Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

viernes, 25 de marzo de 2022

90. Metaverso

 


Anemona arbustiva (Carpenteria Californica)

    En el último año hemos oído con frecuencia la palabra Metaverso. Las grandes compañías tecnológicas como Facebook —ahora llamada Meta—, Google, Microsoft, etc. han hecho presentaciones de proyectos con esta tecnología de futuro.

    Pero ¿qué es realmente Metaverso? Si entendemos la palabra «realmente» como la define el diccionario de la RAE —efectivamente, verdaderamente— Metaverso es nada, … todavía. Pero no podemos conformarnos con esta simple respuesta.

    Los proponentes nos dicen que Metaverso será un mundo virtual —no real— al que las personas se conectarán a través de una serie de dispositivos que les harán pensar que están de verdad —en realidad— dentro de él, pudiendo interactuar con todos sus elementos. Será como si de verdad las personas se hubieran teletransportado a un mundo diferente de aquel en el que viven. 

    En ese mundo virtual la persona tendrá la apariencia que quiera, se relacionará con quien quiera, y como quiera, pudiendo trabajar, realizar negocios, etc., o sea, que podrá realizar todas las acciones que se pueden efectuar en la vida real. Durante su inmersión en ese mundo virtual el individuo no será consciente de que no es real, ya que la realidad virtual será indistinguible de la real. Será una realidad alternativa a la que se accederá sin moverse de casa.

    Lo de las realidades virtuales no es de ahora. Desde hace años disponemos de videojuegos en los que la persona se dota de una personalidad —avatar—con la que se incorpora al juego, donde se recrean situaciones en las que el individuo se sumerge durante unos minutos u horas, como si estuviera protagonizando las acciones que el juego le propone. Incluso hace unos años surgió una aplicación, llamada «Second Life», en la que ya se daba la posibilidad de tener una segunda vida fabricada por el individuo a su gusto.

    Según las empresas interesadas, el individuo accedería a este Metaverso con dispositivos de realidad virtual y realidad aumentada, aparatos que serían indistinguibles de los que usa normalmente. Las gafas serían como la que usa a diario, la ropa seria la habitual dotada de sensores que no se percibirían pero que permitirían tener las sensaciones y ejecutar los movimientos como si fueran reales, etc.

    La realidad en que vivimos no siempre es agradable. Las personas tienen que implicarse en la mejora de esta si quieren que cambie. Y eso, lo sabemos, se realiza con esfuerzo y no siempre se consigue.

    Dado que sería el individuo el que crearía su mundo virtual —lógicamente a su pleno gusto—, no sería de extrañar que algunos, en vez de esforzarse en cambiar la realidad, se refugiaran en su Metaverso —su mundo virtual— donde es seguro que no faltarían ocasiones placenteras.

    Y, mientras tanto, la realidad seguiría su curso. ¿Hasta cuando y hasta donde?


domingo, 13 de marzo de 2022

89. Estado del bienestar


Rayito de sol (Delosperma cooperi)

    Prácticamente todos los ciudadanos de la Europa Occidental viven en países que se han dotado de lo que llamamos Estado del Bienestar. Gozan de una serie de prestaciones por parte del estado que facilitan su vida.

    Pero esto no siempre fue así. Hasta que no finalizó la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos —en los pocos países que eran ciudadanos y no súbditos— gozaban de aquellos bienes y servicios que podían costearse, quedando fuera del sistema aquellos que no tenían suficiente dinero para pagarlos. Aún hoy en día quedan algunos países —Estados Unidos de Norteamérica entre ellos— y partidos políticos que siguen fieles a la ideología liberal que, si bien propugna la igualdad de oportunidades, deja los resultados en manos del individuo y del mercado.

    Los cambios políticos que se produjeron en Europa al finalizar la Segunda Guerra Mundial estuvieron inspirados, en lo social, en las propuestas de un documento que apareció en el Reino Unido en 1908, llamado «Minority Report», obra —entre otros autores— del matrimonio formado por Beatrice y Sidney Web.

    En este informe, de forma contraria a los principios que constituían el Estado Liberal dominante en aquellos años, aparecía la noción de que el bienestar básico de la ciudadanía era responsabilidad del gobierno y de que este estaba obligado a garantizar un nivel de vida mínimo a cada ciudadano por el mero hecho de serlo, en caso de que el individuo no pudiese obtenerlo por sí mismo.

    Beatrice y Sidney Web hablaban de un «Estado administrador» que gestionara un sistema de atención pública que se ocupase del ciudadano desde su nacimiento hasta su muerte. El sistema que se proponía debería garantizar a cada ciudadano, independientemente de su clase o sexo, un estándar mínimo de vida, que incluyera «una alimentación suficiente y una formación adecuada en la infancia, un salario adecuado mientras se esté en condiciones de trabajar, atención médica en caso de enfermedad y unas ganancias modestas pero aseguradas para la invalidez y para los ancianos». Había nacido la idea del Estado del Bienestar, que sus autores hacían totalmente compatible con la libertad de mercado y con la democracia.

    El documento abogaba por que el Estado asumiera un número cada vez mayor de servicios, que serían administrados por expertos, apoyados por una administración pública fuerte.

    La aparición del informe fue una autentica revolución de la ciencia política y de la sociología. De hecho, este informe fue el que inspiró a Lord Beveridge a formular su proyecto de «Welfare State» —Estado del Bienestar— británico, que dio lugar al nacimiento del «National Health Service» —Servicio Nacional de Salud—, que garantizaba a partir de 1947 la asistencia sanitaria gratuita para todos los ciudadanos del Reino Unido, modelo que ha sido seguido por la mayoría de los estados democráticos occidentales en Europa, incluida España.

    No han transcurrido todavía 100 años desde la instauración de este Estado del Bienestar, y ya hay voces que propugnan su liquidación y sustitución por sistemas privados —de salud, de pensiones, etc.—, invitándonos a retroceder 100 años en nuestra evolución como sociedad.

    Sería bueno recordar estos hechos para valorar lo que tenemos y no dejarnos embaucar por cantos de sirena.