Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 19 de abril de 2018

43. Adaptación hedónica


 Durillo (Viburnum tinus)

Según la doctrina hedónica habría una relación directa entre la satisfacción de los deseos y el nivel de felicidad. De acuerdo con ello, el grado de felicidad iría aumentando a medida que fuéramos viendo cumplidas nuestras apetencias, en una progresión aparentemente permanente.

Pero las cosas no parecen ser exactamente así. La primera evidencia fue presentada en 1974 por Richard Easterlin. Este autor encontró que —partiendo de unos ingresos básicos, diferentes para cada individuo— el bienestar subjetivo de las personas varía directamente con los ingresos en un momento dado; pero, en promedio, el bienestar tiende a ser muy estable en el tiempo a pesar del enorme crecimiento de los ingresos. Esto parecería indicar que el bienestar de una persona depende más de su ingreso relativo que de su renta absoluta.

Esta doctrina —la del ingreso relativo— fue complementada con la llamada teoría del “set point”. Basándose en el estudio de un amplio grupo de personas —una cohorte—, a los que siguió durante mas de dieciséis años, el autor pudo comprobar que cuando el nivel de renta aumenta, y con ello la cantidad y calidad de bienes que se pueden obtener, se produce un incremento de bienestar subjetivo durante un tiempo para, una vez adaptados a la nueva situación, volver al nivel de satisfacción inicial —set point o punto de partida—. Y esto sería la adaptación hedónica.

Esta posición es compartida por otros psicólogos sociales, que piensan que cada individuo tiene unas características personales —más o menos innatas— y que en función de estas características queda unido a un determinado nivel de felicidad que apenas cambia a lo largo de toda su vida. De acuerdo a esto, Easterlin escribió recientemente: “En un momento cronológico dado, los que poseen mayores ingresos son en promedio más felices que los que ganan menos. Pero si se considera el ciclo de vida en su conjunto, la felicidad media de un grupo permanece constante, aunque exista un incremento notable de ingresos”

Podríamos decir pues que, según esta teoría, la felicidad subjetiva permanece estable, aunque las condiciones objetivas vayan a más. Es como si la distancia entre las posesiones y las aspiraciones permanecieran más o menos constante a lo largo de la vida y, con ello, el nivel de bienestar —felicidad— subjetivo.

De acuerdo con estas teorías, los psicólogos afirman que los individuos dedican demasiados esfuerzos a aumentar sus ingresos porque creen que así mejoraran su nivel de vida y de satisfacción personal —de felicidad—, resultando que dichos recursos se utilizan ineficientemente no sólo por el hecho de que se da una adaptación a la nueva situación —adaptación hedónica— sino porque además existen efectos colaterales negativos. Piensan que se dedica una cantidad de tiempo desproporcionada a la obtención de las mejoras económicas, a expensas de la vida familiar y de la salud, y que el bienestar subjetivo obtenido se reduce respecto del nivel esperado.

sábado, 7 de abril de 2018

42. Hedonismo


 Barba de viejo (Urospermum picroides)

Se puede definir el hedonismo como una doctrina moral —una teoría— que establece el placer como fin y fundamento de la vida. Según ella la actitud vital adecuada sería aquella basada en la tendencia a la búsqueda del placer y el bienestar en todos los ámbitos de la vida.

Como todas las definiciones, ésta también adolece de una cierta simplicidad. Habría que perfilar algunos de los conceptos que se vierten en ella, especialmente lo que entendemos por placer.

Aunque la mayoría de los humanos tenemos vinculada la palabra placer al placer sensual-sexual, la teoría de la que hablamos le da un significado más amplio: para ella el placer consistiría en la satisfacción de nuestros deseos.

Ahora bien, estos deseos pueden ser básicamente de dos tipos:  el placer sensible, físico o inferior, y el placer espiritual, o superior. Por otro lado, los deseos pueden ser de índole individual —la búsqueda del placer personal— o de tipo colectivo — el placer, el bienestar y la utilidad social—. Este afinar en los conceptos ha dado lugar a diferentes corrientes dentro de esta teoría.

Esta doctrina, que tiene más de 2.000 años de antigüedad, fue muy denostada en el pasado. Tanto para la religión —venimos a un valle de lágrimas— como para la sociedad —la vida debe estar basada en el sacrificio— la búsqueda del placer era criticada y el término hedonista tenia connotaciones negativas.

En los últimos años han surgido corrientes en la psicología social que han insistido en lo contrario. Propugnan que debemos disfrutar de la vida, y que todos los placeres deben ser satisfechos, teniendo como único límite el respeto a los demás. Los deseos deben ser saciados sin restricciones que coarten nuestro derecho a ser felices.

Esta vinculación —satisfacción de los deseos igual a felicidad— ha arraigado en todas las facetas de la vida. Cuando no se tiene algo se lo desea y se está convencido de que la consecución de lo deseado aumentará el nivel de felicidad. Y esto será así en la mayoría de los casos, y durante todo el tiempo.

Sin embargo, la misma corriente psicológica que impulsa a poner en práctica esta teoría —el hedonismo— aclara que esto tiene sus limites. Que la permanente satisfacción de los deseos no necesariamente incrementa de forma estable la felicidad. Es lo que han dado en llamar “principio de adaptación hedónica”. Pero esta aparente contradicción será objeto de otro artículo.