Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 1 de mayo de 2025

138. Confianza en la ciencia e ideologías


Tulipán (Tulipa gesneriana)

Aunque pueda parecer mentira, determinadas opciones políticas han desarrollado una desconfianza importante —si no absoluta— en la ciencia.

Desde el pasado siglo, especialmente en su segunda mitad, la utilización del método científico para la obtención de conocimientos —para generar ciencia— ha desmontado numerosas creencias que se aceptaban como ciertas y auténticas. Desde hace años la comunidad científica solo acepta como válidos los conocimientos adquiridos con las reglas y principios del método científico. Y ello con la finalidad de minimizar la influencia de la subjetividad en beneficio de la objetividad.

A pesar de esto, de forma sorprendente, durante la pandemia y en los años posteriores, la extrema derecha y algunos grupos de la derecha han desarrollado una desconfianza hacia determinados hallazgos de la ciencia que son difíciles de entender. Uno de los más llamativos, pero quizás no el más importante, es el repetido tema de las vacunas. Después de más de 125 años del invento de la primera vacuna hasta nuestros días, miles de millones de personas se han beneficiado de los efectos de este genial invento al que algunos no dan credibilidad.

Esta desconfianza hacia la ciencia se ha ampliado en los últimos años a organismos que se han desarrollado sometidos al rigor y la disciplina científica. Recuérdense los recelos ante el comité de expertos sobre la COVID y, en la pasada DANA, las críticas a la Aemet.

Esta negación amenaza no solo la convivencia y la toma de decisiones informadas, sino que también pone en peligro la vida misma de los ciudadanos en general y la de los votantes de estas ideologías en particular, como ha demostrado un estudio realizado en 2023 en la Universidad de Yale (Estados Unidos) (1)

Es conocido que en EEUU los votantes conservadores, alentados por el populismo anticientífico, dudan de las vacunas y muchos de ellos no se vacunaron contra la COVID. Por ello el trabajo analizó más de medio millón de muertes por COVID en los estados norteamericanos de Ohio y Florida y las cotejó con el censo de votantes registrados. El resultado de su análisis fue llamativo: el exceso de mortalidad entre los votantes republicanos «fue un 43% más alto» que entre los votantes demócratas, comprobando que «la brecha fue mayor en los condados con tasas de vacunación más bajas». 

Ahora que estas ideologías van ganando adeptos quizás fuera bueno recordarles que, al menos en algunos aspectos, los perjudicados por su ideología no son solo sus adversarios políticos, sino incluso ellos mismos. 


(1) Excess Death Rates for Republican and Democratic Registered Voters in Florida and Ohio During the COVID-19 Pandemic. Jacob Wallace, PhD, Paul goldsmith-Pinkham, Jason L. Schwartz. JAMA Intern Med. 2023;183(9):916-923. doi:10.1001/jamainternmed.2023.1154                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

jueves, 10 de abril de 2025

137. No son milagros, sino decisiones acertadas.

 


Hortensia (Hydrangea macrophyla)
 
    Diversas encuestas nos ponen de manifiesto que en España —parece que en otros países también— hay un importante número de ciudadanos que en la actualidad viven ajenos a la realidad política del país. Unos porque, al contemplar el panorama que aparece en los medios de comunicación convencionales, no les gusta la realidad que les ofrecen. Otros porque prefieren la inmediatez y simpleza de las informaciones que les llegan a través de las redes sociales, aunque muchas veces sean conscientes de lo ajenas a la realidad que son dichos mensajes.

Buena parte de estos fugitivos de la información sobre la realidad —sobre lo que de verdad está ocurriendo en nuestro entorno—son conscientes de que la actividad política y la calle viven en dos realidades paralelas y casi especulares. Y es que seguir la actualidad a través de lo que nos llega por diversas vías, supone en muchos casos, sentirse parte del coro de una dolorosa y permanente tragedia griega de la que algunos nos prometen salir en menos de un mes si acertamos a elegir al correcto «deus ex machina», es decir, ese ser que, como en el teatro clásico griego aparecía caído del cielo para resolver todos nuestros problemas en un instante

«Deus ex machina» es una expresión latina que viene a decir que un dios descenderá de la máquina para solucionar los problemas de los humanos. El término se origina en las antiguas tragedias griegas donde, en momentos culminantes de la obra que se representaba, una grua o artefacto similar —«machina»— hacia descender «del cielo» al personaje que representaba al dios de turno, que solucionaba el problema —el mal— en el que se hallaban inmersos los personajes de la obra. Modernamente el termino se ha ampliado a la cotidianeidad y se usa para referirse a un personaje o acontecimiento inesperado que aporta una solución oportuna a una situación dramática.

Ahora viene a colación lo que se ha dado en llamar «Paradoja de Epicuro» —no esta claro si este autor griego fue el que la formuló— o «Paradoja de dios y el mal”. Esta paradoja establece lo siguiente para la existencia de dios y el mal. Y se formuló en cuatro premisas. Según ella, dios para acabar con el mal tiene estas cuatro opciones:

Si quiere y no puede, es impotente.

- Si puede y no quiere, no es bueno.

- Si ni quiere, ni puede, no sería un dios.

- y si quiere y puede, ¿por qué no acaba con él?

Para dar respuesta a esta paradoja, uno de los argumentos de más éxito que se ha utilizado es la del libre albedrio. Según esto los seres humanos somo libres y racionales y hemos sido dotados de la posibilidad de elegir entre lo bueno y lo malo, entre lo mejor y lo peor. Fruto de esta capacidad sabemos —¿o deberíamos saber? — que el mundo en que vivimos no es ni va a ser perfecto. Y que los vendedores de quimeras que nos ofrecen paraísos también saben por experiencia personal e histórica que las felicidades que nos ofrecen con frecuencia se convierten en infiernos.

Llevando estos temas a la actividad política, y por tanto a la vida en sociedad, ni el gobierno tiene atributos divinos, ni es capaz de instaurar el paraíso. Y no es cuestión de que quiera o pueda. Sencillamente, al igual que ocurre con la propia paradoja, se ha de tener en consideración la libertad humana. Si somos tan libres como para poder negar la existencia de un dios, no parece lógico que podamos invocar ciegamente a un gobierno, sea el que sea, como para aspirar a que actúe como el «deus ex machina» de las tragedias griegas y solvente todos nuestros problemas. Y la invocación de diferentes dioses conduce con frecuencia a que ninguna de sus actuaciones sea posible ni viable. 

Somos todos y cada uno de nosotros, juntos y/o por separado quienes tenemos que responder a los problemas que nos afectan con eficiencia y racionalidad. Y esta consciencia debería ser el alma de la política.

 Bueno sería que utilizáramos esta cualidad —el libre albedrio— para no apartarnos del todo de la realidad en la que vivimos y elegir aquellas opciones más realistas y adecuadas. Dejemos el «deus ex machina» para el teatro y no para la política.

jueves, 27 de marzo de 2025

136. Clinicamente probado


 Milenrama dorada (Achilea filipendulina)

La publicidad nos tiene acostumbrados a recibir mensajes que pretenden darnos certezas sobre la calidad de los productos que se publicitan. Suelen ser mensajes cortos, que apelan a nuestros conocimientos previos para convencernos de que el producto en cuestión es bueno para nosotros. 

En los últimos años se publicitan numerosos productos alimenticios o cosméticos que llevan explicita la expresión clínicamente probado”. Con esta coletilla se pretende convencernos de que el producto que se nos oferta ha pasado el control de la medicina —la clínica es el ejercicio práctico de la medicina relacionado con la observación directa de los pacientes y con su tratamiento — y por lo tanto goza del aval de la ciencia médica. Es decir que los médicos han testado el producto y han concluido que es bueno para el fin al que va destinado.

Esta afirmación adolece, como mínimo, de una falta de precisión, que desvirtúa en gran medida el mensaje. No se nos dice quien o quienes han testado el producto ni los resultados que han obtenido. Nada se afirma sobre que los resultados obtenidos, si realmente se ha testado el producto, sean los que publicita la empresa fabricante.

Frente a esta publicidad tenemos que posicionarnos de una manera crítica. Primero deberíamos saber —podría figurar en el prospecto interior— qué médicos han probado el producto, con qué pacientes y en qué condiciones. Por otro lado, deberíamos conocer los resultados de la prueba, que pueden haber sido negativos, en cuyo caso demostrarían la inutilidad de lo que se publicita.

Es evidente que los consumidores no podemos tener los conocimientos necesarios para decidir sobre la veracidad de todos y cada uno de los productos que se nos ofertan. Pero también es cierto que hay una cierta experiencia global previa sobre lo ya conocido que puede ayudar en la decisión.

Tenemos una cierta pulsión hacia la novedad. Casi nos han convencido de que todo lo nuevo es bueno y mejor que lo previo. Pero debemos ser cautos ante lo que se nos ofrece. No todo lo publicitado como clínicamente probado ha pasado por el filtro de la medicina.

jueves, 13 de marzo de 2025

135. Edadismo

 


Citiso de los Alpes (Laburnum alpinum)

Un estereotipo —cliché, tópico— es una imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Nuestra sociedad está plagada de estereotipos, que no siempre coinciden con la realidad. En este artículo nos vamos a referir a los estereotipos relacionados con la edad.

Los estereotipos no son inocentes. Pueden tener y de hecho tienen repercusiones sobre el trato que reciben las personas. Un ejemplo típico es el tratamiento que reciben los mayores de familiares o personal sanitario. Ser tratados como niños o disminuidos mentales, recibir o dejar de recibir prestaciones y actuaciones de salud por parte de médicos y personal de enfermería en función de la edad más que del estado de salud son unas de las expresiones de esta actitud. Y a esto es a lo que se llama edadismo.

Así pues, por edadismo nos referimos a cómo se actúa, se siente y se piensa de una persona —o de uno mismo— en función de su edad.

Los estereotipos están tan incrustados en nosotros que, con frecuencia, actuamos de esta manera de forma inconsciente, muchas veces convencidos de que este tipo de comportamiento va a favor de la otra persona. Y esto es un error, ya que esta actitud en ocasiones no solo no les beneficia, sino que les perjudica.

Aunque no se han hecho muchos estudios sobre el tema de los tópicos relacionados con la edad, algunos estudios han demostrado que estos estereotipos, y los prejuicios y la discriminación que conllevan, perjudican directamente la salud de quienes los sufren.

Un informe publicado por la OMS en 2021[1] constató que uno de cada tres europeos se ha sentido en alguna ocasión víctima del edadismo. El edadismo no solo se produce a edades avanzadas, sino que también puede afectar a los más jóvenes. De hecho, en la vida laboral, a muchos jóvenes se les minusvalora por la falta de experiencia y a los de más edad se les considera demasiado mayores para continuar en el trabajo.

De todos modos, la salud de los mayores es la más perjudicada por las conductas edadistas. En el citado estudio se refiere como los sanitarios tienen mayores probabilidades de no usar respiradores, intervenciones quirúrgicas o diálisis a medida que aumenta la edad, sin que a veces haya diferencias notables de estado de salud. Asimismo, se menciona en el informe que el edadismo también contribuye a producir aislamiento social y soledad, propiciado tanto por el entorno de la persona como por la misma persona, que se retrae y aísla «de acuerdo con su edad».

Es evidente que las personas con mayor edad suelen tener más enfermedades que los más jóvenes. Pero dejarse llevar en exceso por los estereotipos puede resultar perjudicial para la salud de los afectados. No nos abandonemos al edadismo.



[1]https://www.who.int/es/teams/social-determinants-of-health/demographic-change-and-healthy-ageing/combatting-ageism/global-report-on-ageism/

jueves, 27 de febrero de 2025

134. La ambición mata al hombre

 


Ojo de buey (Glebionis coronaria)

 

Aunque pueda parecer mentira todavía existen. Los estafadores tradicionales del pasado siglo aún consiguen engañar a algunos. Y aunque el cambio de los modos de vida ha disminuido drásticamente su número, aún es posible ver por algunas calles y plazas a los trileros, los del timo de la estampita, los del décimo premiado y tantos otros.

En aquellos años se creía que la adquisición de un mayor nivel de educación acabaría con ellos. Que la gente aprendería definitivamente que nadie da, como se decía entonces, «duros a peseta» o, con la moneda actual, «nadie da euros a céntimos». Pero la llegada de las nuevas tecnologías vino a demostrarnos que estábamos en un error. Parecía que, a pesar del mayor nivel educativo, todavía quedaban algunos incautos que, movidos por su ambición, seguían cayendo en las redes de estos delincuentes que se iban adaptado a los nuevos tiempos.

En los últimos años del pasado siglo y los primeros de este, con el auge de internet, aparecieron nuevas formas de explotar la ambición de algunos. Con esta tecnología aparecieron nuevos timos que seguían basados en esa pulsión eterna que mueve a los humanos: la ambición.

Entonces se hicieron famosos los décimos premiados en Nigeria, que necesitaban nuestra ayuda para poder cobrarlos en el extranjero, las viudas tanzanas que necesitaban nuestra colaboración para poder sacar sus diamantes de su país, etc. A ello se unieron las empresas que necesitaban desprenderse de unos supuestos stocks de alta tecnología a precios increíblemente baratos, o empresas que nos darían bonos o dinero si enviábamos determinado mensaje a nuestros contactos, etc. Y muchos siguieron picando, convencidos de que las propuestas eran un chollo que aprovechar y que los demás eran los tontos y ellos los listos.

A los estafados no les importaba que los mensajes que recibían estuvieran escritos en un lamentable español, que las autoridades advirtieran hasta la saciedad que no se debían compartir las claves, que los bancos nunca piden nuestros datos, etc. A pesar de la abundante información disponible, ya no sabemos si es la ambición, la estupidez o qué otra razón hace que las victimas sigan convencidas de que esta vez el mensaje sí es verdad y continúan cayendo en la trampa.

En la dos últimas décadas las cosas han cambiado radicalmente. El perfeccionamiento de las herramientas informáticas, la aparición de nuevas y espectaculares tecnologías —como la Inteligencia Artificial— y la casi permanente conexión de las personas a los móviles y a las redes han hecho cada vez más difícil diferenciar la realidad de la ficción y, por lo tanto, la verdad de la estafa. Los mensajes falsos imitan con tal perfección a los verdaderos que hoy es realmente difícil defenderse de los timadores.

Hasta hace poco, para estos temas, seguía siendo válida la afirmación de que «la ambición mata al hombre». Ahora ya no parece que sea solo la ambición la que hace picar a la gente.

domingo, 16 de febrero de 2025

133. Sincericidio

 


Clemátide (Clematis vitalba)


Si revisamos el diccionario de la Real Academia Española, la palabra sinceridad aparece definida como sencillez, veracidad, modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento. Junto a ello aparecen sus sinónimos que son: franqueza, honradez, veracidad, confianza, lealtad, naturalidad, espontaneidad, cordialidad, sencillez, simpleza, claridad, seriedad, hondura.

Todos estos conceptos gozan de una notable apreciación social. Los que se expresan con sinceridad son valorados, en la mayoría de los casos, de forma positiva por sus interlocutores. Pero no siempre es así. Las palabras expresadas con estas premisas tienen receptores. Y a veces para el receptor no es el momento adecuado, o no está en condiciones de aceptarlas sin dolor. 

Algunas personas se escudan en virtudes como la franqueza o la honestidad para pronunciar palabras impertinentes o expresar opiniones que pueden herir los sentimientos del escuchante. El que así actúa lo hace a veces de forma impulsiva, sin consciencia de los efectos que pueden producir sus palabras. Con frecuencia estas personas entienden por honestidad expresar lo primero que se les pasa por la cabeza, sin tener en cuenta que la persona a la que se dirige tiene sentimientos y emociones, y que lo que se dice puede causarle malestar o daño.

A veces, con estos comentarios, se genera un sentimiento de culpa en el interlocutor, y no se valora que quizás el mensaje no está adecuadamente formulado o no es pertinente en ese momento. Saber escoger el momento, la forma y el lugar para sacar a relucir según qué temas puede ayudar a mantener las relaciones interpersonales. No hacerlo puede llevar a lo que algunos psicólogos han dado en llamar «sincericidio».

Aunque pueda parecer una lección fácil de entender, se sigue oyendo repetidamente la frase «yo es que soy muy sincero». Y puede que el que así se expresa quizás esconda una carencia de voluntad de autocrítica, escudado en el hecho de que la sinceridad es una cualidad muy aplaudida.

¿Se puede decir la verdad sin herir los sentimientos del otro? No es tarea fácil ponderar previamente en lo que se va a decir y cómo y cuándo hacerlo. Aunque ello es posible, encontrar ese equilibrio es muy difícil para algunas personas.

La sinceridad sigue siendo una cualidad positiva, pero el cómo y cuándo utilizarla sigue siendo una tarea pendiente para muchos. 

Es posible pensar lo que se dice sin decir lo contrario a lo que se piensa.

miércoles, 29 de enero de 2025

132. España democracia plena


Margarita de las lluvias (Dimorphoteca pluvialis)

El semanario inglés The Economist es una publicación cuyo primer número apareció en 1843. De ideología liberal y sede en Londres, aborda la actualidad de las relaciones internacionales y de la economía desde un marco global. 

La revista tiene un prestigio muy consolidado y, desde hace 17 años, su Unidad de Inteligencia elabora un Índice de Democracia que valora la calidad de la democracia en el mundo, índice en el que analiza a 167 países. Para su elaboración se basa en cinco categorías: proceso electoral y electoralismo, funcionamiento gubernamental, participación política, cultura política y libertades civiles.

El índice, que establece valores de 0 a 10 puntos, clasifica a los diferentes países en cuatro grupos: democracia plena, democracia imperfecta, régimen híbrido y régimen autoritario. En el de democracias plenas todos los países alcanzan una puntuación superior a 8.

En el análisis del año 2023, el primer grupo —democracias plenas— lo forman 24 países, ocupando los cinco primeros puestos Noruega, Nueva Zelanda, Islandia, Suecia y Finlandia. Los cinco últimos del último grupo —regímenes autoritarios— son Siria, República Centro Africana, Corea del Norte, Myanmar y Afganistán.

Con los datos publicados se observa que menos de la mitad de la población del planeta — cerca del 46%— vive en algún tipo de democracia, aunque solo un 8% lo hace en alguna de las 24 democracias plenas. Según este estudio, el grupo de regímenes autoritarios está formado por 59 países, lo que supone más de un 39% de la población mundial.

Quizás lo más destacable de los datos de 2023 es que son los peores desde que el índice se comenzó a publicar en 2006. En este año el índice medio de la calidad de la democracia en el mundo ha sido de 5,23, por debajo del obtenido en 2021 —5,28—, cuando la pandemia del coronavirus obligo a confinar a la población y a tomar medidas restrictivas de las libertades en la mayoría de los países del mundo.

Por lo que respecta a España, en ese mismo año la revista la sitúa como una de las 24 democracias plenas del mundo, gracias sobre todo a la calidad del sistema electoral, el nivel de pluralismo y del ejercicio de las libertades civiles. En el ranking España ocupa el puesto 24, empatada con Francia, obteniendo estos dos países una puntuación de 8,07. Aunque pueda parecer bajo, los españoles pertenecen a ese escaso 8% que viven en democracias plenas, y España aparece por encima de democracias consolidadas de nuestro entorno, como Portugal, Bélgica, Italia o Estados Unidos, que figuran como democracias imperfectas.

 Con estos datos, donde se observa un descenso del índice medio desde hace 17 años, el tema de la calidad de la democracia empieza a preocupar en occidente. El efecto de las redes y los resultados de recientes elecciones son motivo de inquietud. Aunque los resultados para España son alentadores, es evidente que hay que estar vigilantes. La democracia no es imperecedera.