Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

domingo, 19 de diciembre de 2021

86. Saber o no saber


 Oreja de cerdo (Cotyledon orbiculata)

Estamos viviendo una época en la que hay escaso respeto por el conocimiento ajeno y en el que se confunde conocimiento con opinión. Conocimiento es saber, estar instruido en algo, y opinión es juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien.

Estábamos convencidos de que, con la llegada de la democracia, el conocimiento se difundiría sin cortapisas y los ciudadanos podríamos acceder libremente a él. Se llegó a afirmar —y se sigue afirmando— que el conocimiento nos haría más libres. La generalización de las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TIC) nos convenció de que la época del saber había llegado y se impondría sobre la de la opinión.

Sin embargo, nos aguardaban sorpresas negativas en el camino de la verdad. En la década de los ochenta del pasado siglo, ya Isaac Asimov —prolífico autor de obras de ciencia ficción, historia y divulgación científica —avisó de un defecto que por entonces empezaba a verse con cierta frecuencia: en nombre de la libertad de expresión nos estaban convenciendo de que «mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento».

Con el paso de los años, dicha afirmación se ha extendido. Sorprendentemente, vemos a diario como científicos y profesionales de la medicina tienen que salir a desmentir las expresiones que algunos llamados «influencers», que difunden por las redes sociales sus opiniones —que no sus conocimientos— sobre temas tales como la pandemia o las vacunas, aportando como único mérito el tener cientos de miles de seguidores.

Ante esta situación, ¿qué podríamos hacer? Evidentemente, la prohibición de expresar esas opiniones no es una opción. Ya en un articulo anterior mencionábamos que, si bien todos los votos valen en democracia, todas las opiniones no tienen el mismo valor y no todas las opiniones son respetables. Pero que solo en muy determinados casos —defensa del racismo, de la xenofobia, del genocidio, de la pederastia, etc. —sería ilegal expresarlas.

Entonces ¿es sensato permitir que las mentiras conformen nuestras opiniones? En nombre de la libertad de expresión ¿debemos permanecer inermes cuando alguien difunda noticias falsas? Como ciudadanos libres que viven en democracia debemos expresar, ante todo aquel que quiera oírnos, nuestra repugnancia y rechazo ante aquellos que niegan la verdad científicamente demostrada, que ignoran el conocimiento y nos quieren inculcar sus opiniones ajenas al conocimiento sólidamente basado.

No es mucho. Pero permanecer impasibles es aún menos.

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