Según el Survey Center on American Life en su artículo publicado en mayo de 2021 titulado «El estado de la amistad en los americanos: cambios, retos y perdidas», el porcentaje de ciudadanos de sexo masculino de ese país que asegura tener un mínimo de seis amigos cercanos se ha reducido a la mitad entre 1990 y 2022.
Los resultados de esta encuesta han merecido la atención de la prensa y de psicólogos y sociólogos norteamericanos, que han constatado que este especial tipo de relación de simpatía y afecto —la amistad— está disminuyendo entre los hombres, especialmente entre los más jóvenes. Y la experiencia nos demuestra que lo que existe en Estados Unidos pronto llega a nuestros lares.
Como vemos por las fechas que contempla el estudio —1990-2022—, este hecho viene produciéndose desde hace bastantes años, aunque los cambios de costumbres que se produjeron con motivo de la pandemia parecen haber agudizado esta tendencia, de tal modo que en la citada encuesta el 20% de los estadounidenses reconoce no conservar ningún amigo íntimo.
No sabemos de un estudio similar en nuestro país, pero si posteriores estudios confirman lo obtenido con esta encuesta, nos encontraríamos ante una alarmante disminución de la amistad como institución y como concepto, en el sentido en que la entendemos habitualmente.
Según los expertos, para que una amistad surja se necesita afinidad, voluntad, tiempo y la presencia física del otro. Una vez consolidada la relación, no es imprescindible la presencia, aunque una amistad «no presencial» pocas veces es considerada por los propios interesados como «amistad íntima o verdadera».
No es fácil explicar porque se estaría produciendo este fenómeno. Algunos apuntan a que podríamos estar ante un cambio del modelo clásico de amistad y que las dificultades de adaptación a este nuevo modelo serían las que causan esta sensación de pérdida. Los nuevos estilos de vida a los que ya estamos acostumbrados, con su permanente falta de tiempo, el teletrabajo y estar sumergidos en un mundo de múltiples relaciones, superficiales y poco significativas, a través de canales como las redes sociales, son algunos de los hechos que pueden estar en la base de este declive.
Ante esta posible explicación, la mayoría de los autores mantienen que la presencia, oírlos en persona, poderlos tocar, siguen siendo elementos básicos para la generación y mantenimiento de las amistades. Y que este mantenimiento a lo largo del tiempo requiere tiempo y esfuerzo, y la falta de esta dedicación podría explicar que muchas de ellas se vayan quedando en el camino, conforme vamos madurando y envejeciendo.
¿Desaparecerá la amistad? Como ha dicho alguien, si el culto a la amistad decae, será por falta de buenos feligreses.

