Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

viernes, 13 de enero de 2023

101. El efecto Gruen

 


Magnolia sulangea (Magnolia soulangeana)

A pesar de lo raro del nombre, muy probablemente el estimado lector ha experimentado este efecto en alguna ocasión. Adentrado en un gran almacén y tras recorrer numerosas zonas donde se ofrecen multitud de artículos, el potencial comprador experimenta una cierta sensación de confusión, empieza a caminar más lentamente, la mirada se pierde y, casi con certeza, compra algo que no tenia previsto comprar.

El nombre de este efecto procede del arquitecto Victor Gruen creador, a mediados del siglo pasado, de los primeros centros comerciales en Estados Unidos. El diseñador quería construir espacios comerciales donde el comprador se sintiera cómodo y prolongara su estancia en él, convencido de que, a mayor tiempo de permanencia en el centro comercial, mayores posibilidades había de que el cliente comprara algo.

Los psicólogos han estudiado este fenómeno que afecta a buena parte de las personas en sus visitas a un centro comercial, y que les lleva a comprar impulsivamente. Según estos las personas, después de un cierto tiempo en el centro comercial, entran en un estado mental de inactividad porque sus mentes están registrando demasiada información a la vez y, fatigados, dejan de razonar sobre sus necesidades.

Este efecto se ha buscado deliberadamente en el diseño y construcción de los cada vez mas abundantes centros comerciales. Los diseñadores utilizan una serie de factores para crear el efecto, casi todos con el objetivo de estimular nuestros sentidos: la iluminación, el sonido, el diseño espacial de las tiendas y exhibidores, la temperatura y humedad, los espejos y la ausencia de ventanas, etc., todo ello va dirigido a conseguir este efecto y, por lo tanto, a que se consuma más de lo previsto..

Uno de los diseños más fieles a este tipo de espacio es el de los centros de una conocida multinacional sueca. El tema ha sido bien estudiado por el profesor Alan Penn, de la UCL Bartlett School of Architecture. Según este autor estos centros llevan a los compradores por un camino sinuoso a través de cada departamento y cerca de cada producto y, «para desorientar aún más a los compradores, el camino oscila constantemente hacia la izquierda y hacia la derecha, y no hay ventanas a través de las cuales se pueda sentir la dirección o el tiempo». Añade que de esta manera no se necesita un mapa de la tienda, y esto es lo que la mayoría de los compradores agradecen. Se sienten cómodos al recorrer el camino que la tienda les ha marcado. Pasado un cierto tiempo los compradores están cansados y, víctimas del efecto Gruen,  tienen una «fatiga de decisión» que les lleva a realizar compras innecesarias. 

Después de conseguir un notable éxito como arquitecto en el diseño y construcción de este tipo de centros, al final de sus días Victor Gruen renegó del nivel de manipulación que era necesario para crear deliberadamente este estado mental. Pero ya estaba implantado.

3 comentarios:

  1. En cierto modo, no asusta demasiado esta canalización de las inclinaciones a la compra, parece lógico que se diseñen estrategias de venta que jueguen con nuestras debilidades, estas son "sus reglas del juego" que tácitamente admitimos. Lo malo es que los "gestores de las sociedades y pueblos" (vulgo, los políticos) da la sensación de que orientan un comportamiento similar, venden productos basados en la mentira que intuimos pero no denunciamos por lo que permanecen impunes la mayoría de las veces y así va sucediéndose de un grupo político al otro.
    Admitimos que los militares tengan una asignatura llamada "matar" aunque esta se disfrace con eufemismos y la del político "engañar" disfrazadas de expresiones como "marear la perdiz", "descalifica que algo queda", "promete que eso es gratis" y muchos etcéteras que pueden aplicarse en diferentes modos según el tema de que se trate. Evidentemente hay políticos honestos pero uno sospecha que no son mayoría, que duran poco y que no suelen alcanzar niveles de máxima decisión. Mientras tanto podemos beneficiarnos de políticas que se han gestado a base de utilizar la vara de medir de su repercusión en los votos.
    ¿Deben ser estas las coordenadas entre las que sobrevivir?
    ¿debemos tener la sensación de "tiempo perdido" los que durante una gran parte de nuestra vida hemos confiado casi ciegamente en "nuestros gestores", los que nos hemos entregado a la causa?
    Quizá ha llegado la hora de un poquitín de egoísmo (no fácil de mantener) y de ocuparse de uno mismo, de su familia y amigos no huyendo de los frívolo e intrascendente y entremos en esta gran superficie comercial de nuestra actualidad, sin pararnos en ninguno de sus expositores y vayamos a comprar a la tiendecita de la esquina de nuestra calle, la de un tal Benito

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  2. muy acertado, me considero victims del efecto Gruen

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  3. Lo desconocía, ahora me lo explico. Gracias

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