Orquidea (Paphiopedilum spp.)
Desde hace dos siglos la palabra resistencia se ha utilizado para expresar la capacidad de algo o alguien para resistir, es decir, para tolerar, aguantar o sufrir eventos o situaciones. Se empezó a utilizar para referirse a materiales u objetos y posteriormente se fue extendiendo a otros sujetos.
La resistencia menciona una cualidad que se tiene o no. Tras sufrir la agresión el sujeto resistente —objeto, situación, sistema o individuo— queda como estaba, no cambia sus cualidades. Ha resistido y continua su existencia tal como estaba.
A partir de los años 50 del pasado siglo se empezó a utilizar un nuevo concepto que, aunque tiene un nombre muy parecido, tiene muy poco que ver con el ya mencionado. Nos referimos a la resiliencia.
Desde su aparición el concepto se ha utilizado abundantemente para referirse a todo tipo de sujetos y situaciones, pero en este artículo nos vamos a restringir a las personas y su agrupación, las sociedades.
Aplicado a estos, resiliencia es la capacidad de adaptación de un individuo o sociedad frente a un agente perturbador o un estado o situación adversa. En este concepto ya no figura el tolerar, aguantar o sufrir de la resistencia. Aquí se habla de adaptación. O sea, de actuaciones por parte del sujeto que recibe la agresión para estar mejor preparado en el futuro frente a la misma o similar agresión.
Frente a la actitud pasiva de la resistencia, la resiliencia incorpora un factor dinámico. Recibida la agresión el individuo —las sociedades— deben actuar, tienen que responder, para capacitarse mejor para el futuro.
El concepto ha sido incorporado por la clase política y gobernante en numerosos países para dar respuesta a hechos y situaciones de variada naturaleza, como puede ser el —aún discutido por algunos— cambio climático, desastres naturales, crisis económicas o conflictos sociales o bélicos.
La utilización de este nuevo concepto para implicar a los individuos y sociedades parece de interés. Pero la visión dinámica que supone la resiliencia plantea algunos riesgos. Uno de ellos pudiera ser que quiera cargarse sobre los individuos y sociedades el deber de adaptarse a los retos y perturbaciones, asumiendo que estas son inevitables y que nos debemos dedicar a paliar los efectos de ellos en vez de actuar evitando las causas.
Este tema ya lo tratamos en el artículo publicado en el blog el 24 de mayo de 2023 con el título: «Mitigación y ¿adaptación?».
¿Están ganando estos conceptos en vez del de evitación?
Un artículo procedente e interesante, y donde se definen bien los conceptos de resistencia y resiliencia. Sobre si están ganando estos conceptos al de la evitación, creo que no, porque evitar las causas es como mirar a otro lado, lo cual no es beneficioso, no nos hace más resistentes, y mucho menos más resilientes, y más cuando los cambios y transformaciones se producen de manera abundante y rápida. Hay otro concepto en marcha, en boga, que hace que la resiliencia de un paso más en nosotros, se trata de la antifragilidad, que implica crecer y mejorar debido a las tensiones y dificultades
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