Hibiscus (Hibiscus syriacus)
En el pasado se utilizaba mucho un refrán que dice “el buen paño en el arca se vende”. Este dicho nos indicaba que los productos de buena calidad se vendían solos, que no necesitaban ser expuestos, ni voceados a gritos ni anunciados. Incluso el uso del refrán iba acompañado de una cierta sensación de desconfianza hacia aquellas mercancías que se publicitaban y se pregonaban en exceso.
Todos sabemos que esta afirmación no es verdad desde hace muchos años. A partir de los años cincuenta del pasado siglo se puso de manifiesto que aquel que quería vender algo debía dar a conocer su producto. Esto desarrolló una nueva disciplina, el marketing, donde se estudiaba cómo mostrar los productos para conseguir que fueran atractivos para los potenciales clientes. Y para dar a conocer los productos nació la publicidad que se define como “tipo de comunicación audio y/o visual del marketing que emplea mensajes patrocinados e impersonales para promocionar o vender un producto, marca o servicio”.
Esta concepción impersonal ha sido ampliamente superada por el desarrollo de las neurociencias. El estudio de las diversas reacciones que producen en nuestro cerebro los mensajes de todo tipo que nos llegan al ver, oir, tocar o usar un producto o servicio, ha permitido adaptar los mensajes al individuo concreto, y con ello personalizar los mensajes en función de las distintas características del sujeto comprador.
Ahora las empresas conocen con una alta precisión qué es lo que motiva al potencial cliente. Y ello ha permitido comprobar que el 95% de las decisiones de compra se hacen basadas en emociones surgidas del subconsciente. Por ello se han diseñado un conjunto de técnicas de marketing que, apoyadas en estudios y pruebas científicas, analizan el comportamiento objetivo de los compradores y con ello elaboran estrategias más efectivas en las que se apela a los sentimientos y a ciertas conductas del subconsciente para aumentar las ventas. Es lo que se llama neuromarketing.
Los colores, los mensajes, la posición del producto en los anaqueles, los recorridos por los establecimientos, los cambios periódicos de posición, etc. son todas decisiones tomadas por los vendedores basadas en las emociones que todo ello suscita en el potencial cliente.
El sistema capitalista se basa en la soberanía del consumidor. Se supone que el ciudadano, tras conocer las características del producto, es libre de adquirirlo o no, es soberano.
¿Lo es en realidad?
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Genial. Te seguimos leyendo.
ResponderEliminarEfectivamente, el neuro marqueting,nos crea necesidades,que nosotros no teníamos .Pero cómo estamos inmersos en una sociedad muy consumista,esta firma de propaganda marcha
ResponderEliminarQuizás pensemos que somos libres de elegir lo que compramos pero realmente compramos lo que otros en sus despachos deciden lo que debemos elegir.
ResponderEliminarCreo que la pandemia, la crisis energética y los movimientos inflacionistas están poniendo en duda la viabilidad del actual modelo capitalista, una de cuyas bases fundamentales es el estímulo del consumismo. Quizás las administraciones sensatas deberían activar el uso del neuromarketing para estimular el uso racional de los recursos y el consumo responsable
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