Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 26 de enero de 2017

23. Un buen médico



Azucena de porcelana (Alpinia zerumbet)


Desde la década de los sesenta del pasado siglo, y en lo que llevamos de este, la medicina ha alcanzado unos niveles de eficacia desconocidos anteriormente. Los médicos, cada vez más, basan sus decisiones en datos refrendados por la investigación científica, mediante complejos ensayos clínicos que —aunque aún con un cierto nivel de incertidumbre— conceden una fiabilidad a las decisiones médicas nunca alcanzada hasta ahora.

De las tres facetas que tiene el quehacer médico —asistencial, docente e investigadora—, esta última ha crecido exponencialmente, especialmente en los hospitales, alterando a veces el delicado equilibrio con las dos primeras. Esto ha sido reconocido por los pacientes que, en las sucesivas encuestas, alaban el nivel de la calidad de la asistencia sanitaria que reciben, pero se quejan de un cierto alejamiento del profesional, de no recibir a veces la atención humana que desearían.

Este déficit, que para algún lector pudiera parecer una añoranza de tiempos pasados, ha sido reconocido por una prestigiosa sociedad científica española que ha convocado entre sus asociados unos “Premios al Médico-Médico”.

La referida sociedad, de largo recorrido en su apoyo a la investigación y docencia, ha querido estimular la faceta clínica —asistencial—de sus miembros. Para ello, en su convocatoria, especifica las características que se valorarán para la concesión del citado galardón. Sin querer ser exhaustivos —son más de 20 las cualidades que se enumeran— mencionamos las siguientes: médicos que  aprecien  positivamente  el  contacto  con  el individuo enfermo, que hayan visitado personalmente a un número importante de pacientes (decenas o centenas de miles) a lo largo de su carrera profesional, que sepan responsabilizarse a conciencia a la hora de encargarse de intentar solucionar la patología de cada enfermo, que tengan un trato profesional y amable con los pacientes, que sean queridos y bien considerados profesionalmente por éstos, que generen una gran confianza a sus pacientes, que tengan paciencia y constancia durante la visita médica, que posean una buena capacidad diagnóstica, que tengan una dedicación horaria a la labor asistencial lo más completa posible, que sean reconocidos como clínicos excelentes por los compañeros del servicio y por los otros médicos de su centro, que sean requeridos con alguna frecuencia para visitar a otros compañeros médicos, así como que sean apreciados por los residentes y compañeros de trabajo por su buen hacer asistencial.

Es evidente que esta sociedad considera conveniente potenciar la faceta asistencial de sus miembros, sin detrimento de las otras dos, para seguir manteniendo el delicado y necesario equilibrio entre las tres facetas que definen al médico. 

jueves, 12 de enero de 2017

22. Inteligencia e inteligente

 


Rayito de sol (Delosperma coopera)


Aunque el concepto inteligencia tiene varias acepciones, prácticamente todas hacen referencia a la capacidad de entender o comprender, de resolver problemas. Así pues, según este criterio, las personas serían más o menos inteligentes en función de su capacidad de comprender y resolver determinadas cuestiones. Y para medir esta capacidad se idearon los test de inteligencia que, con mayor o menor fortuna, se siguen aplicando para evaluar la inteligencia de las personas.

Durante mucho tiempo entendimos que la inteligencia solo se podía dar en determinados contextos. Así se decía que inteligencia eran las habilidades necesarias que permitían a la persona tener éxito académico. Este criterio reduccionista negaba la posibilidad de ser inteligente a personas que no tuviesen estudios. Posteriormente se aceptó que la inteligencia como capacidad de procesar información y resolver problemas se podía encontrar en distintos marcos culturales. Dicho en otras palabras, que un pastor podía ser inteligente, al igual que un profesor universitario.

En 1983 un profesor de Harvard, Howard Gardner, formuló su teoría de las inteligencias múltiples. Según esta teoría la inteligencia no sería un concepto unitario, sino una red de conjuntos autónomos, relativamente interrelacionados entre sí. Así habría una inteligencia lingüístico-verbal, lógico-matemática, viso-espacial, musical, corpóreo-cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista, y otras más que se han descrito —inteligencia emocional— o están a punto de describirse.

Según este profesor habría individuos muy inteligentes en unos aspectos —por ejemplo, lógico-matemático— que podían ser muy torpes en su relación con las personas, tener dificultades para captar lo que ven, o ser incapaces de orientarse.

Esta teoría ha sido criticada, y no está generalmente aceptada, ya que algunos autores piensan que lo que Gardner llama inteligencias son en realidad habilidades, expresivas de una única inteligencia global.

De una forma u otra, lo cierto es que la teoría de Gardner nos podría ayudar a entender como algunas personas, que la mayoría consideramos de escasa inteligencia, llegan a ocupar cargos relevantes en la sociedad.