Ya hemos hablado en otras ocasiones de las pseudociencias. A pesar de que ya en distintos países —entre los cuales está España— se han dictado disposiciones para declarar ajenas a la verdad —a la Ciencia— a numerosas creencias y técnicas, un número no despreciable de personas las siguen utilizando, convencidos de su bondad y eficacia. Estas personas se sienten bien rellenando las lagunas que aún tiene la Ciencia con creencias y prácticas —pseudociencias— que no son fruto de la investigación científica. Para ello cuentan, en algunos casos, con profesionales de la medicina que están convencidos y son referentes de los crédulos necesitados de creer.
Aunque las pseudociencias han alcanzado un gran auge en las ultimas décadas, siempre estuvieron presentes. Nos podríamos remontar a la Edad Media, donde sesudos varones se empeñaban en encontrar la piedra filosofal, que convertía en oro todos los metales que tocaba, o el elixir de la eterna juventud, aun perseguido por algunos en nuestros días.
Uno de los muchos casos representativos de estas pseudociencias fue Wilhelm Reich (1897-1957) y su teoría del orgón. Este médico y psiquiatra austriaco fue discípulo de Freud y alcanzó un gran renombre en su tiempo, tanto como psiquiatra como pensador.
Después de una larga actividad profesional, ajustada a la ciencia conocida entonces, desarrolló la teoría del orgón, vocablo que combina las palabras «organismo» y «orgasmo». Según Reich, el orgón era la energía vital de todo organismo, la fuerza motora del reflejo del orgasmo. Y, para concretar más y reforzar su veracidad, este orgón era de color azul, medible y omnipresente. La teoría llevaba aparejada la existencia de un aparato —una especia de armario diseñado por el propio Reich— que concentraba y transmitía a los individuos la referida energía.
El prestigio profesional del doctor Reich —médico psiquiatra— hizo que la fama y el número de seguidores de su teoría alcanzara tal difusión que, según parece, el propio Albert Einstein accedió en 1941 a realizar experimentos con este concentrador de orgón. Como no podía ser menos en un científico, después de estudiarlo a fondo Einstein concluyó que el aparato diseñado no cumplía ninguna otra función más que distraer a los pacientes.
Sobre 1947, la agencia norteamericana encargada de autorizar los medicamentos y tratamientos médicos en los Estados Unidos —FDA, Food and Drug Administration— inició una investigación sobre el aparato de Reich. Tras incautar mas de 300 concentradores de energía orgónica y estudiarlos a fondo, comprobaron que en éstos no existía ninguna energía y, por lo tanto, la venta de los mismos era simplemente una estafa. El creador de la teoría orgónica fue encarcelado y murió en prisión en 1957, según parece de un ataque al corazón.
Hace más de un siglo que apareció la teoría del orgón. En todos estos años han seguido apareciendo nuevas teorías al margen de la ciencia. Y algunos ciudadanos se aferran a ellas, como si no hubiera existido una historia previa que nos hubiera demostrado la falacia de las supuestas nuevas ciencias, al margen de la Ciencia.
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Que verdad es que se sigue creyendo en “ curanderos” que se han actualizado en los últimos tiempos, envueltos en una pseudociencia, que les permite hacer negocio, con muchos incautos, que todavía siguen existiendo y existirán yo creo que hasta el final de los tiempos, por mucho que la ciencia haya demostrado y esté demostrando, que todas esas actividades pseudo científicas, son puro engaño
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