Crepúsculo
La Navidad es una fiesta típicamente cristiana que se ha venido celebrando en los países occidentales desde hace varios siglos. Los historiadores nos informan de que había una fiesta pagana por esas fechas, que la Iglesia sacralizó convirtiéndola en la conmemoración del nacimiento de Jesucristo, que para las concepciones cristianas es el hijo de Dios.
La conmemoración tuvo siempre un doble componente. Por un lado, había actos religiosos vinculados a la fecha, y por otro se celebraba una fiesta, primero privada —familiar—, y luego pública, de formato diverso según los países, pero siempre de claro contenido lúdico
En Occidente, el aspecto religioso de la celebración ha ido perdiendo peso a favor del componente festivo. Parece evidente que el mundo occidental viene experimentando un lento proceso de laicización, donde el significado original de la Navidad se va diluyendo, cuando no deliberadamente ignorando.
A la par que se produce este proceso, y fruto de la globalización, algunos pueblos de otras culturas —chinos, japoneses, algunos países africanos, por no mencionar más que algunos—están incorporando la fiesta de la Navidad, aunque sin el componente religioso que lo sustenta. Así, en estos días, muchas de sus calles se adornan con luces, se hacen regalos, e incluso incorporan al aséptico —y publicitario—señor de rojo llamado Papá Noel.
Nuestro país no es ajeno a este proceso. A la inercia secularizadora —pasiva—, se ha unido en los últimos años un activo proceso por parte de algunas instancias. Centros en los que no se autoriza a montar un belén, ayuntamientos que ya no instalan portales, sustitución de las imágenes alegóricas en los adornos navideños por motivos geométricos, etc., son algunas muestras de esta tendencia. Incluso hay algún movimiento ciudadano que directamente propone cambiar el nombre a la festividad y sustituirla por otro laico, tal como Fiesta del Solsticio de Invierno.
No sabemos cómo esta aparente contradicción —celebrar el nacimiento de Jesús sin Jesús— acabará resolviéndose. La tendencia es al sincretismo. Probablemente Navidad sin Natividad será la propuesta ganadora.

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