Lirio abierto (Crocus flavus)
Hoy se celebra la Fiesta Nacional de España. Es un día festivo —como no podía ser menos— que la gente aprovecha para diversas cosas, como cualquier domingo o día festivo del año. Pero hoy es una fiesta que, se supone, es la más importante, la que todo el mundo debería celebrar.
La fiesta fue creada en 1892, pasando desde entonces el día 12 de octubre a ser festivo en toda España, queriendo darle un significado especial al día en que España descubrió América. A principios del siglo XX pasó a denominarse Fiesta de la Raza —la española, por supuesto— y a partir de 1931 se decretó su cambio a Fiesta de la Hispanidad, resaltando el hecho del descubrimiento de América y la incorporación de esos inmensos territorios a la corona española.
Los ya muy mayores recordamos que en esta fecha el franquismo alardeaba a bombo y platillo del «glorioso» pasado del «Imperio Español» y no había habitante de nuestro país que ignorara que el 12 de octubre fue el día que Colón llegó a América, dando lugar con esa llegada al nacimiento del «Imperio Español».
Afortunadamente esta forma de celebración esta ya olvidada. La llegada de la democracia hizo revisar los conceptos en los que se basaba esta denominación. Conquista, Imperio, Aculturación, etc. parecían ideas poco concordantes para un país que había alcanzado la libertad y aceptado los estándares de vida occidentales. Por ello, la ley 18/1987 de 7 de octubre cambió el nombre a Fiesta Nacional de España.
Este cambio tuvo dificultades para expresar lo que se quería celebrar. Así, en un ejercicio de equilibrio conceptual, en la exposición de motivos de la ley se expresa que «La fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos».
Han pasado 37 años y la celebración dista de ser vivida por los españoles como la «Fiesta Nacional de España». Aunque no disponemos de una encuesta amplia sobre el tema, las parciales publicadas nos dicen que la inmensa mayoría de los menores de 40 años desconocen lo que hay detrás de esta celebración.
La inmensa mayoría de los países tienes su «Fiesta Nacional» y en ellas se suelen realizar actuaciones que no son las de cualquier día festivo. Por poner solo algunos ejemplos conocidos, en Francia, el 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla, se festeja con verbenas y bailes populares por todo el país. En Estados Unidos, el 4 de julio —celebración de la independencia— además de la comida especial en las casas, el día siempre culmina con un vistoso castillo de fuegos artificiales. En los países latinoamericanos, las «fiestas patrias» —el equivalente de la fiesta nacional— son un acontecimiento popular que se celebra con festejos, cohetes y barbacoas.
En España la fiesta se solventa con actos administrativos internos y un desfile militar en una ciudad, que en la actualidad resulta poco atractivo para la ciudanía. Esto no es malo en sí. Simplemente es diferente.
Este tema podría ser un asunto digno de estudio por antropólogos sociales y sociólogos. Quizás tenga algo que ver con la difícil relación que los españoles mantenemos con nuestro pasado, con nuestra historia.
