No es infrecuente oír, cuando algo no funciona bien en nuestro país, que España es «tercermundista», «un desastre», o epítetos aún peores. Esta baja estima de los españoles hacia su país ha sido verificada por diversos estudios, en los que la mayoría de los encuestados hacen afirmaciones que demuestran que le tienen poco afecto a España y, por consiguiente, que se valoran poco a si mismos, dado que los encuestados forman parte del país que critican.
Uno de los últimos estudios del que hemos tenido conocimiento es el realizado por el Reputation Institute —https://www.csrhub.com/datasource/reputation-institute/—. En él se compara la percepción que sobre España tienen los propios españoles, y la que tienen los ciudadanos de otros países europeos sobre España. Sin ánimo de ser exhaustivos solo reseñaremos que, según el barómetro de este organismo, casi dos tercios de los españoles —el 64%— definen al país como "corrupto" frente al 27% que le atribuyen los europeos; el 52% de los encuestados ven a España débil, mientras que en el resto de la Unión Europea esa cifra cae al 25%; el 62% de los entrevistados la consideran pobre, mientras que esta consideración solo se da en el 43% de los europeos. Y como dato especialmente curioso, el 41% de los españoles cree vivir en un país más ocioso que trabajador, mientras que en Europa solo lo piensa el 25%.
No quisiéramos cansar al lector, pero creemos relevante reseñar que, en 2021, en el ranking de KNOEMA España ocupaba el número 14 entre los países más reputados del mundo; en el mismo año, según el CSRHUB, España alcanzaba un 99% de confiabilidad en las Métricas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y Medio Ambiente, Social, Gobierno (ESG); que en el ranking de U.S. News Best Countries de 2022 España ocupa el numero 17, y que en la revista Forbes España figuraba en 2019 en el puesto número 12 entre los países mas reputados del mundo.
Al hilo de este tema, recientemente hemos tenido ocasión de conocer la existencia de un libro titulado «1785 motivos por los que hasta un noruego querría ser español» en el que se exponen las numerosas aportaciones que España ha hecho al conjunto de la civilización occidental. Como dicen sus editores —www.1785.es— el libro no es «una invitación a la autosatisfacción, sino una manera de poner en valor lo mucho que se ha hecho en España a lo largo de la Historia y que es un indicio de todo lo que podríamos llegar a hacer»
Sirva este artículo para, aprovechando estas fechas en que solemos hacer un repaso del año que finaliza, invitaros a reflexionar sobre nuestro país y su futuro. España tiene problemas, algunos muy serios. Pero no somos tan incapaces como pensamos, y es seguro que con el trabajo de cada uno de nosotros podrán resolverse y, en los próximos años, podremos seguir figurando en los puestos altos de los diversos rankings mundiales.
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Es dificil comparar la percepción interna con la externa. No es lo mismo tener la experiencia viviendo el el sitio que desde la distancia, donde suele solo llegar lo filtrado y en general lo que es atractivo o cliche. Lo que esta claro, es que España tiene muchísimas virtudes y en muchísimos aspectos esta a anos luz de otros países que presumen y saben venderse mejor internacionalmente. Lo que si coincido, es que el patriotismo y orgullo de lo español por desgracia siempre tendrá connotaciones negativas, algo que por ejemplo en mi país adoptivo es motivo de celebración y tradición. Un beso desde la pérfida Albion y nos vemos en unos días!
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo contigo. Ahora que estoy volviendo a ver la serie de Isabel, me doy cuenta que tengo que enseñarle historia a mis alumnos desde el optimismo y el orgullo que si no luego nos vamos a ser los mayores consumidores de ansiolíticos del mundo. Ya está bien.
ResponderEliminar¡Cuánta razón tienes!
ResponderEliminarEl tema viene de lejos. Se cuenta la anécdota, no sé si histórica o inventada, de que allá por los años finales del siglo XIX, cuando se redactaba en las Cortes el Código Civil, estaban los diputados discutiendo sobre quienes debían tener la condición de "españoles". El debate era acalorado y las opciones propuestas, múltiples. Hasta que un célebre político, no recuerdo su nombre, se dirigió a los reunidos en los siguientes términos: "Desengáñense sus señorías, españoles son los que no pueden ser otra cosa".
Sea o no cierta la anécdota, pocos años después vino el desastre del 98, que dio nombre a una brillante generación de literatos. Las eternas contradicciones de España.
Es verdad que tenemos muchos motivos para sentirnos orgullosos de nuestro país, de nuestra historia y de muchísimos compatriotas, del pasado y del presente, que hacen grande el nombre de España. Pero nos flagelamos a diario con nuestras miserias, que también las tenemos, y rara vez resaltamos lo positivo de nuestra historia y nuestro presente.
¡Qué le vamos a hacer!. Hoy predomina la voz de quienes se regodean chapoteando en el fango.