Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

viernes, 16 de septiembre de 2022

94. Libertad de expresión y censura

 

Cresta de gallo (Celosía argentea)

En el último tercio del siglo XX, y después de un largo recorrido, para las sociedades occidentales la posibilidad de expresarse con libertad en cualquiera de los campos del saber humano se mostró como irrenunciable. La libertad de expresión se convirtió en un bien indiscutible y la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos estuvieron de acuerdo con ello y, como corolario, en contra de cualquier tipo de censura.

Se deseaba poder debatir en libertad todas las ideas y posiciones, utilizando para ello argumentos surgidos de la razón y no de los sentimientos. El acuerdo social sobre la necesidad de la libertad de expresión era tan fuerte que unos y otros se lanzaron a exponer con palabras o con signos lo que pensaban o sentían: políticos, escritores, intelectuales y artistas compitieron en ello, llegando algunos a forzar los limites, convencidos de que incluso lo menos ortodoxo debía expresarse, ya que ello favorecería la tolerancia —y por tanto la convivencia de la sociedad— aunque para algunos pudiera ser molesto u ofensivo.

 El tiempo ha pasado y han surgido algunas personas y grupos que han declarado su enfado por determinadas opiniones o hechos. Reclaman su derecho a indignarse ante ello, y piden que se limite el derecho de esos otros a expresarse, cuando lo que revelen  sea ofensivo para ellos. Es decir, que determinados contenidos no puedan exteriorizarse. O sea, que se establezca algún tipo de censura para impedir la publicidad de estos.

En algunas instituciones de occidente ya se han puesto en marcha medidas para limitar el derecho a la libertad de expresión. Aunque no son muy frecuentes, sirva de muestra el hecho de que en algunos colegios de Estados Unidos no se pueden explicar determinados temas la Teoría de la Evolución de Darwin, por ejemplo— aunque ésta esté generalmente aceptada por la ciencia.

En el momento actual tenemos en la sociedad posiciones enfrentadas frente a estos hechos. Los que exponen sus razones para no limitar la libertad de expresión, y aquellos que se siente indignados o dolidos por la expresión publica de determinados contenidos. Ante esto ¿que debemos hacer? 

En estos tiempo convulsos que estamos viviendo, donde los medios —y especialmente las redes sociales—, están llenos de tensión, indignación y, a veces, ira, se hace imperativo volver a defender el uso de los argumentos frente a la fuerza de la indignación.



2 comentarios:

  1. Este nuevo formato de blog, me resulta también muy fácil de acceder a él y poder disfrutar de todos los pensamientos que nos proporciona el autor y que nos hacen reflexionar en muchos aspectos, que yo considero muy interesantes.
    Doy las gracias al autor por esta dedicación altruista, que nos permite profundizar en muchos aspectos cotidianos, pero que nos están transformando sin darnos cuenta, nuestra vida actual

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  2. Cpletsmente de acuerdo con la libertad de expresión bien argumentada,pero no cuando insulta a una persona o 8nstutucion por no estar de acuerdo con ella.

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