Gaviota
Aunque no sea estrictamente necesario, quizás sea oportuno recordar que delincuente es el que comete delitos, y que delito es el quebrantamiento de la ley. En un estado de derecho solo se debe considerar delincuente a aquel que ha sido juzgado y condenado en firme por la violación de la ley.
Es evidente que no todos los delitos tienen la misma gravedad y, en consecuencia, no todos reciben el mismo trato penal ni —por parte de la sociedad— el mismo grado de rechazo social. En la mente de todos están aquellos delitos que despiertan en la ciudadanía el más alto grado de escándalo, por lo que no consideramos necesarios abundar en ellos.
Es cierto que la sensibilidad social no siempre va pareja a la intensidad del delito ni al rigor que aplica la ley. En ocasiones la pena impuesta por la justicia se considera insuficiente para el tipo de delito cometido, siendo muy infrecuente que se opine lo contrario.
Pero hay un área donde la sensibilidad social parece ser escasa y ésta es la de los delitos económicos. Si exceptuamos los casos de corrupción de algunos políticos —que sí escandalizan, y mucho, con toda la razón—, los delitos cometidos en esta área por particulares gozan de poca atención y menor repercusión. Empresarios, banqueros, constructores, etc., son condenados por cohecho, soborno, estafa, etc., sin que la sociedad exprese de forma clara su preocupación por ello.
Pero si hay un tipo de delito económico que parece gozar de bula social es el delito fiscal, el que se produce contra toda la comunidad, ya que somos todos los afectados. Artistas, cantantes, deportistas, etc. condenados en firme por delito fiscal —es decir delincuentes— continúan gozando del favor —y a veces del fervor— del público, sin que perciban en ningún momento el rechazo que la sociedad debería expresarles.
Quizás tendríamos que reflexionar sobre este tema, dado que la sociedad de la que hablamos la constituimos usted y yo, entre otros.

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