Espirea (Spiraea vanhouttei)
A finales del siglo XIX, y hasta mediado el siglo XX, España tuvo un problema con la emigración. Centenares de miles de españoles salieron del país con destino a Hispanoamérica primero y Europa después, a la búsqueda de una mejora económica que en España era muy difícil, si no imposible, de alcanzar.
A finales del XX y principios del XXI el problema ha cambiado de signo y ahora existe un problema con la inmigración. Ahora son otros centenares de miles —si no millones— las personas que, procedentes de países con excedentes de población y de menor riqueza, acuden a los países que denominamos occidentales en busca de una mejora de sus condiciones de vida.
Aunque siempre existieron migraciones, las que se están dando en las ultimas décadas son un fenómeno moderno, que no se ha dado con anterioridad. En los siglos pasados la demografía de los países no daba muchas oportunidades para migraciones masivas. La relación entre la natalidad y la mortalidad dejaba escasos excedentes, y éstos tenían pocas oportunidades para viajar a los países posibles receptores.
En el siglo XVIII empezó un proceso que aún dura. En la mayoría de los países la mortalidad se fue reduciendo gracias a las mejoras en la productividad agrícola, la industrialización, los avances sanitarios y la alfabetización. Esto ha ido produciendo un aumento de la población, que se ha ido redistribuyendo, primero dentro de cada país —urbanización progresiva— y más tarde a nivel internacional, con el fenómeno llamado globalización.
Pero este crecimiento permanente de la población mundial, que está en la base de las migraciones actuales hacía Occidente, parece que no se mantendrá mucho tiempo. El régimen de alta natalidad y mortalidad descendiente esta cambiando. Aunque en África hay países que mantienen una natalidad muy elevada —Chad, Camerún, Nigeria o República del Congo— la mayoría de ellos la están disminuyendo. Y lo mismo pasa en Hispanoamérica y Asia.
Un ejemplo paradigmático de este proceso nos lo muestra China. De un crecimiento exponencial de su población a mediados del pasado siglo, que motivó que sus autoridades establecieran limitaciones legales al número de hijos, han pasado a estimular la natalidad, cosa que no han conseguido. En el año 2021 la población china disminuyó en ocho millones de habitantes, pasando a ocupar el puesto numero dos del ranking mundial de países más poblados, siendo superado por India.
Los demógrafos piensan que las razones de esta disminución de la natalidad esta basada, sobre todo, en la progresiva urbanización de la población mundial. En 2007 la mitad de la población del mundo ya vivía en ciudades, y esto ha seguido creciendo. Y según estos expertos las ciudades son un entorno sociocultural poco propicio para tener muchos hijos.
El científico noruego Jørgen Randers había vaticinado en 1972, en su obra «Los limites del crecimiento», que la población mundial no podría crecer más a partir de 2070, por razones fundamentalmente económicas. Vista la evolución de la población desde entonces, en unas recientes declaraciones a «The Guardian» Randers afirmaba lo siguiente: «La población mundial nunca llegará a los nueve mil millones de personas. Alcanzará un máximo de 8 mil millones en 2040, y luego disminuirá”.
No habrá que esperar mucho para comprobarlo.
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