Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

martes, 19 de noviembre de 2024

130. La navaja de Ockham

 


Rododendro (Rhododendrum sinsii)


Ya hemos comentado en anteriores artículos como el mundo en que vivimos se caracteriza, entre otras cosas, por la sobreabundancia de información, información que, con demasiada frecuencia, es falsa. Y para explicar algunas de las informaciones recibidas, un amplio número de personas recurren a disquisiciones complejas, engorrosas, confusas y, por qué no decirlo, a veces falsas, que han dado lugar a una autentica corriente de pensamiento conocida como «conspiranoia».

Ya en el siglo XIV un pensador y filosofo inglés dijo que «en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable». Y esta expresión, también muy simple, mereció dos siglos después el calificativo de «navaja de Ockham».

Guillermo de Ockham fue un fraile franciscano que, tras formarse ampliamente en filosofía y teología, revolucionó la filosofía medieval. Basándose en la lógica como disciplina, Ockham afirmaba que las explicaciones de un hecho nunca deben multiplicar las causas sin necesidad. 

Ya en el siglo XVII, en los albores de la ciencia, los estudiosos utilizaron este principio como herramienta conceptual y acuñaron el término «navaja de Ockham» pata expresar como este filosofo había «afeitado» la complejidad de la filosofía —las barbas— de Platón, ya que aplicando su principio la ciencia empezó a utilizar una metodología que simplificaba el proceso de adquisición del conocimiento.

Esta regla ha permitido el posterior desarrollo de la ciencia. Postulados tales como que no hay que plantear la existencia de entidades innecesarias para explicar un fenómeno, o que siempre hay que intentar explicar lo desconocido en términos de lo conocido han permitido llegar a la ciencia tal como la entendemos hoy día.

Ockham no niega que a veces las explicaciones complejas sean las verdaderas, ni que siempre la explicación más simple sea la auténtica. Pero de las diversas opciones que se puedan plantear, comenzar por la más simple puede acortar el camino del conocimiento.

Ante tanto conspiranoico como anda suelto, quizás habría que recordarle la afirmación de Ockham «Pluralitas non est ponenda sine necessitate (La pluralidad no se debe postular sin necesidad)».

3 comentarios:

  1. Conocía la validez de la explicación de "lo más simple" pero no sus antiguos orígenes, ni la denominación, ni a su descubridor. Este Ockham debió ser un tipo interesante. Gracias por ilustrarnos.
    Sin embargo, me sigue quedando la duda de porqué la manía conspiranoica se da mucho más en las derechas y en los sectores más ignorantes de la sociedad, aunque esto último lo veo más explicable. Quizás nos ilustres con una segunda parte, explicándonoslo. Se me hace más contradictorio aún el que sean las derechas las más aficionadas a la conspiración cuando también son las más creyentes en explicaciones simples de la naturaleza, recurriendo a un único ser creador responsable de todo y hasta de lo contrario. Quizás su interés subterráneo en sacar tajada de todo, siempre presente en ellas, sea una de las razones: el cielo para ellas, el infierno para los enemigos, las aguas revueltas en las que se pesca bien, etc.

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    1. Releyendo mi comentario al cabo de unos días, yo mismo me contesto: las derechas son más creyentes en general, tanto endioses y vidas eternas como en teorías conspiranoicas. El creyente necesita alimentar su mente con cualquier creencia.

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