Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

jueves, 5 de julio de 2018

48. El valor de lo SIN


Cardo de cardar (Dipsacus fullonum)

No se si recordarán de que les escribo. Hasta hace pocos años la publicidad nos inundaba con mensajes en que lo predominante eran los añadidos a los diversos productos que se nos ofrecían.

Los productos en su estado natural —leche, zumos de frutas, pan, etc.—, las conservas, así como otros productos mas sofisticados como los cosméticos, parece que no tenían valor por si mismos —o su valor era menor—y para potenciarlos, para hacerlos mas necesarios, apetecibles o apetitosos había que añadirles diversas sustancias.

La lecha tenia que llevar sustancias ajenas a su composición —calcio añadido, omega tres, etc.—, los zumos debían tener azúcar y las conservas toda una compleja lista de sustancias químicas que hubo que organizar con letras y números —los conocidos E-000—. Y que decir de los productos de cosmética. Estos se llevaban la palma con la adición de sofisticados componentes cuyo significado y valor nos estaba vedado a la mayoría de los mortales: así aceites de plantas nunca oídas, sustancias químicas desconocidas, supuestos componentes celulares, o extractos de arboles y plantas exóticas eran necesarios para hacer más eficaz el producto.

Era el tiempo del CON. Y los diferentes añadidos se resaltaban en los envases, no con la intención de informar de su contenido —ya que algunos se ocultaban en la letra pequeña— sino para glosar las bondades del producto.

El tiempo —una o dos décadas han sido suficientes, ahora todo va muy deprisa— ha demostrado que muchos de dichos añadidos eran superfluos, a veces poco aconsejables y en ocasiones claramente tóxicos. Y había que cambiar para seguir vendiendo. 

Ahora ha llegado el tiempo de vender productos que carecen de los elementos que se anunciaban hace poco como beneficiosos. Ahora muchos de los productos envasados se anuncian de forma sistemática y visible con la coletilla de SIN: “sin conservantes ni colorantes”, hay leches que se ofrecen “puras” y los zumos se publicitan como “sin azucares añadidos”. Los productos cosméticos se ofertan “sin parabenes“ u otras sustancias previamente añadidas. Y ello sin contar con los productos específicos —plenamente justificados— para intolerancias definidas: leches sin lactosa, panes y pastas sin gluten, edulcorantes sin aspartamo, etc.

Es evidente que los tiempos han cambiado. Ahora toca un mundo SIN predominante, que coexiste con restos del CON. Pero en este mundo sin, como previamente con el mundo con, hemos de estar muy vigilantes para que no nos den gato por liebre. O nos intoxiquen directamente. 

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