Orquídea (Phalaenopsis sanderiana)
Si nos damos una vuelta por lo publicado sobre el tema, está claro que la autoestima y el llamado coaching emocional están de plena moda. Editores y asesores (coach) se disputan la atención de un numeroso público, que parece estar necesitado de ayuda para su desarrollo personal y profesional.
En los tiempos que corren, buena parte de las personas que trabajan están con frecuencia presionados y condicionados por conceptos como productividad, disponibilidad, rapidez y, como corolario casi inevitable, viviendo con frecuencia situaciones de estrés y ansiedad.
Con estas premisas, el individuo debe permanecer en un continuo estado de alerta que lo mantiene fuertemente vinculado a un formato de vida que recuerda a una servidumbre «consentida».
Siendo estas las características básicas de la existencia laboral de estas personas, al acudir a los consejeros estos les explican que la felicidad consiste en alcanzar un adecuado grado de adaptación a esta dinámica.
Así, se le invita a desarrollar su autoestima y a mejorar el concepto que el individuo tiene de sí mismo, aumentando su capacidad para aceptar de buen grado todo aquello que conlleva su permanencia en el mundo laboral actual: las prisas, la espera de expectativas no siempre cumplidas, la aceleración de la vida diaria o la difuminación de la frontera entre tiempo libre y tiempo de trabajo.
En cierto modo, la metodología utilizada por estas técnicas afirma que la responsabilidad de que las cosas vayan bien o mal depende únicamente del individuo, que no sabe adaptarse a la realidad que le ha tocado vivir. De forma indirecta, el individuo resulta culpable de sentir lo que siente.
Es evidente que las técnicas de coaching funcionan en muchos casos. Ciertamente, la reflexión sobre sí mismo, el conocimiento de las capacidades propias, el análisis y propuestas de mejora de su entorno, en definitiva, el «empoderamiento» de la persona puede ayudar a sobrellevar mejor determinadas situaciones, Pero es evidente que no todos lo consiguen. Buena prueba de esto quizás sean los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) del pasado mes de mayo: las bajas laborales han pasado en los últimos diez años del 3,2% al 4,7%.
Parece pues que no todo es fomentar la resiliencia o, en el peor de los casos mejorar la resistencia. También habría que dedicar tiempo a cambiar las condiciones laborales de los individuos, que están en la base de toda esta problemática.
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