Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

viernes, 31 de marzo de 2023

106. La curva de Laffer

 


Albejana basta o Gallinica (Lathyrus latifolius)

Hace 43 años que el economista norteamericano Arthur Laffer aconsejó al candidato a presidente de los EE UU Ronald Reagan que, en su campaña, propusiera bajar los impuestos, asegurando que con ello liberaría la iniciativa de los individuos y el dinero se movilizaría más, y por lo tanto se crearía más riqueza.

La propuesta se basaba en una curva ideada por el economista, que mostraba la relación entre un impuesto concreto y la cantidad total que se recaudaba por Hacienda como resultado de dicho impuesto. Para entendernos, y tomando como ejemplo el Impuesto de la Renta de las Personas Física (IRPF), la curva vendría a demostrar que, si nadie pagara impuestos (tipo 0% del IRPF) el Estado no recaudaría nada. Según fuera creciendo el tipo impositivo (de 0% a 100%) aumentaría la recaudación, pero si lo llevamos al extremo (tipo 100% del IRPF), en el que todos tendrían que entregar el total de lo que cobraran, entonces nadie trabajaría, por lo que el Estado tampoco recaudaría nada. 

El autor afirmaba que, según su curva, existiría un tipo impositivo ideal, por debajo y por encima del cual disminuyen los ingresos fiscales del Estado. Viendo la forma de la curva —en U invertida— encontraríamos que en el tramo ascendente aumentarían los impuestos y la recaudación fiscal global pero, llegado al punto más alto de la curva, el aumento de los impuestos provocaría una disminución de los ingresos globales del Estado.

Este planteamiento, correcto desde el punto de vista teórico, presenta una enorme dificultad, que es conocer cual es ese tipo máximo, ya que como el propio economista ha explicado, depende de muchos factores y varía de un país a otro. Y aunque conocer este dato permitiría a los gobiernos e instituciones saber si deben bajar o subir un impuesto, la experiencia demuestra que es enormemente difícil conocerlo.

La aportación de Laffer ha sido incorporada por determinadas opciones políticas, convirtiéndolo en dogma de sus propuestas y acción política. Bajar impuestos es el mantra que predican, sin que en ningún momento de concrete cual es el tipo impositivo máximo ideal para conseguir lo que Laffer refería.

Por si alguno está interesado, les contaré lo que pasó tras la elección de Reagan. El  presidente aplicó la doctrina del economista, convencido de que una disminución de los impuestos reactivaría la economía de EEUU. Un año después de la toma de posesión, en 1981, se aprobó la llamada Ley de Recuperación Económica, basada en la curva de Laffer, que incluía, entre otras medidas, la disminución de un 23% del impuesto equivalente al IRPF en ese país y una disminución del impuesto de sociedades. Con estas medidas la recaudación fiscal global no solo no aumentó, sino que se redujo, y el déficit público  subió del 2% de 1980 al 6% de 1983.

Al no saber en que punto de la curva se encontraba su país, Reagan se equivocó. Creyó que estaba en la parte derecha de la curva, cuando en realidad estaba en la parte izquierda. 

Los dogmas en economía tienen estos problemas.

martes, 21 de marzo de 2023

105. Las pseudociencias y el orgón


 Adhatoda de Ceylán (Justicia adhatoda)

Ya hemos hablado en otras ocasiones de las pseudociencias. A pesar de que ya en distintos países —entre los cuales está España— se han dictado disposiciones para declarar ajenas a la verdad —a la Ciencia— a numerosas creencias y técnicas, un número no despreciable de personas las siguen utilizando, convencidos de su bondad y eficacia. Estas personas se sienten bien rellenando las lagunas que aún tiene la Ciencia con creencias y prácticas —pseudociencias— que no son fruto de la investigación científica. Para ello cuentan, en algunos casos, con profesionales de la medicina que están convencidos y son referentes de los crédulos necesitados de creer.

Aunque las pseudociencias han alcanzado un gran auge en las ultimas décadas, siempre estuvieron presentes. Nos podríamos remontar a la Edad Media, donde sesudos varones se empeñaban en encontrar la piedra filosofal, que convertía en oro todos los metales que tocaba, o el elixir de la eterna juventud, aun perseguido por algunos en nuestros días.

Uno de los muchos casos representativos de estas pseudociencias fue Wilhelm Reich (1897-1957) y su teoría del orgón. Este médico y psiquiatra austriaco fue discípulo de Freud y alcanzó un gran renombre en su tiempo, tanto como psiquiatra como pensador.

Después de una larga actividad profesional, ajustada a la ciencia conocida entonces, desarrolló la teoría del orgón, vocablo que combina las palabras «organismo» y «orgasmo». Según Reich, el orgón era la energía vital de todo organismo, la fuerza motora del reflejo del orgasmo. Y, para concretar más y reforzar su veracidad, este orgón era de color azul, medible y omnipresente. La teoría llevaba aparejada la existencia de un aparato —una especia de armario diseñado por el propio Reich— que concentraba y transmitía a los individuos la referida energía. 

El prestigio profesional del doctor Reich —médico psiquiatra— hizo que la fama y el número de seguidores de su teoría alcanzara tal difusión que, según parece, el propio Albert Einstein accedió en 1941 a realizar experimentos con este concentrador de orgón. Como no podía ser menos en un científico, después de estudiarlo a fondo Einstein concluyó que el aparato diseñado no cumplía ninguna otra función más que distraer a los pacientes.

Sobre 1947, la agencia norteamericana encargada de autorizar los medicamentos y tratamientos médicos en los Estados Unidos —FDA, Food and Drug Administration— inició una investigación sobre el aparato de Reich. Tras incautar mas de 300 concentradores de energía orgónica y estudiarlos a fondo, comprobaron que en éstos no existía ninguna energía y, por lo tanto, la venta de los mismos era simplemente una estafa. El creador de la teoría orgónica fue encarcelado y murió en prisión en 1957, según parece de un ataque al corazón.

Hace más de un siglo que apareció la teoría del orgón. En todos estos años han seguido apareciendo nuevas teorías al margen de la ciencia. Y algunos ciudadanos se aferran a ellas, como si no hubiera existido una historia previa que nos hubiera demostrado la falacia de las supuestas nuevas ciencias, al margen de la Ciencia.

sábado, 4 de marzo de 2023

104. ¿Crear vida?


                                                            Oreja de abad (Aeonium undulatum)

Hace algo más de dos años publicamos un artículo sobre la técnica llamada CRISPR-Cas-9, y decíamos de ella que es una herramienta biológica que permite modificar el genoma de cualquier ser vivo con una alta precisión y de forma relativamente sencilla y económica. Su descubrimiento motivó el premio Nobel de química en el año 2020.

El genoma es el conjunto de genes de un ser vivo y contiene toda la información que caracteriza a ese ser vivo. Los genes están formados por cadenas de proteínas llamadas aminoácidos. En la constitución del genoma se usan solo 20 aminoácidos, que se combinan de múltiples formas para dar lugar a los diferentes seres vivos, desde el ser humano a los virus y bacterias. Todos los seres vivos de la naturaleza utilizan solo estos 20 aminoácidos naturales.

De entre los millones de genes existentes hay unos —los codones— que se encargan de dar las instrucciones a las células para producir los 20 aminoácidos naturales. El genoma del ser humano está constituido por 3.055 millones de estos aminoácidos enlazados unos con otros, formando cadenas.

La modificación del genoma de algunas bacterias ya se había conseguido, pero el proceso era muy complejo y costoso, ademas de muy limitado. La nueva técnica que referímos mas arriba —CRISP-Cas-9— esta permitiendo ya modificar o sustituir genes defectuosos que provocan algunas de las enfermedades que afectan al ser humano, consiguiendo la curación definitiva de algunas de ellas.

El profesor Jason Chin, del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad de Cambridge, ha introducido una novedad revolucionaria. Utilizando esta técnica ha podido modificar aquellos genes encargados de la producción de los aminoácidos naturales —los codones—, con lo que estos genes pueden crear nuevos aminoácidos, aminoácidos artificiales. Con estos se ha podido «fabricar» genomas que han dado lugar a la creación de nuevos seres vivos —bacterias, gusanos, moscas— hasta ahora inexistentes en la naturaleza. Es decir crear vida sintética.

La potencialidad de esta novedad es inmensa. La modificación genética de determinas bacterias —E. Coli es una de ellas— ya había permitido fabricar a partir de ellas fármacos tales como la insulina o los anticoagulantes. Con esta nueva técnica se podrán ampliar exponencialmente las posibilidades de producción de sustancias inexistentes en la naturaleza.

En resumen, ya se ha podido crear vida sintética, crear seres vivos no existente anteriormente en la naturaleza. ¿Estamos a las puertas de poder crear vida a partir de sustancias químicas —aminoácidos— inertes? 

El futuro en este campo parece terriblemente apasionante.