revista Forbes España figuraba en 2019 en el puesto número 12 entre los países mas reputados del mundo.

Al hilo de este tema, recientemente hemos tenido ocasión de conocer la existencia de un libro titulado «1785 motivos por los que hasta un noruego querría ser español» en el que se exponen las numerosas aportaciones que España ha hecho al conjunto de la civilización occidental. Como dicen sus editores —www.1785.es— el libro no es «una invitación a la autosatisfacción, sino una manera de poner en valor lo mucho que se ha hecho en España a lo largo de la Historia y que es un indicio de todo lo que podríamos llegar a hacer» 

Sirva este artículo para, aprovechando estas fechas en que solemos hacer un repaso del año que finaliza, invitaros a reflexionar sobre nuestro país y su futuro. España tiene problemas, algunos muy serios. Pero no somos tan incapaces como pensamos, y es seguro que con el trabajo de cada uno de nosotros podrán resolverse y,  en los próximos años, podremos seguir figurando en los puestos altos de los diversos rankings mundiales.

jueves, 24 de noviembre de 2022

99. Mindfulness

 


Rabo de gato (Erigeron bonariensis)

Dentro de la amplia gama de métodos de autoayuda que se han desarrollado en las ultimas décadas está el denominado mindfulness. No es fácil hacer una definición simple del método. También llamado atención plena o consciencia plena, de forma muy simplificada podríamos decir que mindfulness es una actividad o estado mental consistente en focalizar la atención de manera consciente e intencional a lo que se está haciendo en el momento presente, sin juzgar, apegarse, o rechazar en alguna forma la experiencia. Y esto se consigue mediante unos ejercicios de meditación diseñados para ello.

Este método de centrar toda la atención en lo que se está haciendo en el momento presente es algo que hay que aprender, no surge de forma espontánea. La técnica se enseña en grupos, pero la finalidad perseguida es que el individuo lo pueda practicar él solo. Y si se pregunta que qué se pretende con esta técnica, la respuesta más frecuente es evitar el estrés o sobrellevarlo mejor.

Ya comentamos en nuestro anterior entrada de este blog que el progreso no ha traído más tranquilidad a la humanidad occidental. El estrés y la ansiedad están muy presentes en las sociedades de los países desarrollados, siendo buena prueba de ello el elevado consumo de ansiolíticos por parte de los habitantes del primer mundo.

Frente a esta situación de intranquilidad algunos postulan que el estrés y la angustia no son males que vengan causados por razones externas, sino que son males que afectan a nuestras cabezas, que es «una enfermedad del pensamiento». Y para ello los expertos en esta técnica —gurús se les llama modernamente— postulan como solución la práctica del mindfulness. Un remedio que se puede practicar en privado, en cualquier momento, en cualquier lugar y con un bajo coste.

Sin embargo la investigación psicológica y psiquiátrica ha comprobado que hay una estrecha relación entre la salud mental y el entorno ambiental y económico. Se ha comprobado que en determinadas condiciones familiares, laborales, sociales o económicas el estrés es mucho más frecuente, afectando a la salud de los que lo padecen. Y concluyen que, cuando es toda la sociedad la afectada, quizás no debamos de hablar de enfermedad sino de un ambiente dañino para la salud mental de los ciudadanos.

Parece que el mindfulness funciona en algunos individuos, reduciendo su nivel de estrés o ayudando a sobrellevarlo, pero también contribuye a mantener las situaciones que lo provocan. La técnica invita a no juzgar nuestros pensamientos y a concentrarse en el presente, obviando el pasado y el futuro.

Pero la anulación del pensamiento crítico, el olvido del pasado y la ignorancia del futuro no parecen el camino más adecuado para realizarnos como personas. Y nos desarma para luchar por mejorar el presente.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

98. Progreso y ansiedad

 


Azafrán silvestre (Crocus vernus)

Desde hace años estamos asistiendo a un progreso en todo el mundo que ha traído cambios extraordinarios. En promedio, las personas viven más, las tasas de alfabetización han aumentado y, en muchos sentidos, el mundo es un lugar más saludable y rico. 

A pesar de ello, el informe correspondiente al periodo 2021-2022 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) nos trae noticias preocupantes. En un mundo cuyo Producto Interior Bruto (PIB) es el más alto de su historia, el nivel de inseguridad y el grado de polarización de los habitantes del planeta han aumentado.

Según este informe, una tercera parte de la población mundial se siente estresada y menos de un tercio confía en los demás. Y estas sensaciones no son fruto de las calamidades de los últimos dos años —pandemia, guerra de Ucrania, crisis económica mundial, etc.— sino que existían previamente, aunque se han agudizado últimamente.

La búsqueda de la humanidad por progresar —a veces progresar a cualquier precio— no ha dado como resultado un mundo más seguro. Estábamos convencidos de que el progreso económico mejoraría siempre la seguridad personal, y de repente nos hemos dado cuenta de que esto ya no es así.

Por otro lado, los acontecimientos de los dos últimos años han hecho especialmente evidente nuestra interdependencia. Si alguna vez pensamos que seriamos autosuficientes, la realidad nos ha demostrado que nuestra seguridad —y por tanto nuestra tranquilidad— depende también de la de los demás.

Las amenazas globales, por definición, afectan en última instancia a cada uno de nosotros. El concepto de seguridad humana no es solo una cuestión de territorios, sino que debe centrarse en la vida de las personas. Nuestra seguridad consiste en estar libres de miseria, de miedo y de indignidad. Y cuando nos sentimos inseguros, ademas de sentir ansiedad, tenemos tendencia a creer en cualquiera que nos prometa seguridad, que nos transmita un mensaje de certidumbre. 

Por ello no debe extrañarnos que hayan aumentado en los últimos años los planteamientos políticos que, con la promesa de dar seguridad, hagan propuestas cada vez mas enfrentadas, más polarizadas. Y que numerosos ciudadanos sean sensibles a estas propuestas.

Pero la solución no está en desconfiar cada vez mas de nuestros semejantes. La demostrada interdependencia de los ciudadanos y los países nos debe llevar a colaborar con los demás para que el mundo sea más seguro.


jueves, 27 de octubre de 2022

97. Libertad y razón

 

Margarita africana (Osteospermum ecklonis)


A lo largo de la evolución de nuestra especie, lo que nos hizo definitivamente humanos fue la adquisición del raciocinio. Compartimos con el resto de los animales los instintos, y modernamente se dice que algunos animales tiene la capacidad de sentir, de tener emociones. Pero la razón sigue siendo un atributo exclusivo del ser humano.

En un determinado momento de nuestra evolución apareció la consciencia de nosotros mismos y en ese momento dejamos de ser solo animales y nos convertimos en seres humanos. A partir de aquí adquirimos la capacidad de conocernos a nosotros mismos, de tener conocimiento reflexivo de las cosas, de reconocer la realidad que nos circunda y aprendimos a relacionarnos con ella.

 La llegada de la consciencia nos permitió elegir. Y el poder elegir nos hizo libres. Ya no estábamos obligados por el instinto a hacer algo como los demás animales. Ya podíamos analizar las cosas y optar por una u otra en función de esa nueva cualidad que habíamos adquirido, o sea, de la razón. También aparecieron los sentimientos y las emociones, estupendo complemento de la razón, que aportaron elementos de juicio para analizar y tomar decisiones.

La razón como elemento definitorio del ser humano alcanzó su máximo esplendor en el siglo XVIII, llamado por la posteridad como Siglo de la Razón o Siglo de las Luces. En esos años tuvo un amplio desarrollo el concepto de que la llegada de la consciencia nos hizo libres y la idea de que el conocimiento de la naturaleza —nosotros incluidos—solo era posible por medio de la razón.

Aunque esta concepción de la razón ha durado siglos, en la actualidad nos estamos encontrando con un progresivo descrédito de la razón. Los medios de comunicación de masas y un progresivo numero de gurús de la sicología hacen una defensa a ultranza de lo emocional frente a la reflexión racional. Y basados exclusivamente en los sentimientos, numerosos ciudadanos se sienten llamados por ideas y planteamientos que no se explican por la razón, pensamientos mágicos que no soportan un análisis racional.

Estos ciudadanos confunden las ideas con las creencias, están convencidos de que el raciocinio es una idea más, una creencia más. Y por lo tanto tan valido es usar una como otra. 

Lamentablemente, han olvidado que el raciocinio es la esencia del ser humano.

lunes, 17 de octubre de 2022

96. Neuromarketing

 


Hibiscus (Hibiscus syriacus)

En el pasado se utilizaba mucho un refrán que dice “el buen paño en el arca se vende”. Este dicho nos indicaba que los productos de buena calidad se vendían solos, que no necesitaban ser expuestos, ni voceados a gritos ni anunciados. Incluso el uso del refrán iba acompañado de una cierta sensación de desconfianza hacia aquellas mercancías que se publicitaban y se pregonaban en exceso. 

Todos sabemos que esta afirmación no es verdad desde hace muchos años. A partir de los años cincuenta del pasado siglo se puso de manifiesto que aquel que quería vender algo debía dar a conocer su producto. Esto desarrolló una nueva disciplina, el marketing, donde se estudiaba cómo mostrar los productos para conseguir que fueran atractivos para los potenciales clientes. Y para dar a conocer los productos nació la publicidad que se define como “tipo de comunicación audio y/o visual del marketing que emplea mensajes patrocinados e impersonales para promocionar o vender un producto, marca o servicio”.

Esta concepción impersonal ha sido ampliamente superada por el desarrollo de las neurociencias. El estudio de las diversas reacciones que producen en nuestro cerebro los mensajes de todo tipo que nos llegan al ver, oir, tocar o usar un producto o servicio, ha permitido adaptar los mensajes al individuo concreto, y con ello personalizar los mensajes en función de las distintas características del sujeto comprador.

Ahora las empresas conocen con una alta precisión qué es lo que motiva al potencial cliente. Y ello ha permitido comprobar que el 95% de las decisiones de compra se hacen basadas en emociones surgidas del subconsciente. Por ello se han diseñado un conjunto de técnicas de marketing que, apoyadas en estudios y pruebas científicas, analizan el comportamiento objetivo de los compradores y con ello elaboran estrategias más efectivas en las que se apela a los sentimientos y a ciertas conductas del subconsciente para aumentar las ventas. Es lo que se llama neuromarketing.

Los colores, los mensajes, la posición del producto en los anaqueles, los recorridos por los establecimientos, los cambios periódicos de posición, etc. son todas decisiones tomadas por los vendedores basadas en las emociones que todo ello suscita en el potencial cliente.

El sistema capitalista se basa en la soberanía del consumidor. Se supone que el ciudadano, tras conocer las características del producto, es libre de adquirirlo o no, es soberano.

¿Lo es en realidad?


sábado, 1 de octubre de 2022

95. Boomers


 Espumilla (Arctotheca calendula)



Probablemente la mayoría de mis improbables lectores no saben el significado de este neologismo —palabra nueva— creado por los jóvenes de hoy para referirse a las personas nacidas entre 1945 y 1965. Es decir, los que actualmente tienen entre 57 y 77 años.

Dentro de los numerosos anglicismos que se usan —millenials, centenials, etc.— boomer hace referencia a la generación del llamado baby boom, nombrada así por la explosión de natalidad que siguió a la finalización de la segunda guerra mundial.

Nunca fueron fáciles las relaciones entre los jóvenes y sus mayores, pero hasta no hace muchos años las generaciones hablaban el mismo lenguaje. Padres e hijos entendían lo que se decían, aunque era evidente que la mayoría de las veces no compartían las opiniones ni los planteamientos.

La tecnología ha modificado el lenguaje y ha separado a las generaciones hasta el punto de que, a veces, no se entienden cuando hablan. No se trata ya de que los términos sean distintos —que con frecuencia lo son—, sino que estos no significan lo mismo e incluso significan cosas opuestas según la edad del hablante. Se expresan las palabras unos a otros, pero no se comparten los significados. 

Las distintas generaciones —no solo boomers y jóvenes, también la generación intermedia— han dejado de compartir los mitos, el sentido de la historia y de la sociedad. Así, palabras como autoridad, disciplina, virtud, ética, etc. se han vuelto palabras opacas, porque para una generación quizás han dejado de tener significado.

Hoy los mayores ven con desagrado como los mas jóvenes les acusan de estar quedándose obsoletos, de no entender su lenguaje. Y observan como los jóvenes tampoco entienden el suyo. Muchos inicios de conversación se zanjan por parte de la ultima generación con un “ok, boomer” —equivalente al “vale viejo”—, ante la imposibilidad de comunicarse con padres, profesores, jefes, etc.

Esta escasa comunicación intergeneracional —a veces incluso incomunicación— tiene graves consecuencias. Estamos condenados a vivir en comunidad y para formar parte de una comunidad es necesario comunicarse. Y la comunicación se realiza hablando unos con otros. Pero parece que hoy es más fácil hablar con una pantalla que con otra persona.

Habrá que hacer algo.

viernes, 16 de septiembre de 2022

94. Libertad de expresión y censura

 

Cresta de gallo (Celosía argentea)

En el último tercio del siglo XX, y después de un largo recorrido, para las sociedades occidentales la posibilidad de expresarse con libertad en cualquiera de los campos del saber humano se mostró como irrenunciable. La libertad de expresión se convirtió en un bien indiscutible y la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos estuvieron de acuerdo con ello y, como corolario, en contra de cualquier tipo de censura.

Se deseaba poder debatir en libertad todas las ideas y posiciones, utilizando para ello argumentos surgidos de la razón y no de los sentimientos. El acuerdo social sobre la necesidad de la libertad de expresión era tan fuerte que unos y otros se lanzaron a exponer con palabras o con signos lo que pensaban o sentían: políticos, escritores, intelectuales y artistas compitieron en ello, llegando algunos a forzar los limites, convencidos de que incluso lo menos ortodoxo debía expresarse, ya que ello favorecería la tolerancia —y por tanto la convivencia de la sociedad— aunque para algunos pudiera ser molesto u ofensivo.

 El tiempo ha pasado y han surgido algunas personas y grupos que han declarado su enfado por determinadas opiniones o hechos. Reclaman su derecho a indignarse ante ello, y piden que se limite el derecho de esos otros a expresarse, cuando lo que revelen  sea ofensivo para ellos. Es decir, que determinados contenidos no puedan exteriorizarse. O sea, que se establezca algún tipo de censura para impedir la publicidad de estos.

En algunas instituciones de occidente ya se han puesto en marcha medidas para limitar el derecho a la libertad de expresión. Aunque no son muy frecuentes, sirva de muestra el hecho de que en algunos colegios de Estados Unidos no se pueden explicar determinados temas la Teoría de la Evolución de Darwin, por ejemplo— aunque ésta esté generalmente aceptada por la ciencia.

En el momento actual tenemos en la sociedad posiciones enfrentadas frente a estos hechos. Los que exponen sus razones para no limitar la libertad de expresión, y aquellos que se siente indignados o dolidos por la expresión publica de determinados contenidos. Ante esto ¿que debemos hacer? 

En estos tiempo convulsos que estamos viviendo, donde los medios —y especialmente las redes sociales—, están llenos de tensión, indignación y, a veces, ira, se hace imperativo volver a defender el uso de los argumentos frente a la fuerza de la indignación.



jueves, 30 de junio de 2022

93. Redes sociales ¿Ágora o Centro Comercial?

 


Arbol de la seda (Albicia julibrissin)

    Con un cierto retraso he tenido la oportunidad de ver el documental producido por Netflix, dirigido por Jeff Orlowsky y titulado «El dilema social de las redes». En el participan una serie de ex empleados de Google, Facebook, Twitter, Instagram y Pinterest, que relatan su participación en el diseño y elaboración de las tecnologías que soportan a las referidas plataformas.

    En el documental los participantes expresan su arrepentimiento —a buenas horas mangas verdes— por haber trabajado en unas empresas con las que se hicieron ricos. Y refieren sin tapujos que su pretensión al crear estas tecnologías fue, y sigue siendo para los que ahora trabajan en las citadas plataformas, conseguir la adicción del usuario.

    Estos ingenieros informáticos arrepentidos, todos jóvenes menores de 35 años, reconocen que las decisiones que ellos han tomado afectan a miles de millones de personas de todo el mundo —todos los usuarios de las referidas redes—, causando efectos nocivos que no son casuales, sino buscados por ellos, objetivos predefinidos antes de la realización de los programas, para conseguir captar la atención de las personas el mayor tiempo posible, o como dice uno de los participantes «conseguir arrebatarnos todo el tiempo posible de nuestras vidas».

    Según los participantes, para conseguir nuestra atención los programadores utilizan, entre otras, técnicas psicológicas conductuales que pretenden —y consiguen con frecuencia— generar un cierto grado de adicción. Los autores del documental visitan la Universidad de Stanford, en California, donde han estudiado y estudian —parece que el director, Orlowsky, estudió en ella— gran parte de los programadores de estas multinacionales. En sus clases pudieron comprobar cómo se enseña a los estudiantes a crear productos capaces de condicionar nuestro subconsciente, de modificar nuestras conductas, sin que seamos capaces de percibirlo.

    Los entrevistados afirman que la forma en la que recibimos las notificaciones, los gestos para manejar el móvil, la manera de presentar las noticias, etc., todo ello está pensado para generar comportamientos adictivos de los usuarios.

    Al principio del fenómeno se nos quiso convencer de que las redes sociales eran un foro para el encuentro, para la opinión y el debate, pero parece que no es así. Las plataformas venden una mercancía muy apreciada por otras empresas y —según opina Soshana Zuboff, profesora emérita de Harvard y autora de «La era del capitalismo de vigilancia»— esta mercancía es la certeza. El perfil que dibujan las plataformas de nosotros, con la información que les proporcionamos, permite a estas empresas conocer perfectamente nuestro comportamiento.

    Otro de los participantes va más allá y afirma que lo que estas plataformas ofrecen a las grandes empresas es la capacidad para cambiar poco a poco nuestro comportamiento, nuestras creencias y hasta lo que somos. Y si alguno tiene dudas sobre esto, pensemos en lo sucedido con la campaña de Trump en EE. UU., lo ocurrido con el Brexit en Reino Unido o la progresiva polarización política en el mundo. Parece que el poder de estas macroempresas de los datos va mucho más allá de personalizar la publicidad o anticipar nuestros deseos, y que cada vez se acerca más a la capacidad de crearlos.

    Dado el tiempo que viene —el verano—, aprovechemos para reflexionar sobre esto y, quizás, dedicar menos tiempo a las pantallas.

jueves, 26 de mayo de 2022

91. Phubbing

 


Enredadera de trompeta (Campsis radicans)

    El mundo anglosajón es un gran productor de vocablos, a veces de difícil traducción al español, que definen situaciones relativamente nuevas que se dan en nuestro entorno. Así nos hemos acostumbrado a hablar de mobbing, bullying, phising, etc. para referirnos a actuaciones de unos ciudadanos para con otros, actuaciones casi siempre de carácter negativo, cuando no claramente delictivo.

    Una palabra nueva que ha venido no hace mucho a sumarse a la relación de vocablos acabados en -ing, y que suponen un problema para los que la practican o la sufren negativamente, es Phubbing.

    Aunque no es fácil de traducir, con el término phubbing se describe la situación en la que las personas prestan más atención a su móvil o tableta que a la conversación con la persona que le acompaña en ese momento. Leer y responder los mensajes, consultar las redes sociales, valorar las respuestas y adhesiones obtenidas, etc., son actividades que le merecen más consideración que la persona que tienen a su lado.

    Aunque puede parecer una situación infrecuente, la psicología ya ha prestado atención al fenómeno. En un reciente estudio se comprueba que casi la mitad de los encuestados refieren haber sufrido phubbing por parte de su pareja, y casi la cuarta parte afirma que esta práctica ha sido motivo de conflicto con ella.

    En la búsqueda de posibles causas de esta actitud los psicólogos refieren —entre otras— la falta de autocontrol para satisfacer nuestras necesidades al instante, aún a costa de parecer maleducados y la comprobación de que esta práctica es común en nuestro entorno. En otros estudios se ha mencionado como causa el temor a perdernos algo, habiéndose acuñado un acrónimo —FOMO, «fear of missing out»—, para nombrar a esta última sensación.

    Es evidente que la llegada del móvil ha supuesto una enorme revolución, que ha aportado tremendas posibilidades a nuestras vidas. Pero parece que a algunos les causa problemas a la vez. Hasta el punto de que ya se ha definido una nueva patología —Nomofobia— para calificar el miedo irracional a quedarse sin móvil, habiéndose diseñado aplicaciones para avisar de cuando se está haciendo un uso abusivo del móvil.

    Habremos de estar atentos para utilizar racionalmente esta maravillosa herramienta, sin caer en estas patologías emergentes.

viernes, 25 de marzo de 2022

90. Metaverso

 


Anemona arbustiva (Carpenteria Californica)

    En el último año hemos oído con frecuencia la palabra Metaverso. Las grandes compañías tecnológicas como Facebook —ahora llamada Meta—, Google, Microsoft, etc. han hecho presentaciones de proyectos con esta tecnología de futuro.

    Pero ¿qué es realmente Metaverso? Si entendemos la palabra «realmente» como la define el diccionario de la RAE —efectivamente, verdaderamente— Metaverso es nada, … todavía. Pero no podemos conformarnos con esta simple respuesta.

    Los proponentes nos dicen que Metaverso será un mundo virtual —no real— al que las personas se conectarán a través de una serie de dispositivos que les harán pensar que están de verdad —en realidad— dentro de él, pudiendo interactuar con todos sus elementos. Será como si de verdad las personas se hubieran teletransportado a un mundo diferente de aquel en el que viven. 

    En ese mundo virtual la persona tendrá la apariencia que quiera, se relacionará con quien quiera, y como quiera, pudiendo trabajar, realizar negocios, etc., o sea, que podrá realizar todas las acciones que se pueden efectuar en la vida real. Durante su inmersión en ese mundo virtual el individuo no será consciente de que no es real, ya que la realidad virtual será indistinguible de la real. Será una realidad alternativa a la que se accederá sin moverse de casa.

    Lo de las realidades virtuales no es de ahora. Desde hace años disponemos de videojuegos en los que la persona se dota de una personalidad —avatar—con la que se incorpora al juego, donde se recrean situaciones en las que el individuo se sumerge durante unos minutos u horas, como si estuviera protagonizando las acciones que el juego le propone. Incluso hace unos años surgió una aplicación, llamada «Second Life», en la que ya se daba la posibilidad de tener una segunda vida fabricada por el individuo a su gusto.

    Según las empresas interesadas, el individuo accedería a este Metaverso con dispositivos de realidad virtual y realidad aumentada, aparatos que serían indistinguibles de los que usa normalmente. Las gafas serían como la que usa a diario, la ropa seria la habitual dotada de sensores que no se percibirían pero que permitirían tener las sensaciones y ejecutar los movimientos como si fueran reales, etc.

    La realidad en que vivimos no siempre es agradable. Las personas tienen que implicarse en la mejora de esta si quieren que cambie. Y eso, lo sabemos, se realiza con esfuerzo y no siempre se consigue.

    Dado que sería el individuo el que crearía su mundo virtual —lógicamente a su pleno gusto—, no sería de extrañar que algunos, en vez de esforzarse en cambiar la realidad, se refugiaran en su Metaverso —su mundo virtual— donde es seguro que no faltarían ocasiones placenteras.

    Y, mientras tanto, la realidad seguiría su curso. ¿Hasta cuando y hasta donde?


domingo, 13 de marzo de 2022

89. Estado del bienestar


Rayito de sol (Delosperma cooperi)

    Prácticamente todos los ciudadanos de la Europa Occidental viven en países que se han dotado de lo que llamamos Estado del Bienestar. Gozan de una serie de prestaciones por parte del estado que facilitan su vida.

    Pero esto no siempre fue así. Hasta que no finalizó la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos —en los pocos países que eran ciudadanos y no súbditos— gozaban de aquellos bienes y servicios que podían costearse, quedando fuera del sistema aquellos que no tenían suficiente dinero para pagarlos. Aún hoy en día quedan algunos países —Estados Unidos de Norteamérica entre ellos— y partidos políticos que siguen fieles a la ideología liberal que, si bien propugna la igualdad de oportunidades, deja los resultados en manos del individuo y del mercado.

    Los cambios políticos que se produjeron en Europa al finalizar la Segunda Guerra Mundial estuvieron inspirados, en lo social, en las propuestas de un documento que apareció en el Reino Unido en 1908, llamado «Minority Report», obra —entre otros autores— del matrimonio formado por Beatrice y Sidney Web.

    En este informe, de forma contraria a los principios que constituían el Estado Liberal dominante en aquellos años, aparecía la noción de que el bienestar básico de la ciudadanía era responsabilidad del gobierno y de que este estaba obligado a garantizar un nivel de vida mínimo a cada ciudadano por el mero hecho de serlo, en caso de que el individuo no pudiese obtenerlo por sí mismo.

    Beatrice y Sidney Web hablaban de un «Estado administrador» que gestionara un sistema de atención pública que se ocupase del ciudadano desde su nacimiento hasta su muerte. El sistema que se proponía debería garantizar a cada ciudadano, independientemente de su clase o sexo, un estándar mínimo de vida, que incluyera «una alimentación suficiente y una formación adecuada en la infancia, un salario adecuado mientras se esté en condiciones de trabajar, atención médica en caso de enfermedad y unas ganancias modestas pero aseguradas para la invalidez y para los ancianos». Había nacido la idea del Estado del Bienestar, que sus autores hacían totalmente compatible con la libertad de mercado y con la democracia.

    El documento abogaba por que el Estado asumiera un número cada vez mayor de servicios, que serían administrados por expertos, apoyados por una administración pública fuerte.

    La aparición del informe fue una autentica revolución de la ciencia política y de la sociología. De hecho, este informe fue el que inspiró a Lord Beveridge a formular su proyecto de «Welfare State» —Estado del Bienestar— británico, que dio lugar al nacimiento del «National Health Service» —Servicio Nacional de Salud—, que garantizaba a partir de 1947 la asistencia sanitaria gratuita para todos los ciudadanos del Reino Unido, modelo que ha sido seguido por la mayoría de los estados democráticos occidentales en Europa, incluida España.

    No han transcurrido todavía 100 años desde la instauración de este Estado del Bienestar, y ya hay voces que propugnan su liquidación y sustitución por sistemas privados —de salud, de pensiones, etc.—, invitándonos a retroceder 100 años en nuestra evolución como sociedad.

    Sería bueno recordar estos hechos para valorar lo que tenemos y no dejarnos embaucar por cantos de sirena.

 

viernes, 25 de febrero de 2022

88. ¿Memoria innecesaria?

 


Girasol (Helianthus annuus)

    Los que tienen una cierta edad se educaron en la creencia de que la memoria era imprescindible para el aprendizaje. La mayor parte del saber se adquiría de memoria, y, a la hora de demostrar los conocimientos adquiridos se realizaban exámenes, en los que había que recurrir a la memoria para quedar en buen lugar.

    Este tipo de aprendizaje, llamado memorístico, ha sido muy criticado en las ultimas décadas. Se le acusa de mecánico, repetitivo y poco dado a la creatividad, y se argumenta que el conocimiento así adquirido tiene tendencia a perderse pronto por olvido. Por otro lado se afirma que el conocimiento está en internet, por lo que no es necesario retener nada en la memoria.

Pero hoy ya sabemos que en internet el conocimiento no está sistematizado y ordenado, y que en lo que se encuentra no siempre es fácil distinguir la verdad de la mentira. Y sin una base de saber alcanzado mediante la memoria es muy difícil —si no imposible— adquirir en la web un conocimiento riguroso que capacite al estudiante para conseguir formarse un criterio propio. 

Como alternativa radical al uso de la memoria, diversos expertos —psicólogos y pedagogos fundamentalmente— mantienen que lo importante no es aprender unos determinados conocimientos, sino desarrollar competencias y habilidades. Según estos profesionales los alumnos no deben hacer uso de su memoria sino aprender a aprender, y recurrir a las fuentes cuando sea necesario. Y en función de estos planteamientos se han diseñado los nuevos recorridos curriculares.

Está claro que el aprendizaje de memoria no es la única forma de adquirir conocimientos. Pero rechazar la memoria como un método de aprendizaje supone rechazar el uso de una de las facultades cognitivas fundamentales del ser humano.

La memoria es una cualidad del cerebro que nos permite definirnos como tales humanos. Sin memoria no es posible recordar nuestro pasado y, con ello, imaginar nuestro futuro. Y la memoria —como los músculos—necesita ser ejercitada para mantenerla y aumentarla.

Es evidente que para desarrollarse como personas, los alumnos no tienen necesidad de aprenderse el nombre de los 33 reyes godos que hubo en España —que por cierto no fueron 33—, ni saber de memoria todos los ríos y lagos del mundo. Pero parece que no les va a ser fácil relacionarse correctamente en su mundo social y laboral sin saber dónde esta el río Ebro, cual es la capital de Rusia o quien escribió el Quijote, por poner solo unos ejemplos simples. Aunque esa información esté en internet hay que saber qué y dónde buscar. Y para ello hace falta usar la memoria.

martes, 25 de enero de 2022

87. Paraísos fiscales

 


Farolillo chino (Abutilon megapotamicum)

    Recientes escándalos financieros nos han recordado la existencia de enormes cantidades de dinero depositadas en ciertos países, depósitos secretos cuyos propietarios no se conocen y que, por tanto, no pagan impuestos en los países donde se ha generado esa riqueza. En otras ocasiones el dinero no está oculto, pero sus propietarios deciden tenerlo en esos países debido a que su carga impositiva es menor que la que tienen en los de origen.
    Estos países han sido denominados paraísos fiscales y, como concepto, son denostados por los ciudadanos y criticados por los gobernantes de las democracias —las dictaduras nunca se quejan de su existencia—, debido a la falta de solidaridad que expresan. Su escasa o nula contribución a los gastos comunes de las sociedades avanzadas son vividos de forma negativa, postulándose su desaparición para progresar en el desarrollo democrático de las naciones.

La propia denominación —paraísos— hace pensar que estos países están situados en lugares exóticos, fuera del alcance de las normas y leyes que rigen en las democracias desarrolladas. Pero esto no es siempre así. Algunos de estos paraísos están muy cerca de nosotros. La admirada y respetada Suiza, el Gran Ducado de Luxemburgo o el Principado de Liechtenstein, son países normales y cercanos donde se oculta el dinero, con frecuencia producto del delito —trafico de drogas, corrupción, trata de blancas, etc.—. Y en los casos de origen legítimo de los fondos, estos depósitos siempre son intentos de eludir, en todo o en parte, el pago a los respectivos tesoros públicos de los impuestos que deberían devengar sus propietarios.

El mismo Reino Unido, que hasta hace poco formaba parte de la Unión Europea, tiene en su seno determinadas áreas donde la imposición es escasa o nula. Algunas zonas del territorio, como las Isla Jersey o la de Man —por no hablar de la atípica población de Gibraltar—, funcionan como paraísos fiscales, aunque forman parte del Reino Unido y, por tanto, sometidos a las leyes británicas

Es evidente que los gobiernos que controlan el mundo —el denominado G20—, no han tenido voluntad hasta ahora de acabar con los paraísos fiscales. Los poderes económicos no lo han permitido, ya que la existencia de estos paraísos garantiza la supervivencia de muchas grandes corporaciones y de enormes fortunas procedentes del poder económico o del político.Ha habido un primer acuerdo en el buen camino, con el establecimiento de un mínimo de un 15% en el impuesto de sociedades. Pero la tarea es ingente. Tenemos que seguir insistiendo en que los evasores dejen de ser anónimos, se conozcan todos los países que facilitan estos subterfugios y se dicten leyes que obliguen a todas las entidades financieras a facilitar la información sobre cuentas y titulares.