Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 9 de enero de 2020

67. La vista y el oído nos engañarán


 Solano de flor azul (Lycianthes ratonnetii)

En los últimos meses estamos recibiendo videos en los que una conocida figura pública nos comenta o nos informa de algo que resulta más o menos creíble. Un político, actor u otro personaje conocido, de pie o sentado, en la intimidad de su despacho o casa o ante un publico escuchante nos dice cosas que, naturalmente, nosotros aceptamos como dichas por la persona que estamos viendo en la pantalla. Pero resulta que no es así.

Las llamadas deepfake —mentiras en román paladino— no llevan mas de dos años entre nosotros. Como ya comentamos en un anterior articulo, las noticias falsas se han convertido en una realidad diaria que afecta a personas, organismos, entidades y gobiernos, de tal manera que se han convertido en un serio problema para poder tomar decisiones basadas en la realidad, en lo que ocurre de verdad. Pero ahora las cosas se nos complican.

Hasta casi hoy —la tecnología lleva pocos meses en el mercado— una cosa era lo que se escribía sobre algo o alguien y otra lo que ese alguien, a través de su boca, nos contaba. Pero llegó la tecnología a facilitarnos —y complicarnos — la vida. Alguien se ha inventado la GAN —Generative Adversarial Networks, Redes Generativas Antagónicas— mediante la cual un ordenador —red informática— se inventa una mentira e intenta convencer a otro ordenador —otra red— de que la mentira es verdad. La segunda red estudia la mentira y decide si cree que es verdad o mentira, y en que criterios se ha basado para inclinarse por una cosa u otra. Así la primera red informática va aprendiendo a mejorar la apariencia de verdad de la mentira hasta convencer a la segunda red de que su mentira es verdad.

Aunque les parezca muy complicado, de forma resumida esta técnica es la que permite que veamos la perfecta imagen de un político diciendo con su voz cosas que él nunca ha dicho, o veamos a una conocida actriz protagonizando una película porno en la que ella nunca ha intervenido. Supongo que ya han recibido alguno de estos videos indistinguibles de la realidad.

Aunque la tecnología está casi recién nacida, ya hay GAN especializadas en múltiples facetas, de indudable interés para la ciencia. Pero también las hay expertas en imitar facciones o voces, consiguiendo resultados prácticamente indistinguibles de la realidad. No es difícil imaginar lo que se puede hacer —ya se está haciendo— con esta arma, pero las suplantaciones de personas ya empiezan a ser comunes.

Nuestros sentidos pronto nos engañarán. Si antes era obligado reflexionar sobre la veracidad de lo que recibíamos y contrastar sus contenidos antes de opinar o compartirlos, ahora se hace vital. Tendremos que aprender a verificar lo que nos parecía evidente.