Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

sábado, 12 de octubre de 2024

129. Fiesta Nacional de España


 

Lirio abierto (Crocus flavus)

Hoy se celebra la Fiesta Nacional de España. Es un día festivo —como no podía ser menos— que la gente aprovecha para diversas cosas, como cualquier domingo o día festivo del año. Pero hoy es una fiesta que, se supone, es la más importante, la que todo el mundo debería celebrar.

La fiesta fue creada en 1892, pasando desde entonces el día 12 de octubre a ser festivo en toda España, queriendo darle un significado especial al día en que España descubrió América. A principios del siglo XX pasó a denominarse Fiesta de la Raza —la española, por supuesto— y a partir de 1931 se decretó su cambio a Fiesta de la Hispanidad, resaltando el hecho del descubrimiento de América y la incorporación de esos inmensos territorios a la corona española.

Los ya muy mayores recordamos que en esta fecha el franquismo alardeaba a bombo y platillo del «glorioso» pasado del «Imperio Español» y no había habitante de nuestro país que ignorara que el 12 de octubre fue el día que Colón llegó a América, dando lugar con esa llegada al nacimiento del «Imperio Español».

Afortunadamente esta forma de celebración esta ya olvidada. La llegada de la democracia hizo revisar los conceptos en los que se basaba esta denominación. Conquista, Imperio, Aculturación, etc. parecían ideas poco concordantes para un país que había alcanzado la libertad y aceptado los estándares de vida occidentales. Por ello, la ley 18/1987 de 7 de octubre cambió el nombre a Fiesta Nacional de España.

Este cambio tuvo dificultades para expresar lo que se quería celebrar. Así, en un ejercicio de equilibrio conceptual, en la exposición de motivos de la ley se expresa que «La fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos».

Han pasado 37 años y la celebración dista de ser vivida por los españoles como la «Fiesta Nacional de España». Aunque no disponemos de una encuesta amplia sobre el tema, las parciales publicadas nos dicen que la inmensa mayoría de los menores de 40 años desconocen lo que hay detrás de esta celebración.

La inmensa mayoría de los países tienes su «Fiesta Nacional» y en ellas se suelen realizar actuaciones que no son las de cualquier día festivo. Por poner solo algunos ejemplos conocidos, en Francia, el 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla, se festeja con verbenas y bailes populares por todo el país. En Estados Unidos, el 4 de julio —celebración de la independencia— además de la comida especial en las casas, el día siempre culmina con un vistoso castillo de fuegos artificiales. En los países latinoamericanos, las «fiestas patrias» —el equivalente de la fiesta nacional— son un acontecimiento popular que se celebra con festejos, cohetes y barbacoas.

En España la fiesta se solventa con actos administrativos internos y un desfile militar en una ciudad, que en la actualidad resulta poco atractivo para la ciudanía. Esto no es malo en sí. Simplemente es diferente.

Este tema podría ser un asunto digno de estudio por antropólogos sociales y sociólogos. Quizás tenga algo que ver con la difícil relación que los españoles mantenemos con nuestro pasado, con nuestra historia. 

4 comentarios:

  1. Lo interesante es que en la mayoría de los paises el día nacional suele coincidir con el dia de la independencia del imperio, ya sea britanico o español. Por eso supongo que es mas celebrado

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  2. Pues, efectivamente, sus causas son múltiples pero para mí hay una principal y es la misma por la que tampoco algunos (los progres, de izquierdas o como quiera llamársenos) somos poco entusiastas de la bandera rojo y gualda: Las derechas, herederas del franquismo y su roja y gualda, se han apropiado de los símbolos patrios (bandera, himno, fiesta nacional, etc.). En paises con más larga tradición democrática (como Suecia o Noruega) está prohibido usar por ciudadanos privados sus banderas: es solo de uso en edificios y actos oficiales y públicos. Como igualmente está prohibido pagar con moneda, dinero en metálico, bajo multa de 600 € equivalentes en su moneda...

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  3. En EEUU su comunidad hispanoparlante lo celebra con un desfile multicolor con agrupaciones y bailes tradicionales de raigambre de la inmensa mayoría de los países, etnias y culturas representadas, expresión de la unión de todas esas naciones bajo un mismo lenguaje y una religión comunes.
    Es pues relevante que han asumido e integrado el formato e idea del Día de la Hispanidad, y con ello que esa iniciativa propiciada en su momento por España no sólo no era inadecuada o improcedente sino plenamente asumida e integradora.
    España quizás debiera reflexionar sobre esa oportunidad perdida de comunión con Hispanoamérica para una fecha tan consensuada y con vínculos tan arraigados y universales con los que se creó, y que al constreñirse a nuestra nación en su vertiente exclusiva de sus fuerzas armadas era de prever que quizás de esa deriva su expectación fuera de índole minoritaria y para algunos sectores hasta más controvertida.

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  4. Efectivamente, creo que los españoles en general y particularmente los que no se alinean con la extrema derecha sentimos poco apego por los llamados "símbolos nacionales". Y en esta falta de apego incluyo también a la derecha. Recordemos que el propio M. Rajoy (sabéis a quién me refiero, aunque los jueces no han conseguido identificarlo en el amplio sumario de la trama Gurtell) fue sorprendido ante un micrófono abierto inopinadamente, y refiriéndose al desfile de las Fuerzas Armadas el día de la Fiesta Nacional diciendo: "Y ahora toca este coñazo".
    En cuanto a la Bandera, símbolo nacional por excelencia, resulta difícil compartirla con los perros y gatos, entre otras mascotas, que sus dueños han decidido utilizar en sus collares y correas como exhibición de sus ideas, no sé si de las mascotas o de sus amos.
    Otra cosa parecida ocurre con la figura del Rey y de la Princesa de Asturias. Me da pena ver a la pobre criatura últimamente, empeñándose en mostrárnosla una y otra vez enfundada en esos horribles uniformes militares y con el gorro calado hasta las cejas. Ya que aspira a ser Reina de todos, y no sólo de los militares, podrían sacarla alguna vez con la bata que usan las científicas en los laboratorios, o las cajeras de los supermercados, o las togas de los jueces y abogados, o las taxistas o conductoras de autobús, o cualquiera otra profesión de las infinitas que existen en nuestra sociedad. Es evidente que así, salvo los militares, no podemos sentir que nos represente.
    Esperemos que en los próximos siglos pueda cambiar algo, aunque nosotros no lo veremos. Al menos el que suscribe está resignado.

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