Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

viernes, 25 de febrero de 2022

88. ¿Memoria innecesaria?

 


Girasol (Helianthus annuus)

    Los que tienen una cierta edad se educaron en la creencia de que la memoria era imprescindible para el aprendizaje. La mayor parte del saber se adquiría de memoria, y, a la hora de demostrar los conocimientos adquiridos se realizaban exámenes, en los que había que recurrir a la memoria para quedar en buen lugar.

    Este tipo de aprendizaje, llamado memorístico, ha sido muy criticado en las ultimas décadas. Se le acusa de mecánico, repetitivo y poco dado a la creatividad, y se argumenta que el conocimiento así adquirido tiene tendencia a perderse pronto por olvido. Por otro lado se afirma que el conocimiento está en internet, por lo que no es necesario retener nada en la memoria.

Pero hoy ya sabemos que en internet el conocimiento no está sistematizado y ordenado, y que en lo que se encuentra no siempre es fácil distinguir la verdad de la mentira. Y sin una base de saber alcanzado mediante la memoria es muy difícil —si no imposible— adquirir en la web un conocimiento riguroso que capacite al estudiante para conseguir formarse un criterio propio. 

Como alternativa radical al uso de la memoria, diversos expertos —psicólogos y pedagogos fundamentalmente— mantienen que lo importante no es aprender unos determinados conocimientos, sino desarrollar competencias y habilidades. Según estos profesionales los alumnos no deben hacer uso de su memoria sino aprender a aprender, y recurrir a las fuentes cuando sea necesario. Y en función de estos planteamientos se han diseñado los nuevos recorridos curriculares.

Está claro que el aprendizaje de memoria no es la única forma de adquirir conocimientos. Pero rechazar la memoria como un método de aprendizaje supone rechazar el uso de una de las facultades cognitivas fundamentales del ser humano.

La memoria es una cualidad del cerebro que nos permite definirnos como tales humanos. Sin memoria no es posible recordar nuestro pasado y, con ello, imaginar nuestro futuro. Y la memoria —como los músculos—necesita ser ejercitada para mantenerla y aumentarla.

Es evidente que para desarrollarse como personas, los alumnos no tienen necesidad de aprenderse el nombre de los 33 reyes godos que hubo en España —que por cierto no fueron 33—, ni saber de memoria todos los ríos y lagos del mundo. Pero parece que no les va a ser fácil relacionarse correctamente en su mundo social y laboral sin saber dónde esta el río Ebro, cual es la capital de Rusia o quien escribió el Quijote, por poner solo unos ejemplos simples. Aunque esa información esté en internet hay que saber qué y dónde buscar. Y para ello hace falta usar la memoria.