Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

miércoles, 29 de enero de 2025

132. España democracia plena


Margarita de las lluvias (Dimorphoteca pluvialis)

El semanario inglés The Economist es una publicación cuyo primer número apareció en 1843. De ideología liberal y sede en Londres, aborda la actualidad de las relaciones internacionales y de la economía desde un marco global. 

La revista tiene un prestigio muy consolidado y, desde hace 17 años, su Unidad de Inteligencia elabora un Índice de Democracia que valora la calidad de la democracia en el mundo, índice en el que analiza a 167 países. Para su elaboración se basa en cinco categorías: proceso electoral y electoralismo, funcionamiento gubernamental, participación política, cultura política y libertades civiles.

El índice, que establece valores de 0 a 10 puntos, clasifica a los diferentes países en cuatro grupos: democracia plena, democracia imperfecta, régimen híbrido y régimen autoritario. En el de democracias plenas todos los países alcanzan una puntuación superior a 8.

En el análisis del año 2023, el primer grupo —democracias plenas— lo forman 24 países, ocupando los cinco primeros puestos Noruega, Nueva Zelanda, Islandia, Suecia y Finlandia. Los cinco últimos del último grupo —regímenes autoritarios— son Siria, República Centro Africana, Corea del Norte, Myanmar y Afganistán.

Con los datos publicados se observa que menos de la mitad de la población del planeta — cerca del 46%— vive en algún tipo de democracia, aunque solo un 8% lo hace en alguna de las 24 democracias plenas. Según este estudio, el grupo de regímenes autoritarios está formado por 59 países, lo que supone más de un 39% de la población mundial.

Quizás lo más destacable de los datos de 2023 es que son los peores desde que el índice se comenzó a publicar en 2006. En este año el índice medio de la calidad de la democracia en el mundo ha sido de 5,23, por debajo del obtenido en 2021 —5,28—, cuando la pandemia del coronavirus obligo a confinar a la población y a tomar medidas restrictivas de las libertades en la mayoría de los países del mundo.

Por lo que respecta a España, en ese mismo año la revista la sitúa como una de las 24 democracias plenas del mundo, gracias sobre todo a la calidad del sistema electoral, el nivel de pluralismo y del ejercicio de las libertades civiles. En el ranking España ocupa el puesto 24, empatada con Francia, obteniendo estos dos países una puntuación de 8,07. Aunque pueda parecer bajo, los españoles pertenecen a ese escaso 8% que viven en democracias plenas, y España aparece por encima de democracias consolidadas de nuestro entorno, como Portugal, Bélgica, Italia o Estados Unidos, que figuran como democracias imperfectas.

 Con estos datos, donde se observa un descenso del índice medio desde hace 17 años, el tema de la calidad de la democracia empieza a preocupar en occidente. El efecto de las redes y los resultados de recientes elecciones son motivo de inquietud. Aunque los resultados para España son alentadores, es evidente que hay que estar vigilantes. La democracia no es imperecedera.

2 comentarios:

  1. Muy interesante y sorprendente a la vez. Una vez más, la sensación pesimista hacia los valores de nuestro país visto por nosotros vuelve a ser superado por como nos ven de una manera menos parcial, aunwue precisamente sea del país que tanto contribuyó a nuestro desprestigio con la leyenda negra y con ella s deteriorarnos nuestra autoestima colectiva.
    Y me quedo con la última frase: la democracia, como el amor, hay que cuidarla diariamente, no se autoalimenta porque todavía es un niño de pecho.

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  2. Ese logro democrático me parece muy bien pero creo que significa muy poco desde el punto de vista de”humano”
    Al vivir en un país democrático se siente uno encajado en un puzle multicolor, es como si viajáramos en un tren cada uno en su asiento. Así se nos puede clasificar pero ¿que hay de las prácticas corruptas? ¿Que hay de la inoperatividad ante los genocidios? ¿Quien se ocupa de verdad en que los jóvenes tengan trabajo y casa? ¿Hay muchos que prefieran unirse al fuerte contra el débil? ¿Se ha optado alguna vez en la vida por “satisfacer” al fuerte despreciando al débil solo porque es débil? Aquellos que alguna vez han tenido la opción de mandar y decidir ¿lo han hecho en beneficio de los demás o han priorizado el mantener su propio status?¿Que valores profundos graba la democracia en la persona?
    Pues eso, preferiría creer más en la humanidad. La democracia sería una añadidura interesante

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