Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

59. Relato


 Citronella (Pelargonium graveolens)

En los últimos meses estamos asistiendo al uso frecuente del término relato por parte de los comentaristas políticos. Han sucedido —están sucediendo— numerosos acontecimientos en la vida política del país que se acumulan y hacen difícil conservar la memoria de todos y, mucho menos, hacer un análisis de estos.

Se nos dice que, conscientes de esta realidad, parece que los protagonistas de los distintos partidos se dedican a estructurar un relato ordenado de lo sucedido para que los ciudadanos sepamos lo que ha ocurrido y de quien es la responsabilidad. Según este esquema, se trataría de conseguir el voto para aquel/aquellos que consigan tener un mejor relato de los hechos.

El relato es una narración estructurada en la que se representan sucesos mediante el lenguaje. Esto nos permite conocer los hechos que se narran. El relato se crea y transmite mediante el lenguaje oral y escrito, y para que podamos considerarlo como tal se necesitan tres partes: quien relata, qué relata y quien recibe la información.

En el caso que nos ocupa es evidente que el que relata es el político, que se refiere a aspectos de interés para su candidatura. La clave del tema es lo que se relata: el relato no implica necesariamente que los hechos narrados sean expresión de la realidad. De hecho, la mayor parte de los relatos suelen ser ficcionales —relativos a la ficción—, haciendo referencia a hechos irreales total o parcialmente.

Tradicionalmente en la dialéctica política se hablaba de propuestas concretas a realizar por parte del político o partido en cuestión —lo que se denomina programa político—, para que el ciudadano —receptor de la información— eligiera entre las distintas opciones. Parece que ahora, sin eludir estos contenidos, se hace hincapié sobre todo en la construcción de la narración —el relato— de los hechos que supuestamente han ocurrido. Y en dicha elaboración es evidente que es difícil sustraerse a la tentación de realzar los aspectos de interés para el/los candidatos y eludir aquellos más negativos o desagradables. O sea, sustituir total o parcialmente la realidad por ficciones agradables al oído del ciudadano.

Raros tiempos estos en los que la ficción —con frecuencia interesante— no complementa a la realidad, sino que la sustituye.


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