Si hemos de ser sinceros, hasta hace unos 200 años los médicos tenían un escaso, por no decir nulo, conocimiento de la patología y, consecuentemente, sus tratamientos carecían de base. De hecho, con frecuencia, la actuación del médico era más dañina que beneficiosa, como iremos viendo a lo largo de mi exposición.
Tengan ustedes en cuenta que el conocimiento estuvo hasta hace muy poco totalmente condicionado por las creencias religiosas. Piensen en que hasta bien entrado el siglo XVIII estábamos convencidos de que el origen del mundo fue solo 4.000 años antes de Cristo, y en el trabajo que le costó a Darwin en pleno siglo XIX que se aceptara su libro “El origen de las especies”.
Por otro lado, los médicos siempre fueron reticentes a los cambios y, con frecuencia, criticaron los avances de alguno de sus colegas. Pensemos en la anestesia general que, aunque se utilizó por primera vez en 1795, no fue hasta 1850 cuando empezó a usarse en algunos de los grandes hospitales.
Sin embargo, mi intervención no pretende criticar a los médicos que nos han precedido. Simplemente aspiro a contarles algunas de las cosas curiosas que aconsejaban los médicos en el pasado, para informarles y, en la medida de lo posible, distraerles.
No sabemos cuándo empezó a haber médicos en nuestro planeta. Los seres humanos llevan en la tierra unos dos millones y medio de años y, sin duda, desde el principio de la existencia de los primitivos seres humanos, habría algunos de ellos que serían más hábiles que los demás arrancando espinas o entablillando huesos. A estos sanadores quizás los podríamos considerar como los primitivos médicos.
La Historia comienza con la escritura. Y la escritura se empieza a utilizar en Sumeria, en Mesopotamia, en el actual Iraq, hace poco más de seis mil años. Los habitantes de la zona empezaron a escribir en tablillas de barro fresco las cuentas de sus negocios y luego fueron ampliando lo que se escribía. Afortunadamente nos han llegado decenas de miles de esas tablillas.
La gran paciencia de algunos investigadores hizo que, hace 100 años, se supiera lo que ponía en las tablillas y se comprobó que más de ochocientas de ellas se referían a temas médicos. Estos son, pues, los primeros datos fidedignos de la actividad médica, y nos han permitido saber que para los sumerios la enfermedad era un castigo divino por un pecado cometido, por el enfermo o por alguno de sus familiares, lo cual complicaba la cosa, ya que a ver quién controlaba lo que hacían los parientes para no disgustar a los dioses.
Desde el principio de la historia y hasta el siglo XV, la salud tuvo un exclusivo componente mágico y religioso, mediante el cual las enfermedades serían provocadas por los dioses, como expresión de su disgusto por no habernos portado bien. Y dado que en el mundo había muchos dioses, había muchas posibilidades de molestar a alguno, por lo que nunca faltaban razones para enfermar.
En Sumeria los médicos eran a la vez sacerdotes. Como para ellos el hígado era el asiento del alma, la hepatoscopia, es decir el estudio del hígado de un cordero sacrificado para tal fin, permitía que el médico hiciera un diagnóstico y, sobre todo, un pronóstico de la enfermedad que afectaba al paciente. Dado el precio del cordero, imagino que los pacientes más pobres se quedarían sin diagnóstico y sin pronóstico.
Sin embargo, es destacable la figura de Hipócrates de Cos (S IV adC) que ya en sus "Aforismos" llega a descripciones de algunas enfermedades que podrían considerarse vigentes hoy día
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