Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 27 de marzo de 2025

136. Clinicamente probado


 Milenrama dorada (Achilea filipendulina)

La publicidad nos tiene acostumbrados a recibir mensajes que pretenden darnos certezas sobre la calidad de los productos que se publicitan. Suelen ser mensajes cortos, que apelan a nuestros conocimientos previos para convencernos de que el producto en cuestión es bueno para nosotros. 

En los últimos años se publicitan numerosos productos alimenticios o cosméticos que llevan explicita la expresión clínicamente probado”. Con esta coletilla se pretende convencernos de que el producto que se nos oferta ha pasado el control de la medicina —la clínica es el ejercicio práctico de la medicina relacionado con la observación directa de los pacientes y con su tratamiento — y por lo tanto goza del aval de la ciencia médica. Es decir que los médicos han testado el producto y han concluido que es bueno para el fin al que va destinado.

Esta afirmación adolece, como mínimo, de una falta de precisión, que desvirtúa en gran medida el mensaje. No se nos dice quien o quienes han testado el producto ni los resultados que han obtenido. Nada se afirma sobre que los resultados obtenidos, si realmente se ha testado el producto, sean los que publicita la empresa fabricante.

Frente a esta publicidad tenemos que posicionarnos de una manera crítica. Primero deberíamos saber —podría figurar en el prospecto interior— qué médicos han probado el producto, con qué pacientes y en qué condiciones. Por otro lado, deberíamos conocer los resultados de la prueba, que pueden haber sido negativos, en cuyo caso demostrarían la inutilidad de lo que se publicita.

Es evidente que los consumidores no podemos tener los conocimientos necesarios para decidir sobre la veracidad de todos y cada uno de los productos que se nos ofertan. Pero también es cierto que hay una cierta experiencia global previa sobre lo ya conocido que puede ayudar en la decisión.

Tenemos una cierta pulsión hacia la novedad. Casi nos han convencido de que todo lo nuevo es bueno y mejor que lo previo. Pero debemos ser cautos ante lo que se nos ofrece. No todo lo publicitado como clínicamente probado ha pasado por el filtro de la medicina.

jueves, 13 de marzo de 2025

135. Edadismo

 


Citiso de los Alpes (Laburnum alpinum)

Un estereotipo —cliché, tópico— es una imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Nuestra sociedad está plagada de estereotipos, que no siempre coinciden con la realidad. En este artículo nos vamos a referir a los estereotipos relacionados con la edad.

Los estereotipos no son inocentes. Pueden tener y de hecho tienen repercusiones sobre el trato que reciben las personas. Un ejemplo típico es el tratamiento que reciben los mayores de familiares o personal sanitario. Ser tratados como niños o disminuidos mentales, recibir o dejar de recibir prestaciones y actuaciones de salud por parte de médicos y personal de enfermería en función de la edad más que del estado de salud son unas de las expresiones de esta actitud. Y a esto es a lo que se llama edadismo.

Así pues, por edadismo nos referimos a cómo se actúa, se siente y se piensa de una persona —o de uno mismo— en función de su edad.

Los estereotipos están tan incrustados en nosotros que, con frecuencia, actuamos de esta manera de forma inconsciente, muchas veces convencidos de que este tipo de comportamiento va a favor de la otra persona. Y esto es un error, ya que esta actitud en ocasiones no solo no les beneficia, sino que les perjudica.

Aunque no se han hecho muchos estudios sobre el tema de los tópicos relacionados con la edad, algunos estudios han demostrado que estos estereotipos, y los prejuicios y la discriminación que conllevan, perjudican directamente la salud de quienes los sufren.

Un informe publicado por la OMS en 2021[1] constató que uno de cada tres europeos se ha sentido en alguna ocasión víctima del edadismo. El edadismo no solo se produce a edades avanzadas, sino que también puede afectar a los más jóvenes. De hecho, en la vida laboral, a muchos jóvenes se les minusvalora por la falta de experiencia y a los de más edad se les considera demasiado mayores para continuar en el trabajo.

De todos modos, la salud de los mayores es la más perjudicada por las conductas edadistas. En el citado estudio se refiere como los sanitarios tienen mayores probabilidades de no usar respiradores, intervenciones quirúrgicas o diálisis a medida que aumenta la edad, sin que a veces haya diferencias notables de estado de salud. Asimismo, se menciona en el informe que el edadismo también contribuye a producir aislamiento social y soledad, propiciado tanto por el entorno de la persona como por la misma persona, que se retrae y aísla «de acuerdo con su edad».

Es evidente que las personas con mayor edad suelen tener más enfermedades que los más jóvenes. Pero dejarse llevar en exceso por los estereotipos puede resultar perjudicial para la salud de los afectados. No nos abandonemos al edadismo.



[1]https://www.who.int/es/teams/social-determinants-of-health/demographic-change-and-healthy-ageing/combatting-ageism/global-report-on-ageism/