Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

domingo, 14 de enero de 2024

117. El oficio de sanar a lo largo de la Historia. 7

 


Camelia japonesa (Camelia japonica)


Ya hemos comentado que uno de los tratamientos más utilizados por los médicos fue la sangría. No sabemos de dónde arranca esta costumbre de tratar las enfermedades sacándole sangre a los enfermos. Algunos historiadores dicen que esta práctica está basada en la teoría humoral de Hipócrates, formulada cinco siglos antes de Cristo,  pero la verdad es que hay evidencia histórica de que ésta técnica se ha practicado desde hace más de cinco mil años.

La sangría, junto con los vomitivos y los laxantes, pretendía restablecer el desequilibrio humoral que se suponía había producido la enfermedad. Imaginen ustedes los efectos desastrosos que estas técnicas producían en los enfermos, la mayoría ya muy debilitados por la enfermedad.

La técnica más habitual para la sangría era hacer una incisión con una lanceta en una vena del brazo o del cuello y dejar fluir la sangre. Otra forma era hacer unas escarificaciones en la piel del enfermo, habitualmente en la espalda, y después aplicar ventosas que hacían extraían la sangre. El tercer método, el más singular de todos, era aplicar sanguijuelas en el torso, brazos y piernas.

Las sangrías se practicaban en todo tipo de enfermedades, con resultados más que lamentables. A título de ejemplo les referiré lo ocurrido con el primer presidente norteamericano, George Washington. Este hombre se levantó la mañana del 14 de diciembre de 1799 con dolor de garganta, ronquera y escalofríos. Se llamó a los médicos del presidente, que aconsejaron la práctica… ¿de qué? … de una sangría. Como no mejorara con esta primera actuación, las sangrías se repitieron hasta extraer un total de un litro de sangre. Para acelerar la curación le administraron también varias dosis de un laxante con mercurio. El resultado era de prever. Antes de que acabara el día el presidente entregó su alma al señor.

Imagino saben que las sanguijuelas son unos gusanitos rojizos que existen en las aguas dulces. Son depredadores y se alimentan de gusanos, renacuajos, etc. Para su uso medicinal se las dejaba unos días en ayunas y luego se las adosaba a la piel del enfermo. 

Dada la frecuente utilización de las sanguijuelas, en los siglos XVII y XVIII llegó a haber una importante industria de sanguijuelas, con criaderos, existiendo constancia de que se hicieron envíos desde España a Francia de este curioso tratamiento.

Fíjense si la sangría era famosa que una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, que se edita desde 1823, se llama The Lancet, La Lanceta, en honor al instrumento que se utilizaba para practicar las sangrías.

En el siglo XVIII, tras el descubrimiento de los imanes, se puso de moda la idea de que también los seres vivos tenían magnetismo y, por lo tanto, se podría influir en ellos mediante la aplicación de imanes. De ahí a utilizar imanes para el tratamiento de las enfermedades había un solo paso, …  y los médicos de entonces lo dieron.

Quizás el más conocido representante de esta moda fue el médico alemán Franz Antón Mesmer, que actuó en Paris sobre 1.770, logrando una consulta muy famosa que lo hizo rico. Celebraba sesiones en los salones de su lujosa casa en los que practicaba la hipnosis y aplicaba sus manos a la cabeza y el cuerpo de los pacientes para modificar su magnetismo. Las sesiones las realizaba en grupo, con un rito de sanación multisensorial, que incluía incienso, música de harpa, espejos y luces de colores.

Este médico tuvo un gran éxito, especialmente entre las mujeres de la alta sociedad parisina. La mesmerización duró hasta que el rey Luis XVI quiso beneficiarse de este tratamiento, y encargó a una comisión de sabios que valorara la eficacia del mismo. Los expertos concluyeron que las respuestas de las pacientes no eran debidas al magnetismo animal, sino a la imaginación alimentada por la esperanza, es decir a la sugestión. Tras este informe el salón-consulta del doctor Mesmer fue decayendo hasta su desaparición.


3 comentarios:

  1. Muy interesante amigo Eulogio, aunque tengo mis dudas sobre si The Lancet se llama así por la lanzeta de sangrías o por el bisturí de cirujano, también llamado lanceta, es decir un instrumento para cortar. Me inclino más bien por esto último dado su contenido inicialmente quirúrgico y la fecha de su fundación en un siglo XIX ya bastante avanzado y con las sangrías en claro declibe.
    Por otro lado, los inventos médicos inútiles siguen teniendo una amplia aceptación en nuestros días: veanse las aplicaciones de ozono o el mismísimo psicoanálisis (y por favor que no se me molesten mis queridos amigos psicoanalistas que se leen este blog; no hay un solo estudio que demuestre su eficacia.
    Respecto al magnetismo, este mismo año pasado fui tratado sin que se oyera mi opinión, con magnetoterapia por un amigo y compañero urólogo que la usaba en sus pacientes para rehabilitación urologicasexual

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  2. Muy interesante y curiosa la Hª de la Medicina, aunque en realidad haces muy bien en referirte en tu conferencia al "oficio de sanar", porque hablar de la Medicina como ciencia no procede sino sólo en los últimos dos siglos. Apenas un instante en la historia de la humanidad. O sea, que estamos empezando. Resulta asombroso pensar lo que se ha avanzado en unas decenas de años.
    Espero con impaciencia los próximos capítulos para ver los principales hitos de los últimos 200 (¿?) años.

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