Geranio (Geranium)
Los seres humanos, y sus acciones no suelen ser categorías absolutas. Aunque se pueden utilizar —y de hecho es lo que se hace habitualmente— palabras que expresan conceptos absolutos, la realidad nos demuestra que perdemos precisión si no adjetivamos esos vocablos.
Decir hombre, bueno, inmoral, corrupto, etc. con frecuencia no refleja toda la complejidad de esa persona o situación. Casi nadie y casi nada es absoluto en sí mismo y para comprenderlos en su integridad se hace necesario matizar.
Un matiz es, entre otras cosas, un rasgo poco perceptible que da a algo o a alguien un carácter determinado. Por tanto, para referirnos a ese algo o alguien hay que mencionar no solo la categoría absoluta, sino añadir los matices que permiten a ese algo o alguien ser diferente a otros.
Lo que nos determina son los matices, no la categoría absoluta. Un hombre o una situación expresan poco, si no lo acompañamos de esos rasgos singulares que van a permitir establecer su individualidad con respecto a otros hombres o situaciones. Necesitamos expresar los rasgos distintivos que nos permitan aprehender su peculiaridad. Si nos quedamos en lo nominal, sin matizar, no estamos expresando la completa realidad de ese ser.
Pero matizar requiere tiempo y conocimiento de las palabras adecuadas para perfilar la realidad que se nos ofrece. Con respecto a lo primero, vivimos en un mundo apresurado donde el tiempo se ha convertido en el gran dictador. Tienen prisa hasta los que no tendrían ningún motivo para tenerla. Incluso se ve mal al individuo que no participa de esa norma general. Y en esta situación de aceleramiento hasta las palabras parecen sobrar, porque nos hacen perder tiempo.
Una consecuencia —parece que inevitable— es que el lenguaje se reduce y el lenguaje sincopado se extiende. Estas dos características hacen especialmente difícil encontrar las palabras adecuadas para perfeccionar la comprensión de nuestro entorno.
Quizás sea el momento de plantearnos si nuestra manera de manejar el lenguaje enriquece o empobrece las relaciones interpersonales, así como la comprensión de otras realidades ajenas a nosotros.
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