Amapola (Papaver umbonatum)
Los griegos también pensaban que la enfermedad era cosa de los dioses, pero como luego veremos, ya algunos de sus médicos empiezan a estudiar a los pacientes y plantean las primeras hipótesis basadas en la observación, lo que hoy denominamos empirismo.
El dios más importante, de los relacionados con la medicina, fue Asclepio, el que luego sería llamado Esculapio por los romanos. Era un dios muy venerado y a él estaban dedicados más de 300 templos por toda Grecia donde los médicos-sacerdotes realizaban labores de formación, de culto y de curación de los enfermos.
Pero el médico más famoso de Grecia, considerado el Padre de la Medicina, fue Hipócrates, que crea una nueva medicina en la que la enfermedad ya no depende solo de los dioses. Según la escuela hipocrática la salud está basaba en el equilibrio de cuatro humores: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema, que a su vez estaban constituidos por los cuatro elementos de la naturaleza: aire, tierra, agua y fuego. Según esta escuela era la naturaleza la que curaba y el médico era solo un intermediario.
Hipócrates hizo unas recomendaciones generales a los médicos, de las que les cuento algunas que me han parecido más curiosas: decía que el medico debía ser bello y bueno, es decir, debía cuidar su imagen, visitar a sus enfermos aseado, bien vestido y perfumado, debía hablar con corrección, serenidad y moderación. Conocedor de las limitaciones de la medicina recomendaba a los médicos que no tratasen las enfermedades que él llamaba “de necesidad forzosa”, o sea las incurables, ya que estas no se iban a curar y harían quedar mal al médico.
Tras las conquistas romanas, a Roma fueron llegando muchos médicos griegos y de otras partes, la mayoría en calidad de esclavos. Su buena fama se fue extendiendo y empezaron a gozar de los favores de los poderosos. Uno de los más famosos fue Galeno, médico griego que ejerció su oficio en Roma sobre el año 200 de nuestra era. Sus opiniones y puntos de vista dominaron la medicina europea durante más 1.000 años. Galeno fue el primero que dijo que la sangre circulaba por las arterias y venas, ya que antes se pensaba que las arterias llevaban aire y las venas sangre.
En esta época, por consejo de los médicos, se estableció como edad mínima para contraer matrimonio los 12 años. Aconsejaban a las parejas que para concebir adoptasen la «postura de las fieras». Como dieta para facilitar la concepción se aconsejaban las perdices, las manitas y orejas de cerdo, los huevos escalfados y los patos salvajes. No sé si se quedaban embarazadas, pero es evidente que las pocas romanas que pudieran adquirir esos manjares comían estupendamente.
Se creía que el feto salía del vientre materno obligado por el hambre, y ya se sabía que el parto podálico era imposible, por lo que se aconsejaba girar al feto.
Tras el nacimiento se colocaba al recién nacido a los pies del padre para que lo reconociera como hijo legítimo. En caso contrario el niño era expuesto en la calle para que lo recogiera quien quisiera, si es que sobrevivía.
(Continuará)
Interesantisimo Eulogio. Como siempre.
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