Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

martes, 4 de octubre de 2016

15. El Plan Bolonia


 Margarita de la lluvia (Dimorphoteca pluvialis)

 

El denominado Plan Bolonia —Espacio Común Europeo de Educación Superior—surge tras la comparación realizada por las autoridades europeas entre el nivel alcanzado por las universidades anglonorteamericanas y las europeas.

En los diversos rankings que circulan sobre el nivel de calidad de las universidades en el mundo —cuya metodología puede ser discutible pero cuyos resultados son básicamente coincidentes— las universidades europeas, y especialmente las españolas, no salen muy bien paradas, ocupando lugares medios-bajos en las distintas clasificaciones.

Aunque esto no fue siempre así —hasta las Segunda Guerra Mundial las universidades referentes del mundo eran todas europeas—, a partir de los años cincuenta del pasado siglo este equilibrio se inclinó progresivamente hacia el lado inglés y norteamericano de la balanza.

Ante este problema se propuso hace ya más de 10 años un cambio en la formación universitaria europea. Se trataba de acercarla al modelo norteamericano, instituyendo una formación universitaria básica —el grado—, a semejanza de la que se obtiene en los college norteamericanos, de tres o cuatro años de duración, y potenciar los estudios de postgrado. Así los universitarios obtendrían una formación general que les capacitara para enfrentarse al mundo del trabajo —aprender a aprender—, mientras que los estudios de posgrado quedarían reservados a las profesiones clásicamente universitarias.

Pero el cambio en la duración de los estudios no es el único, ni siquiera el más importante, cambio propuesto. El plan modifica el sistema de créditos para las asignaturas y las carreras. La reforma establece una nueva definición del crédito. En lugar de medir las horas de clase, la nueva unidad de medida son las horas de trabajo del alumno, que incluye clases, prácticas, estudio personal, tutorías, exámenes, etc.

La propuesta pone el foco de la enseñanza en el aprendizaje por parte del alumno en lugar de en las horas de clase del profesor. Esto conlleva un profundo cambio en la actividad de los profesores, cuya labor fundamental pasa de dar las clases a evaluar el trabajo del alumno y las capacidades adquiridas por el mismo. Para ello, además de un cambio de mentalidad de buena parte del profesorado, hace falta dinero para dotar al profesorado y reducir el número de alumnos asignado a cada profesor.

Muchos nos tememos que, una vez más, nos vamos a quedar en las hojas —reducir la duración de la formación— y vamos a descuidar el rábano —enseñar a los alumnos a aprender, dar al alumno el protagonismo de su aprendizaje—. Ojalá no sea así.

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