Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

114. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 4

 


Orquídea luna (Phalaenopsis amabilis)

   Saltando ya a otro continente, a Asia, vemos que para los hindúes las enfermedades también eran producidas por espíritus malignos. Sus médicos también realizaban sangrías e hipnotizaban a los pacientes para operarles. Asimismo, en el siglo quinto antes de Cristo, ya realizaban operaciones de cataratas y practicaban cesáreas postmorten.
     Sus cirujanos eran unos buenos especialistas en rinoplastia, realizada con un colgajo de la frente, porque en la India se hacían muchas amputaciones nasales a los adúlteros y ladrones, aunque sería más bien a las adulteras, ya que el adulterio masculino siempre fue bien tolerado.

Por su parte la Medicina china pensaba que el hombre estaba compuesto por dos principios opuestos, el ying y el yang. Estos dos principios se distribuían por el cuerpo por doce canales energéticos. Cuando alguno de los canales se obstruía ocurría la enfermedad. 

Desde el principio había clases sociales, que eran diferentes incluso en su anatomía. Así los hombres nobles tenían siete cavidades cardiacas, los hombres de talento cinco, los hombres normales tenían dos y los idiotas solo una. 

Los chinos practicaban poca cirugía, salvo la castración masculina, que se practicaba con frecuencia. Parece que la corte del emperador demandaba muchos eunucos y era necesario abastecerla. Nos refieren que para esta cirugía utilizaban como anestésico el opio y el vino.

Para los musulmanes la enfermedad también era una pérdida del equilibrio interior y pensaban que lo mejor era prevenirla. Por ello desarrollaron las tareas de higiene personal, especialmente el lavado del cuerpo y de la ropa.

Como cosa curiosa les referiré que fueron los primeros que establecieron la que debía ser la jornada de los médicos: por la mañana éstos pasaban visita a los pacientes y prescribían los medicamentos y por la tarde enseñaban a los estudiantes con enfermos, en un sistema teórico-práctico. En el pase de sala los médicos jefes eran seguidos por los subordinados y los estudiantes, en una imagen que ha durado hasta nuestros días. 

De los médicos famosos musulmanes no les voy a hablar, por ser suficientemente conocidos. Solo quisiera recordarles que el médico Rhazes fue el primero que utilizó tripas de animales para suturar heridas, el conocido catgut, cuyo uso ha durado hasta el siglo XX.

Hasta el año 1.000 de nuestra era los médicos aprendían el oficio al lado de médicos mayores y más experimentados. En el siglo XI ya se empieza a enseñar la medicina en las incipientes universidades, siendo una de las primeras la Escuela Médica de Salerno, en el sur de Italia. Uno de los médicos más famosos de esta escuela, llamado Asquimateo, elaboró las primeras reglas deontológicas de la profesión, adaptadas a la época. 

Entre dichas normas deontológicas se aconsejaba a los médicos no fijarse demasiado en la esposa, las hijas o las sirvientas del enfermo, puesto que esto repugnaba al señor y no favorecía la buena disposición del paciente. Por otro lado, y esto no ha cambiado hasta hace poco, aconsejaba hablar en privado al enfermo de su curación, pero a los familiares de la gravedad del proceso. Así, decía Asquimateo, el médico siempre quedará bien: si cura, delante del enfermo y si muere, ante los familiares.


(Continuará)


viernes, 10 de noviembre de 2023

113. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 3


 Amapola (Papaver umbonatum)

Los griegos también pensaban que la enfermedad era cosa de los dioses, pero como luego veremos, ya algunos de sus médicos empiezan a estudiar a los pacientes y plantean las primeras hipótesis basadas en la observación, lo que hoy denominamos empirismo.

El dios más importante, de los relacionados con la medicina, fue Asclepio, el que luego sería llamado Esculapio por los romanos. Era un dios muy venerado y a él estaban dedicados más de 300 templos por toda Grecia donde los médicos-sacerdotes realizaban labores de formación, de culto y de curación de los enfermos.

Pero el médico más famoso de Grecia, considerado el Padre de la Medicina, fue Hipócrates, que crea una nueva medicina en la que la enfermedad ya no depende solo de los dioses. Según la escuela hipocrática la salud está basaba en el equilibrio de cuatro humores: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema, que a su vez estaban constituidos por los cuatro elementos de la naturaleza: aire, tierra, agua y fuego. Según esta escuela era la naturaleza la que curaba y el médico era solo un intermediario. 

Hipócrates hizo unas recomendaciones generales a los médicos, de las que les cuento algunas que me han parecido más curiosas: decía que el medico debía ser bello y bueno, es decir, debía cuidar su imagen, visitar a sus enfermos aseado, bien vestido y perfumado, debía hablar con corrección, serenidad y moderación. Conocedor de las limitaciones de la medicina recomendaba a los médicos que no tratasen las enfermedades que él llamaba “de necesidad forzosa”, o sea las incurables, ya que estas no se iban a curar y harían quedar mal al médico. 

Tras las conquistas romanas, a Roma fueron llegando muchos médicos griegos y de otras partes, la mayoría en calidad de esclavos. Su buena fama se fue extendiendo y empezaron a gozar de los favores de los poderosos. Uno de los más famosos fue Galeno, médico griego que ejerció su oficio en Roma sobre el año 200 de nuestra era. Sus opiniones y puntos de vista dominaron la medicina europea durante más 1.000 años. Galeno fue el primero que dijo que la sangre circulaba por las arterias y venas, ya que antes se pensaba que las arterias llevaban aire y las venas sangre.

En esta época, por consejo de los médicos, se estableció como edad mínima para contraer matrimonio los 12 años. Aconsejaban a las parejas que para concebir adoptasen la «postura de las fieras». Como dieta para facilitar la concepción se aconsejaban las perdices, las manitas y orejas de cerdo, los huevos escalfados y los patos salvajes. No sé si se quedaban embarazadas, pero es evidente que las pocas romanas que pudieran adquirir esos manjares comían estupendamente.

Se creía que el feto salía del vientre materno obligado por el hambre, y ya se sabía que el parto podálico era imposible, por lo que se aconsejaba girar al feto. 

Tras el nacimiento se colocaba al recién nacido a los pies del padre para que lo reconociera como hijo legítimo. En caso contrario el niño era expuesto en la calle para que lo recogiera quien quisiera, si es que sobrevivía.


(Continuará)