Flor de viuda (Scabiosa atropurpurea)
En febrero de 2017 publicamos el primer articulo sobre la llamada posverdad —la mentira— en el que hablábamos de la importancia que, basada en las redes sociales, estaba alcanzando esta forma de «informar» a la ciudadanía.
Desde entonces se ha desarrollado toda una estrategia para dar credibilidad a estas mentiras, que se distribuyen masivamente por las redes sociales para influir en la sociedad, conformando mentalidades o actitudes que, con frecuencia, cambian hábitos de consumo, opciones políticas, preferencias sociales, etc.
Este tipo de mentiras —desinformación— se originan en despachos de todo el mundo y eran distribuidas por ordenadores impersonales, lo que no convencía a muchos de los receptores de los mensajes, ya que es sabido que el ciudadano es más sensible a creer en aquello que le llega desde una fuente conocida.
Por ello, para aumentar su credibilidad, había que darle al mensaje —falso y robotizado— una apariencia de humanidad, convencer a la persona que lo recibe que es otro ser humano como él el que origina la noticia. Y para ello ha surgido la estrategia que han denominado Astroturfing.
Esta palabra tiene su origen en un concepto y en una marca comercial. El concepto es la expresión inglesa grassroot —raíz de hierba—, que hace referencia a movimientos sociales que surgen desde abajo, desde la comunidad. La marca es Astroturf, una conocida empresa norteamericana que fabrica césped artificial.
Así surge el Astroturfing, que es una estrategia de relaciones públicas de organizaciones y gobiernos que utiliza las redes sociales para dar una impresión de espontaneidad a sus mensajes publicitarios, como si fueran emitidos por individuos concretos o desde el seno de un movimiento social determinado. Así el ciudadano receptor, convencido de la base social del mensaje, le dará mayor credibilidad al producto o idea publicitado y los emisores conseguirán con más facilidad convencerlos de que lo que reciben es verdad, y por lo tanto bueno.
Este tipo de campañas pretenden, y suelen conseguir, disfrazar las acciones de una entidad comercial, una opción política, un gobierno, etc. como una reacción pública espontánea e independiente frente a otras entidades u opciones.
No es este el lugar para explicar con detalle como se realiza esta sofisticada técnica para difundir mentiras —que otros llaman posverdad—. Los astroturfers —intoxicadores— organizan acciones protagonizadas por unos pocos individuos aparentemente diversos y geográficamente distribuidos, tanto a través de actuaciones explícitas como más subliminales e incluso ocultas, y que dan la impresión de multitudinarios entusiastas de una causa. Esto se va amplificando a través de las redes sociales y posteriormente la tarea es asumida por grandes ordenadores —bots— que difunden millones de estos mensajes con esta apariencia humana.
Y la mayoría se sigue «informando» a través de las redes. ¿Hasta cuando?
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No conocía el termino. Yo creo que hasta que no haya algún sistema de verificación dónde halla una huella digital (como el certificado digital) para saber el origen de la información y no sea tan fácil el anonimato, el problema persistirá. No estoy en contra del anonimato, pero no puede ser que tenga el mismo valor un bot que una persona, entidad, empresa o grupo de opinión.
ResponderEliminarTampoco yo conocía el término. Será una pena que no salga la ley para tipificar los periódicos y sus fuentes de financiación/información, porque ya hemos visto que Junts no es de fiar.
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