Presentación


Durante siglos, la frontera móvil que existió entre cristianos y musulmanes en la península ibérica, hasta la salida de estos últimos en 1492, estuvo poblada de personajes singulares, conformados en función del hecho fronterizo. Uno de estos personajes fue el Alfaqueque. Su existencia se remonta al siglo XIII, y su perfil inicial figura referido ya en los textos de Alfonso X como hombres de honor, conocedores de la lengua arábiga, cuya misión básica era rescatar a los cristianos esclavos de los musulmanes. Entre sus cualidades se exigían ser verídicos, desinteresados, instruidos y expertos con la lengua árabe, humanos y benévolos, valientes, así como tener algún patrimonio que garantizara su independencia y honradez. Este empleo era electivo en junta de doce hombres buenos. Los Alfaqueques, respetados por cristianos y musulmanes, tenían paso libre a un lado y otro de la frontera dado que su labor permitía mantener un mínimo de comunicación entre los dos bandos, incluso en las circunstancias más difíciles. Estos trujamanes solucionaban numerosos problemas que surgían en la peculiar convivencia que provocaba una frontera que, en la mayoría de los casos, no tenía respaldo físico. Fueron los representantes, en un sitio y época determinada, de una figura necesaria e imperecedera: el negociador discreto que permite el encuentro entre posiciones aparentemente irreconciliables. En los tiempos que corren la presencia de los Alfaqueques se hace especialmente necesaria.

martes, 22 de mayo de 2018

45. Autorregulación

Viborera de Canarias (Echium plantagineum)


Recién recuperada la democracia, en el ultimo tercio del siglo pasado, surgieron en España importantes debates, siendo uno de los mas interesantes el de los limites de la libertad. Se debatió en profundidad sobre las libertades, siendo motivo de especial controversia el papel del Estado y la propia ciudadanía en la regulación de dichas libertades.

De forma resumida se planteaban dos posiciones básicas: unos eran partidarios de la regulación de la mayor parte de los aspectos por parte del Estado y otros preferían reducir el papel del Estado a la mínima expresión, y solo para los grandes temas —libertad de expresión, sindical, etc.— y dejar los temas “menores” a la responsabilidad de los ciudadanos, confiando en que ellos serían capaces de encontrar el punto adecuado.

El gran contaminante —el dinero— pronto se mostró con su verdadero rostro y surgieron acciones que eran consideradas abusivas por la mayoría de la ciudadanía, especialmente en temas como los limites de la libertad de las empresas en general y de las de prensa y publicidad en particular. Por ello, y ante la alternativa de que el Estado regulara en demasía, surgieron propuestas de acuerdo por los que estas empresas entendían que se habían propasado en ocasiones y proponían a la sociedad crear sus normas de regulación, la autorregulación, por la que las propias empresas se pondrían limites en sus actuaciones para que no fuera necesaria la intervención del Estado.

Más modernamente este concepto, autorregulación, ha pasado a denominarse Responsabilidad Social de la Empresa. Con esta política las empresas expresan su compromiso para limitarse en aquello que pudiera ser ajeno a la ética empresarial o, eventualmente, perjudicial para los ciudadanos.

La realidad de estos últimos años ha mostrado que esta autorregulación falla con frecuencia. La presión del dinero hace que no se respeten los acuerdos alcanzados y que palabras como autorregulación o Responsabilidad Social de la Empresa queden con frecuencia en papel mojado, ejerciendo un efecto negativo sobre aquellas entidades que sí se responsabilizan y funcionan con una adecuada ética empresarial.

Parece pues que sigue siendo válido aquel antiguo refrán que dice: “el que a si mismo se capa, buenos coj… se deja”. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario