Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

domingo, 21 de noviembre de 2021

84. Innovación crítica

 

Magnolia (Magnolia grandiflora)

Hace ya algunos años que a las conocidas siglas de I+D —Investigación y Desarrollo— se le añadió una i minúscula —I+D+i—, letra que tardamos algún tiempo en saber que significaba Innovación.

Hay palabras que gozan de una gran aceptación social, aunque a veces no se tenga una clara idea de su significado. Una de estas palabras es innovación. Su invocación produce una fascinación, que no siempre esta debidamente justificada, aunque es evidente que su práctica ha producido una ingente cantidad de avances que hemos de valorar como muy positivos.

El desarrollo científico y tecnológico ha aumentado extraordinariamente nuestra capacidad de satisfacer nuestras necesidades, pero parece que esta formidable capacidad nos ha llevado a situaciones que nos están provocando serios problemas, que afectan a nuestra calidad de vida. A titulo de ejemplo, véanse algunas de las consecuencias que la actuación del hombre ha provocado —cambio climático, contaminación ambiental, islas de plástico en los océanos, etc.—, que son también, no hay que olvidarlo, consecuencias de la innovación.

En contra de la opinión generalizada, la innovación no siempre es positiva. La creencia de que una idea es necesariamente mejor por el mero hecho de ser más reciente es falsa. Este afán de novedades —las marcas comerciales conocen bien el atractivo del vocablo «nuevo»— no siempre se acompaña de un adecuado conocimiento del fin que se persigue con la innovación.

Una muestra de esta falta de crítica sobre la «siempre beneficiosa» innovación la tenemos en la aparición de nuevos ámbitos de deliberación política. La promesa de que las redes sociales iban a mejorar la calidad de las democracias, facilitando el acceso de los individuos al conocimiento de la actividad política, y de su participación en dichas actividades, se ha demostrado falaz. No es solo la existencia de las tremendamente difundidas «fake news» —mentiras—, sino que la enorme sobreexposición a las informaciones esta dificultando la necesaria reflexión sobre ellas, así como estimulando reacciones emotivas que poco contribuyen al necesario debate racional.

La ciencia y el conocimiento gozan de una aceleración que es tremendamente productiva. Por ello se hace mas necesario que nunca una reflexión critica, que nos permita orientar los fines que su gran capacidad transformadora persigue. Si no corremos el riesgo de ser engullidos por nuestras creaciones.