Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 20 de julio de 2017

31. Adquirir conocimiento

    


 Coleus canina (Plectranthus caninus)

    Hace unas semanas hablaba en el blog del valor de la lectura para adquirir conocimientos. Recientemente —en un simposio internacional sobre educación en general— se ha hecho énfasis en que para la adquisición de conocimientos es necesario practicar la lectura comprensiva, la expresión oral o escrita, el cálculo y el razonamiento. A estas actividades se las establece como recursos instrumentales necesarios para la incorporación de las aptitudes, competencias y capacidades que definimos como educación.

    La sociedad gasta enormes recursos en formar a los jóvenes intentando capacitarlos para el mercado laboral. Sin embargo, está formación —que antaño se planteaba como definitiva— se ha revelado como transitoria. Hay una general creencia en que los conocimientos adquiridos hoy probablemente no serán útiles para el ejercicio profesional de mañana. Y por ello se insiste en que una de las facetas de la enseñanza debe ser “aprender a aprender”. La denostada y manoseada, pero no menos necesaria, formación continuada. Y muchas veces no en el área de conocimiento elegida inicialmente, sino en áreas de las que no sabemos nada.

    Esto no solo se aplica a los jóvenes, sino que —se dice— afecta a la inmensa mayoría de los empleados de hoy, que deberán “reinventarse” periódicamente desde el punto de vista laboral. Habrán de enfrentarse al reto continuo de adquirir nuevos conocimientos que les puedan ser útiles en un mercado laboral cambiante. Tendrán varias ocupaciones a lo largo de su vida, para las que parte —o todas— las herramientas adquiridas no les servirán, y tendrán que utilizar unas nuevas.

    Como parece, la adquisición de nuevos conocimientos va a ser un continuo en nuestras vidas. Conocimientos para tener capacidad de razonamiento, de entender y discernir el mundo social y material que nos ha tocado vivir. Se hace necesario conocer los códigos de la comunicación con los que se expresa y transmite la cultura. Entender lo que se lee y explicar lo que se quiere decir, entender lo que se oye y razonar sobre lo que queremos saber. En definitiva, se necesita una alfabetización critica de los ciudadanos.

    Los expertos ya nos han dicho —ver el principio— cuáles son los recursos instrumentales necesarios para adquirir estos conocimientos. De la sociedad —o sea, de cualquiera de nosotros en nuestro ámbito— depende que se utilicen o no.