Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

martes, 18 de octubre de 2016

16. Cualidad y cantidad

 


Lirio azul (Iris xiphium)

En su primera acepción, cualidad es el elemento o carácter distintivo de la naturaleza de alguien o algo. En el caso de las personas las cualidades son aquellas características que constituyen nuestro ser, las que nos definen y nos permiten diferenciarnos unos de otros.

Aunque habitualmente la palabra cualidad se vincula a aquellos aspectos que socialmente consideramos positivos, es evidente que las cualidades de una persona pueden ser valoradas como positivas o negativas, sin que por ello dejen de ser cualidades. A título de ejemplo, la generosidad es una cualidad de la persona que consideramos positiva, y la fealdad es una cualidad que solemos considerar negativa.

El número de cualidades que puede poseer una persona es casi infinito, tanto físicas —altura, color de la piel, de los ojos, etc.— como psíquicas —tranquilidad, sociabilidad, inteligencia, etc.—, aunque hoy quisiéramos centrarnos en algunas de las cualidades psíquicas —psicológicas si lo prefieren— más utilizadas para definirnos en las conversaciones habituales. En la mayoría de los casos valoramos las cualidades en sentido absoluto: así decimos que una persona es lista o tonta, generosa o tacaña, comunicativa o insociable, expresando así que son poseedoras, o no, de dicha cualidad. El tonto carecería de inteligencia y el tacaño carecería de generosidad.

Sin embargo, este es un planteamiento erróneo. Las cualidades no se tienen, o se carece de ellas, de forma absoluta. Hay gradaciones, y es la cantidad que poseemos de dichas cualidades lo que mejor nos define. Esto ya fue objeto de estudio hace años en el caso de la inteligencia. Se idearon los test de inteligencia para medir la cantidad de esta cualidad que tenían los individuos. Pero no sucede así con la inmensa mayoría de las cualidades.

La experiencia demuestra que todos podemos exhibir cualquier cualidad, dependiendo de las circunstancias concretas. Una persona amable puede ser grosera en algún momento de su vida, y no por ello deja de ser estimado como amable.

Parece pues que todos tenemos las mismas cualidades, pero lo que nos diferencia es la cantidad de esa cualidad que poseemos. Incluso aquellas cualidades que calificamos de negativas son exhibidas en algún grado por todas las personas. La cantidad de la cualidad es la que nos califica.

Quizás el problema esté en ponernos de acuerdo sobre la cantidad de una cualidad que es necesaria para definirnos de una forma u otra.


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