Orquídea luna (Phalaenopsis amabilis)
Por su parte la Medicina china pensaba que el hombre estaba compuesto por dos principios opuestos, el ying y el yang. Estos dos principios se distribuían por el cuerpo por doce canales energéticos. Cuando alguno de los canales se obstruía ocurría la enfermedad.
Desde el principio había clases sociales, que eran diferentes incluso en su anatomía. Así los hombres nobles tenían siete cavidades cardiacas, los hombres de talento cinco, los hombres normales tenían dos y los idiotas solo una.
Los chinos practicaban poca cirugía, salvo la castración masculina, que se practicaba con frecuencia. Parece que la corte del emperador demandaba muchos eunucos y era necesario abastecerla. Nos refieren que para esta cirugía utilizaban como anestésico el opio y el vino.
Para los musulmanes la enfermedad también era una pérdida del equilibrio interior y pensaban que lo mejor era prevenirla. Por ello desarrollaron las tareas de higiene personal, especialmente el lavado del cuerpo y de la ropa.
Como cosa curiosa les referiré que fueron los primeros que establecieron la que debía ser la jornada de los médicos: por la mañana éstos pasaban visita a los pacientes y prescribían los medicamentos y por la tarde enseñaban a los estudiantes con enfermos, en un sistema teórico-práctico. En el pase de sala los médicos jefes eran seguidos por los subordinados y los estudiantes, en una imagen que ha durado hasta nuestros días.
De los médicos famosos musulmanes no les voy a hablar, por ser suficientemente conocidos. Solo quisiera recordarles que el médico Rhazes fue el primero que utilizó tripas de animales para suturar heridas, el conocido catgut, cuyo uso ha durado hasta el siglo XX.
Hasta el año 1.000 de nuestra era los médicos aprendían el oficio al lado de médicos mayores y más experimentados. En el siglo XI ya se empieza a enseñar la medicina en las incipientes universidades, siendo una de las primeras la Escuela Médica de Salerno, en el sur de Italia. Uno de los médicos más famosos de esta escuela, llamado Asquimateo, elaboró las primeras reglas deontológicas de la profesión, adaptadas a la época.
Entre dichas normas deontológicas se aconsejaba a los médicos no fijarse demasiado en la esposa, las hijas o las sirvientas del enfermo, puesto que esto repugnaba al señor y no favorecía la buena disposición del paciente. Por otro lado, y esto no ha cambiado hasta hace poco, aconsejaba hablar en privado al enfermo de su curación, pero a los familiares de la gravedad del proceso. Así, decía Asquimateo, el médico siempre quedará bien: si cura, delante del enfermo y si muere, ante los familiares.
(Continuará)