Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

lunes, 25 de febrero de 2019

56. La mentira corre más que la verdad


 Milenrama dorada (Achillea filipendulina)

En el pasado año se publicó un estudio en la revista Science, realizado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, sobre la veracidad o falsedad de las noticias que circulan por las redes sociales y su grado y velocidad de difusión. Aunque el estudio originalmente se centró en los mensajes a través de Twitter, los datos han sido confirmados por otros investigadores en otras redes tales como Facebook, Whatsapp o Instagram.

Los investigadores hicieron un análisis detallado de 126.000 afirmaciones que habían sido difundidas en Twitter durante 10 años. Tras contrastar las informaciones, para poder separar sin ningún tipo de dudas las verdaderas de las falsas, pudieron comprobar que las informaciones falsas recibieron un 70% de retuits más que las verdaderas, o sea que los usuarios las compartieron mucho más entre sus seguidores.

Por otro lado —siempre según el estudio—, las afirmaciones veraces tardaron seis veces más tiempo en alcanzar a 1.500 personas que los bulos. Los investigadores también comprobaron que los usuarios que difunden noticias falsas, las que llegan más lejos y más rápido, no tienen cuentas importantes o muy seguidas. O sea, que son ciudadanos normales y corrientes, y no grandes líderes de opinión, los que más contribuyeron a la difusión de mentiras. 

Hoy sabemos que existe un número creciente de robots informáticos que se dedican a difundir noticias a través de las redes sociales. Los investigadores comprobaron que estas máquinas aceleraron la difusión de noticias verdaderas y falsas al mismo ritmo, lo que implica que las noticias falsas se extienden más que la verdad porque los humanos, no los robots, son los principales propagadores de noticias falsas.

Por otro lado, tras las investigaciones del Congreso de EE. UU., se ha comprobado que desde noviembre de 2016 tanto Twitter como Facebook y otras redes sociales han servido para propagar desinformación, ideas extremistas y mensajes polarizadores, en algunos casos de forma deliberada para engañar a la población, intoxicar la conversación pública y manipular procesos electorales en EE. UU., Alemania, Francia, Reino Unido y España.

Todo esto llevó al presidente de Apple, Tim Cook, a afirmar que habría que «proporcionar herramientas al consumidor para ayudar con esto. Hay que filtrar parte de ello antes de que salga sin que eso signifique perder la apertura de internet. En cierta forma está matando las mentes de la gente. [...] Tiene que aplicarse en las escuelas y tiene que aplicarse en el público. Hay que montar una campaña masiva. Hay que pensar en todos los sectores demográficos». 

Parece que estamos en una época en la que, lamentablemente, algunos de los que ganan son los que invierten tiempo en conseguir la mayor cantidad de clicks en vez de contar la verdad. 

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