Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

domingo, 6 de junio de 2021

81. ¿Pagar menos impuestos?

 


Carmona (Santander)


En las sociedades occidentales se ha impuesto una asociación de ideas que no es novedosa. Los partidos denominados de la derecha propugnan reducir los impuestos y los de la llamada izquierda propugnan mantenerlos o aumentarlos. Esta asociación se ha mantenido durante años, y ciertamente, la mayoría de los partidos eran consecuentes —aunque no siempre— con estas propuestas cuando alcanzaban el poder.

Casi nunca se explicaban con claridad las consecuencias de estos aumentos o disminuciones de impuestos, pero es evidente que la mayoría de los ciudadanos se sentían —se sienten— más identificados con su reducción que con su aumento. Por ello las propuestas de rebaja han gozado siempre de un gran predicamento.

Pero ha llegado la pandemia y, para sostener la economía, los estados de todo el mundo se han visto obligados a gastar ingentes cantidades de dinero si no querían quedarse sin empresas y casi sin ciudadanos. La catástrofe sanitaria ha hecho más pobres a los ya pobres y, sorprendentemente, mas ricos a los ya muy ricos. Según Oxfam Intermón, el 86% de los milmillonarios del planeta son hoy más ricos que hace un año y las 23 principales fortunas de España vieron aumentar en 2020 el valor de su riqueza en un 33%.

El enorme gasto de los estados ha condicionado un no menos enorme déficit y, ante esta situación, estamos asistiendo a un hecho que está trastocando totalmente los planteamientos tradicionales que se mencionaban al principio de este articulo. Los miembros del G7 —los países más ricos—, junto con la ONU y el FMI, han propuesto algo insólito en la historia reciente: que las personas más ricas paguen más y que el impuesto de sociedades se eleve en todos los países desarrollados. 

Hasta el presidente norteamericano —miembro del G7—, en contra de la opinión de su predecesor, ha propuesto un incremento del impuesto de sociedades hasta el 21-28% en todos los países del mundo, que finalmente ha quedado en un 15% en la propuesta del G7. Asimismo, el propio Biden ha propuesto, y el G7 ha hecho suya la iniciativa, que las grandes empresas tecnológicas paguen sus impuestos en aquellos países donde generen sus ganancias. 

De prosperar estas iniciativas —cosa que no es fácil— sería cada vez mas difícil la existencia de esos lugares que, al cobrar menos impuestos, hacen una competencia de dudosa lealtad a los demás países de su entorno, los llamados paraísos fiscales —véase el caso de Irlanda u Holanda en Europa—.

No han faltado voces que se han elevado acusando de comunistas a los proponentes de estos cambios. Pero es obvio que ni USA ni los países del G7 o el G20 son países comunistas. Pareciera que por primera vez son conscientes de que, para salvar a sus respectivos países, hay que disponer de más dinero, y este solo puede provenir de los impuestos.

Estos novedosos planteamientos quizás deberían hacernos reflexionar sobre el valor de los impuestos y su significado en el siglo XXI.

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