Ciruela de Natal (Carissa macrocarpa)
Conocer cuesta trabajo. Los estudiosos del tema lo han denominado «esfuerzo cognitivo» y lo definen como «la sensación percibida por el individuo al enfrentarse a determinadas tareas mentales».
El esfuerzo cognitivo se relaciona tanto con las características de la tarea como con nuestra capacidad de procesar información. La cantidad y calidad del conocimiento que podamos adquirir dependerá de la labor a realizar y de la capacidad de procesamiento de la persona.
Por otro lado, la sensación de esfuerzo depende de la percepción que tenga el sujeto de la dificultad de la tarea a realizar. Y esta percepción aparece cuando el individuo compara la complejidad de la labor a realizar y su capacidad para realizarla. Si la tarea necesita una elaboración compleja y el individuo tiene las capacidades necesarias, la adquisición de conocimiento se realizará con éxito. Lo contrario hará desistir a la persona del empeño.
Todo este proceso tiene un importante componente emocional. El esfuerzo produce rechazo, por ello las personas tienden a elegir las acciones mentales que menos esfuerzo demanden. Aquí también los estudiosos han acuñado una ley ya conocida en otros ámbitos: “la ley del mínimo esfuerzo cognitivo”.
Ante los hechos o informaciones que recibimos tenemos tendencia a dar una respuesta automática, a posicionarnos de una determinada manera, y a veces esta respuesta no es la correcta. Darse cuenta del error produce una sensación negativa que nos obliga a aumentar el grado de control cognitivo, es decir a inhibir las respuestas automáticas y a generar otras más elaboradas y ajustadas a la realidad.
Esta actividad nos hace sentir mayor esfuerzo, por la necesidad de necesitar más control cognitivo para realizarlas. Frente a esto, numerosos estudios han demostrado que hay una gran tendencia de las personas a preferir tareas mentales sencillas, que no le obliguen a tener un mayor control cognitivo y, consecuentemente, a hacer un mayor esfuerzo cognitivo.
En el momento actual, inundados de información como estamos, no resulta realista pensar que las personas tiendan a elaborar una opinión propia mediante la adquisición de conocimiento. Todos somos conscientes de que vivimos tiempos de posverdad, en la que recibimos una inmensa cantidad de mensajes, elaborados por personas o por máquinas. Y la ley del menor esfuerzo cognitivo nos empuja a dar respuestas automáticas, a no contrastar la información recibida. Y con estas informaciones no verificadas muchas personas conforman sus opiniones y toman decisiones que afectan a nuestro presente y a nuestro futuro, tanto individual como colectivo.
Y no hemos de olvidar que posverdad se define como «la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y actitudes sociales”. Y sabemos que distorsión es «interpretar hechos, intenciones, etc. deformándolos de forma intencionada». Y, por si fuera poco, manipular es «intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc. con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares»
¿Hay quién dé más?

Me ha parecido un artículo interesante, y entiendo o quiero entender que lo expresado no es posverdad y si una opinión certera sobre un momento actual, donde esforzarse no está valorado
ResponderEliminarOigo a Platón, en boca de Marina, que comenta que al comenzar los libros hubo cierto pánico cultural por la pérdida de trasmisión de conocimientos que antes se hacían de viva voz maestro a alumno, pues ya no hacía falta esforzarse dado que la sabiduría permanecería inmutable en los libros de la época.
ResponderEliminarQuizás por eso buena parte de nuestros compatriotas leen poco, dado que todo está tanto en los libros como en todos los demás abundantes soportes del conocimiento: cine, televisión, prensa, internet y las redes sociales asociadas a ella incluido Google, ChatGPT y similares.
Siguiendo estimulado por Marina, busco cuál fue la primera palabra que escribieron los humanos y parece ser que fue "PIK", que significaría dedo o señalar. Pero aún no hay evidencias suficientes como para creerlo a pies juntillas.
De lo que no cabe ninguna duda es de la primera palabra que se trasmitió a distancia entre dos ordenadores en lo que hoy llamamos Internet. Fue entre la UCLA y Stanford. Se intentó enviar "LOG", diminutivo de "Login, iniciar, pero al llegar a la letra G (¿presagio de Google?) colapsó el ordenador de Stanford, por lo que la primera palabra fue "LO". Una hora más tarde se estabilizaron los sistemas informáticos y se pudo trasmitir "LOG".
Si no nos lleva por delante esta cercana y definitiva Gran Guerra Final, "GGF", espero adquiramos, con o sin esfuerzo, muchas cosas más o... ¡Quizás veamos las estrellas!