Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

viernes, 8 de marzo de 2019

57. La mentalidad científica


 Lechera del cabo (Polygala myrtifolia)

Desde hace al menos dos siglos el individuo se mueve entre dos tendencias aparentemente antagónicas. Por un lado, el racionalismo, basado en evidencias científicas, y por otro las creencias intuitivas o las imágenes subjetivas que el individuo se forma de la realidad que le rodea, En tales situaciones, cuando hay contradicciones entre ambas, la mente de la persona se inclina por creer aquello que se adecua más a su creencia, por más que la evidencia científica diga lo contrario.

El método científico, en el que se basa esta mentalidad, no existió siempre. Se desarrolló hace unos doscientos años, y desde entonces se ha usado para hacer avanzar a la ciencia. La mentalidad científica es una determinada manera de pensar, vinculada a un modo de reflexión sistemática, que pretende —y consigue— crear conocimiento y explicar nuestro mundo mediante la observación sistemática y la posterior comprobación de forma objetiva de las realidades observadas. Entendida como tal, esta mentalidad no es —ni debe ser— exclusiva de los científicos.

Con frecuencia, la mentalidad científica no nos facilita el conocimiento completo de algo, sino solo una parte de la realidad. Permite establecer una porción de la verdad, que en sucesivas investigaciones va siendo completada por nuevas aportaciones. Por otro lado, a veces las explicaciones que nos da la ciencia no se ajustan a las ofrecidas por la tradición o no coinciden con lo que el ciudadano de la calle considera de sentido común o con lo que él cree o piensa. Y esto se utiliza por parte de algunos para negar el valor de esta mentalidad, afirmando que en el pasado —a veces reciente— las cosas se han explicado de una manera que no coincide con la forma en que se explican en la actualidad.

Por ello, y a pesar de lo abrumador del conocimiento aportado por la ciencia, aún hay quien sigue sin aceptarla. Aunque la evidencia científica en contra es enorme, aún hay quien sigue pensando que la tierra es plana o las vacunas producen enfermedades en los niños, por poner solo dos ejemplos de creencias de moda.

El hombre común presenta cierta tendencia a resistirse ante afirmaciones científicas que contradicen sus creencias intuitivas o la imagen subjetiva que se forja de la realidad. Una vez que una idea, por nula base que tenga, se integra y generaliza en la mentalidad colectiva no es fácil su desarraigo por la autoridad científica.

¡Que le vamos a hacer!

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