Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 7 de noviembre de 2019

63. Hecho diferencial


Falso azafrán (Crocus neapolitanus)

Una de las expresiones que recordamos de Jordi Pujol —presunto delincuente, ya que aún no ha sido condenado en firme— es la de "hay que respetar el hecho diferencial de Cataluña", petición que realizaba en sus numerosas presencias públicas

Si hemos de interpretar lo que se reclamaba tenemos que recurrir a explicar que es ser diferente. Se dice que una cosa es diferente cuando es diversa, distinta, cuando no es parecida, cuando tiene cualidades particulares. En este sentido es claro que Cataluña es diferente de otras partes de España. Y lo es porque tiene características que le son propias y que no ostentan otras partes del Estado.

Pero no es la única que tiene cualidades diferentes. Todas las comunidades humanas tienen particularidades que son diferentes a las de otras comunidades, peculiaridades que posee cualquier territorio o colectividad, que le son propias, y que lo hacen diferente —en mayor o menor medida— a otros espacios del entorno.

Por otro lado, es público y notorio que en Cataluña se viven, utilizan y ostentan todas sus peculiaridades con total libertad. Lengua, usos y costumbres propias son practicadas en todo su territorio sin que nada ni nadie les impida su realización y manifestación.

Entonces ¿qué quería decir el señor Pujol con lo del hecho diferencial? Para explicarlo quizás podamos recurrir a lo que ocurre con los individuos o los pueblos. Aunque el tema es complejo, en aras de la brevedad que impone un artículo de este tipo, intentaremos simplificarlo.

Hay individuos o pueblos cuyas características o peculiaridades —económicas, sociales, políticas— están objetivamente en situación de inferioridad a las de otros pueblos o individuos. Pero generalmente éstos no reclaman su diferencia. No quieren ser considerados diferentes. Muy al contrario, quisieran ser como los otros, iguales a los que están en mejor situación que ellos. 

Entonces ¿qué diferencias reclamaba el expresidente? Cuando se pide reconocimiento para la diferencia, con frecuencia subyace un sentimiento de superioridad que no se quiere hacer explicito. Se reclama ser considerado diferente para que se valore la diferencia como preeminencia. Y este sentimiento se define políticamente como supremacismo, la doctrina que mantiene la superioridad de unos pueblos con respecto a otros.

Sería bueno que nos aclararan lo que se pretende al reclamar el hecho diferencial.